Mario Riestra Piña
pueblaenperspectiva@gmail.com
Jueves 13 de Mayo de 2010
Durante los últimos días, el candidato a la gubernatura del PRI, Javier López Zavala, declaró que participará solamente en el debate organizado por la autoridad electoral ya que la insistencia por debatir es la estrategia de aquellos candidatos que buscan desesperadamente el voto. No podría estar en mayor desacuerdo.
El debate es, en primer lugar, un compromiso democrático. A fin de elegir a los mejores gobernantes, se debe informar a la ciudadanía respecto a las trayectorias, propuestas y liderazgo de los respectivos candidatos. Las campañas se nutren de toda la información disponible y el contraste entre las opciones que compiten resulta fundamental para el electorado. En tal contexto, el debate entre los aspirantes a cualquier cargo de elección popular funge como un importante atajo informativo indispensable para el voto razonado del electorado.
Durante el periodo electoral los partidos buscan ser favorecidos con el voto ciudadano, por lo que los candidatos tienen incentivos para construirse una imagen pública que en algunos casos dista de la realidad. De tal suerte que el principal beneficiado de los debates políticos resulta ser la ciudadanía, ya que este tipo de actos desnudan las reales capacidades de los candidatos. El debate sirve como una oportunidad inmejorable que evidencia el liderazgo y capacidad de los interesados y favorece el contraste entre los mismos. El segundo gran beneficiado de los debates es el candidato con mejores dotes de orador, conocimiento y experiencia, sin importar el lugar que ocupe en las encuestas. De ahí que aquel candidato que se sienta en inferioridad de circunstancias recurra a todo tipo de estrategia para evitar su participación.
El peligro de no realizar los debates necesarios para conocer la capacidad de los candidatos, expone vulnera nuestra democracia ante estrategias mercadotécnicas, reduciendo la contienda electoral a un enfrentamiento fotográfico.
De tal suerte que los debates resultan no sólo deseables sino indispensables para la consolidación de un sistema democrático como el poblano. En el contexto local en el que se desarrollan las campañas actualmente, el control gubernamental ejercido sobre los medios de comunicación dificultan el flujo objetivo de la información, por lo que las oportunidades para comparar a los aspirantes a cualquier cargo de elección popular se aprecian aún más.
Tomando en cuenta lo anterior, resulta indispensable preguntarnos qué tipo de debate resultaría más favorable para el contraste de ideas. Antes que nada, quisiera combatir una idea que pareciera haberse arraigado en el imaginario popular. La organización de los debates no es facultad exclusiva del Instituto Electoral del Estado de Puebla (IEE). En otros países, por ejemplo, los debates políticos son una práctica recurrente que se desarrolla en universidades y organismos empresariales. Lo anterior conlleva diversas ventajas. En primer lugar, se abre la puerta a abundantes debates que también pueden ser temáticos. En los Estados Unidos, por ejemplo, es ya una tradición que se desarrollen diversos debates especializados. En las elecciones presidenciales de ese país, generalmente se lleva a cabo un debate sobre política exterior y otro sobre política interior, mismos que tienen lugar en diferentes regiones del país.
Asimismo, la participación de la sociedad civil en la organización y desarrollo de los debates es también positiva. Además de propiciar una mayor votación, la participación de un público por medio de preguntas a los candidatos pone también a prueba sus habilidades, además de forzarlos a tocar los temas de mayor interés para la ciudadanía. De igual importancia resultaría también la participación de una audiencia especializada a fin de evaluar muy de cerca cada propuesta y sus respectivos mecanismos de implementación.
Resultaría lamentable que el electorado poblano tuviera la oportunidad de atestiguar la realización de un único debate entre los aspirantes al Gobierno del Estado. Más aún si el debate propuesto por el IEE resulta de por sí acartonado. Los debates organizados por la autoridad electoral imposibilitan la argumentación y contraste, convirtiendo el evento en la suma de diversos monólogos. Hago votos para que exista la voluntad política necesaria por parte de Javier López Zavala, a fin de que se lleven a cabo al menos tres encuentros. Reitero que los principales beneficiados serían los ciudadanos.
En el caso de los candidatos a las alcaldías y diputaciones, el debate debiera ser igualmente un deber. Si bien el debate entre los candidatos a estos cargos no es una obligación jurídica, se trata de un compromiso democrático que los políticos no debieran eludir. Como Candidato a Diputado Local por el Distrito VI de la Coalición Compromiso por Puebla, he invitado, de forma pública, en diversas ocasiones a mi oponente a debatir. La respuesta ha sido la misma en todos los casos; el silencio, por lo que reitero nuevamente la invitación a debatir a Mónica Barrientos, en espera de que anteponga el interés de Puebla por encima de su estrategia electoral. De conformidad con la invitación lanzada por el periódico Cambio el día de ayer, la invito a participar en un debate el próximo lunes 17 de mayo a las 12 hrs., en las instalaciones de este reconocido medio de comunicación.