Pedro Gutiérrez Varela
pedroalbertogtz@yahoo.com.mx
Viernes 20 de Enero de 2011
La izquierda de nuestro país puede convertirse en el fiel de la balanza en lo que hace a las elecciones presidenciales de 2012; a nadie escapa que la elección será muy reñida, complicada, en la misma tesitura que la del 2006 o quizá peor. Por ende, el papel que jueguen las expresiones ideológicas de izquierda será fundamental para el resultado de la elección.
La izquierda en México está representada por el PRD, aunque en los últimos años los partidos emergentes de esa misma geometría política han avanzado casilleros, auspiciados desde el poder. Así, para nadie es un secreto que el PT fue una creación salinista y que hoy en día, un salinista, sigue siendo el dueño del partido. Y por el otro lado Convergencia ha visto repuntar sus números justo en aquellos estados de la república donde de facto se ha aliado con el PRI-gobierno, salvo el honroso caso de Puebla donde se vio ciertamente obligado a sumarse a una coalición electoral para ganarle al PRI y a la que se negaban sus dirigencias a participar en un principio. Estos dos partidos emergentes de la izquierda mexicana son hoy controlados por Andrés Manuel López Obrador, personaje que nunca se ha podido quitar la careta del PRI y que hoy, desde su posición de pseudo oposición a favor de los más pobres, le hace el trabajo sucio al PRI para que retenga o recupere el poder, según sea el caso.
El PRD ha tenido intentos modernizadores desde su fundación en 1989, en las postrimerías de la elección que perdió Cuauhtémoc Cárdenas; el propio Cárdenas ha venido evolucionando en su discurso y sin duda es un referente moral de la izquierda contemporánea en México. Sin embargo, las incrustaciones de algunos ex priístas en el seno de la izquierda perredista, aunada a la legión de la izquierda pura —exmiembros del PPS, PRT, PSUM, etcétera— han estancado al perredismo en un paraje discursivo bastante lamentable. De aquí subyace justamente López Obrador, quien desde que fungió como presidente nacional del PRD se percató de que la institución era un verdadero caldo de cultivo para sus ambiciones. Se adueño primero del DF no obstante haber sido un candidato sin los requisitos legales para competir por la nominación; luego, aprovechó la jefatura de gobierno para articular una muy generosa estructura que desde entonces aceitó con recursos públicos –a nadie se le debe olvidar la penosa imagen de Bejarano guardándose los billetes que le encargó su jefe López Obrador recoger de cierto empresario-, misma que mantiene intacta hasta estos días y que a la luz de cualquier ejercicio de transparencia se trata de una estructura de recursos de dudosa procedencia.
En este orden de ideas, una vez más el PRD se debate entre el pasado y la modernidad; para no perder de vista el hecho concreto de que el PRD se puede convertir en el fiel de la balanza de la elección de 2012, digamos que el pasado lo representan evidentemente las prácticas autoritarias de López Obrador. Y el futuro lo es, me parece, el actual Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard. Con aquél, es decir con el tabasqueño, están los de siempre: Bejarano, Padierna, Batres, Quintero y compañía. Con éste, se suman los liderazgos más modernos de la izquierda.
Ahora que López Obrador es el candidato del PRD y otras expresiones de izquierda a la presidencia de la república, los panistas y priístas pueden estar tranquilos respecto al enemigo a vencer. No se deben distraer –panistas y priístas- en el disfraz que se autoimpuso López obrador de ser una dulce oveja amorosa, siendo un auténtico lobo. En el tabasqueño se aplica el dicho que reza crea fama y échate a dormir. En efecto, la izquierda más rancia, obsoleta y autoritaria está en la figura del oriundo de Macuspana, esa que mal gobernó el país en la década de los setenta con Echeverría a la cabeza, la que estatizó todo lo posible y derrochó el dinero público de manera triste y desordenada. Es la izquierda que ya conocemos: la que ocupa calles como método de presión política porque no sabe, no puede o no quiere debatir en los foros institucionales que exige la democracia.