Poder y Política

Iván Galindo

eivanx@hotmail.com

Jueves 26 de Enero de 2012


La impotencia de un columnista










Desde el pasado martes, una noticia acaparó los titulares de los principales medios de comunicación en Puebla: la orden de aprehensión en contra de Javier García Ramírez, exsecretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del gobierno marinista.


La noticia se sumó a las publicaciones de la semana pasada, dando cuenta de la detención de Alfredo Arango (exsecretario de Salud) y la orden de aprehensión de Rodrigo Lazcano (exfuncionario del ISSSTEP), quien se encuentra actualmente prófugo de la justicia.


Lo anterior forma parte de un proceso de revisión a cargo de la nueva administración estatal, respecto del manejo y desempeño de las dependencias en el pasado sexenio. “Llamados a cuentas” —dirían algunos— “cacería de brujas” —dirían otros—.


A nadie debe de extrañar estas investigaciones exhaustivas que se están llevando a cabo en contra de ciertos funcionarios del gabinete pasado. El Estado está viviendo tiempos inéditos. Es lógico pensar que, al perder el PRI la gubernatura, el nuevo gobierno, emanado de un partido(s) distinto(s) revisaría con lupa los expedientes de la administración anterior —eso sucede en todas partes del mundo, y es incluso sano que así suceda— más aún si consideramos que fue una de las banderas principales del actual gobernador durante su campaña. Además, el comportamiento de los hoy investigados no se caracterizó por ser discreto ni austero, por el contrario, su desempeño como funcionarios reflejó lo que fue el sello característico del gobierno al cual pertenecieron: un gobierno frívolo, lleno de escándalos y derroches. Luego entonces, los procesos y la detención de Arango, eran algo de esperarse (eran outs cantados).


Sin embargo, la nota de García Ramírez tenía algo especial, era algo que la gente no sólo esperaba, sino que pedía, un reclamo popular. En el imaginario colectivo, los acuerdos cupulares forman parte fundamental de la vida política del país, motivo por el cual, era impensable una investigación (o proceso) en contra del ex mandatario Mario Marín, aún a pesar de ser uno de los personajes públicos más desprestigiados del país. En el caso de Marín, me atrevo a decir, que había (hay) una especie de resignación colectiva ante un posible juicio en su contra. No así en el caso de García Ramírez, el principal responsable de grandes saqueos, disfrazados de “Mega Obras” que sufrió el Estado durante la gestión marinista.


Casos como los de “La Célula”, el Centro Expositor, el Arco Oriente del Periférico, el Hospital Norte, y por supuesto, la escandalosa e infladísima pavimentación de la Vía Atlixcáyotl, son solo algunos ejemplos de los negocios hechos por García Ramírez a costa del erario poblano.


Arturo Rueda decía en su columna de ayer que, “la corrupción en materia de obra pública en el sexenio marinista, personificada en Javier García Ramírez, mostró lo mejor y lo peor de periodismo de CAMBIO…”.


Rueda se refiere a que, por un lado, el periódico CAMBIO cumplió con su deber periodístico de denunciar los excesos del encargado de la Obra Pública del sexenio, realizando para ello, innumerables investigaciones profesionales. Pero por otro lado, la impotencia ante tanto cinismo e impunidad por parte de García Ramírez, llevó a este medio a dejar de lado lo profesional y caer en el plano personal, ridiculizando al funcionario corrupto a través de caricaturas y algunos sobrenombres como “Rata Ramírez”.


¿Reprochable? Quizá. Algunos pensarán que esto le resta seriedad a un medio. Puede ser, la sátira resta seriedad, pero no objetividad.


El columnista es, ante todo, un ser humano, y como tal tiene pasiones, emociones, frustraciones, y deseos. ¿Qué habrán opinado los poblanos cuando escucharon las grabaciones del “góber precioso”? Lo mismo sentimos y opinamos los que tenemos un teclado enfrente, la única diferencia es que nosotros tenemos que escribir sin groserías (por respeto al lector).


Los excesos del gobierno anterior fueron evidentes. No fue un funcionario, ni tampoco fue un acto en particular; fue un modo de actuar y de vivir en medio de la opulencia y la soberbia, que difícilmente se borrará de la mente de los poblanos.


No sé usted, pero al menos yo, sí siento mucha indignación…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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