Arturo Rueda
artrueda@yahoo.com
Miercoles 11 de Julio de 2012
Juan Carlos Mondragón arrastra sus cuitas por todo Puebla y empieza a despedirse de la ciudad en la que se formó. Si alcanzó la victoria el 4 de julio de 2010, ahora se ganó el ostracismo con la derrota del 1 de julio de 2012. En apenas dos años, pasó de la euforia a la depresión. El próximo mes de octubre abandonará la dirigencia estatal del PAN, y sin posibilidades de ingresar al gobierno federal, ahora que su partido fue expulsado de Los Pinos, tristes años esperan a quien una vez fue joven promesa de la política local. Incluso sus más leales empiezan a abandonarlo y presentan sus renuncias al Comité Directivo estatal con el pretexto de cumplir con los estatutos albiazules que obligan a los aspirantes a puestos de elección popular a retirarse de los órganos directivos del partido un año antes de los comicios. Mondragón se queda más solo que una higuera en un campo de golf. ¿Qué hizo mal el dirigente panista?
El exilio le espera a Mondragón: España o Alemania a donde irá con el pretexto de estudiar un doctorado. Sabe que después de la derrota del 1 de julio, y dada su pésima relación con el gobernador Moreno Valle, no tiene espacios para dónde moverse. Los más radicales del Yunque le dan ánimos junto a Eduardo Rivera Pérez y quieren convencerlo que todavía tiene fichas para negociar en dos momentos. Uno, en la elección del nuevo dirigente al seno del Consejo Estatal. Y dos, en la contienda interna en la capital para definir al candidato a la alcaldía y en donde ya hicieron morder el polvo a los morenovallistas. Pero Mondragón sabe que son ilusiones vanas.
El Yunque sabe que pese al equilibrio inicial en la elección del Consejo Estatal, a estas alturas, con Josefina Vázquez Mota derrotada, el exilio de Mondragón y las pesadillas de Lalo Rivera por sus cuentas públicas, por lo menos el 75 por ciento de los miembros del máximo órgano de decisión se han declarado morenovallistas. En otras palabras, cualquier candidato que nomine el Yunque va a perder. Pero Moreno Valle ya les perdonó la vida. En lugar de una elección interna que desgaste más al PAN, aceptó a un personaje bisagra que concilie entre ambos bandos: Pablo Rodríguez Regordosa, quien ya sólo espera concluir el asunto Audi para hacer sus maletas y abandonar la Secotrade.
Los panistas más ilusos esperan cobrar agravios con el morenovallismo en la contienda interna para definir al candidato a la alcaldía. Ahí, juran, aplastarán a cualquiera de los 4 fantásticos que se postule. Se van a quedar con las ganas porque no habrá elección interna. Las candidaturas del 2013 se van a definir en el Consejo Nacional panista tal y como ocurrió con los abanderados a las diputaciones federales, el Senado y las plurinominales. Los acuerdos predominaron para que la sangre no llegara al río. Ocho distritos para unos, ocho para los otros. Lozano para el morenovallismo y Tití para el Yunque. Micalco para los faldones y Eukid como operador del mandatario.
Lo mismo ocurrirá en 2013: las candidaturas se definirán en el ámbito del Comité Nacional y no en desgastantes contiendas internas. Ésa será la propuesta de Moreno Valle. Y a quién le harán más caso: ¿a uno de los cinco gobernadores que le quedan al albiazul o al maltrecho Yunque? Para esas alturas Mondragón ya estará viviendo en el extranjero. Y Eduardo Rivera ya tendrá liberados los primeros pliegos de cargos por parte del OFS. ¿Alguien imagina otro escenario?
La guerra civil en el PAN poblano se terminó y Moreno Valle ganó la batalla. Fue cuestión de tiempo. La caducidad política alcanzó a Eduardo Rivera, ya en la recta final de su fracasado gobierno y con los 4 fantásticos a punto de desplazarlo. Y en la misma lógica se mueven los priistas, como los Enriques Doger y Agüera. Lalo quisiera entregar ya, pero antes tendrá que rendir cuentas ante David Villanueva y el OFS. Sus esperanzas eran que Josefina Vázquez Mota negociara por él, pero ella llegó al bote de la basura de la historia.
La hora límite les llegó a Juan Carlos Mondragón y a Lalo Rivera porque se les acabaron los espacios políticos. El peor caso es el dirigente estatal que de luz pasó a sombra a costa de su intolerancia. Sin duda su caso será analizado en el Consejo Nacional por su necedad a que el PAN poblano se convirtiera en el partido del gobernador como ocurre en todas las democracias del mundo. Nadie sabes cuáles son sus agravios ni los motivos de su odio, pero a lo largo del proceso federal 2012 por lo menos en tres ocasiones rechazó sentarse a la mesa de Moreno Valle para agilizar la operación a favor de los candidatos albiazules.
Moreno Valle, sin embargo, es generoso en la victoria que el tiempo le dio: sacó adelante a los cuatro candidatos a diputados federales que le interesaban, así como a Lozano, y hundió a Enrique Guevara. Y pese a los agravios, tranquilizó a sus huestes para evitar que pidieran en público la renuncia de Mondragón por su caótica dirigencia. Sabe que en octubre es el plazo fatal para entregarle el partido. Y que después pagará sus errores en el exilio.