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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
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¿Quién es Ardelio Vargas Fosado?

Corría el sexenio de Mariano Piña Olaya.
Ardelio Vargas Fosado venía de ser presidente municipal de Xicotepec de Juárez, posición a la que llegó, en parte, con el apoyo de la familia Esquitín.
Don José Esquitín Laborador principalmente.
Fiel a su estilo —duro, ortodoxo, serio—, Ardelio se comprometió a llevar a la presidencia municipal a Cándido Pérez Verduzco, un ex guerrillero de Sonora que se desempeñaba como secretario del ayuntamiento y que no gozaba del todo de la simpatía de los Esquitín.
Viejo cacique de la región, don José Esquitín quería seguir controlando todo como lo había hecho desde siempre, pero no contaba con la disidencia de Ardelio ni con que éste tenía planes para generar una nueva correlación de fuerzas políticas.
Una vez que Ardelio logró meter a Cándido a la Presidencia, don José empezó a distanciarse de estos personajes y buscó la ayuda del gobernador Mariano Piña Olaya.
Una y otra vez se quejaba de Ardelio  y de Cándido ante el huésped de Casa Puebla: “Ardelio quiere convertirse en cacique y Cándido es un populista de izquierda”.
Las cosas tocaron fondo cuando Cándido empezó a crear, muy en el estilo cubano, células de trabajo en las juntas auxiliares y en los barrios y colonias.
Eso alarmó a don Pepe y entonces sobrevino una dura guerra entre Casa Puebla y Ardelio y Cándido.
La embestida tuvo su punto culminante cuando de la nada le sembraron un cadáver a Ardelio Vargas.
La persecución dio inicio.
El procurador Humberto Fernández de Lara le echó el aparato encima.
Ardelio tuvo que huir.
Y más: se volvió un prófugo en su propia tierra.
Fue en esos días cuando tejió una alianza que lo ayudaría con el tiempo.
Y es que Alberto Amador Leal, a la sazón diputado federal, cobijó a Ardelio cuando a la mitad de la administración de Carlos Salinas de Gortari fue designado por Fernando del Villar secretario general del CISEN.
Para entonces, y con la ayuda, entre otros, de Enoé González Cabrera, el ex presidente municipal había logrado salir del conflicto judicial.
Eso sí: como parte de los acuerdos tuvo que optar por el exilio.
Ya en el CISEN, y con el surgimiento de la guerrilla en Chiapas, Ardelio fue nombrado delegado en ese estado de la república.
Y ahí se estuvo algunos años, hasta que fue integrado, ya por Eduardo Medina Mora, al área de investigaciones.
Los ascensos empezaron a darse.
El trabajo disciplinado dio sus frutos.
Tanto así que Ardelio Vargas Fosado —por disposición del presidente Felipe Calderón está a cargo ya de toda la policía federal, lo que incluye a la PFP y a la AFI.
En pocas palabras, tendrá a su cargo a unos 38 mil policías de todo el país.
¿Quién lo iba a decir?
¿Qué pensaría don José Esquitín Laborador si aún viviera?
¿Qué opinará Mariano Piña Olaya?
Lo que llama la atención es que Ardelio, con todo y sus cargos nacionales, sigue siendo afecto a Xicotepec de Juárez, a donde llega de pronto para visitar a familiares y amigos.
Y es que todo lo une a esa región: desde el aroma del café hasta las raíces más profundas.
Su esposa y sus hijos, vaya, nacieron en Xicotepec.
Y eso a él es algo que le cala hondo.
Quizás por eso quiso volver a ser presidente de Xicotepec en el 2004.
Lo recuerdo bien.
Melquiades Morales era el gobernador y Mario Marín ya era el candidato del PRI a Casa Puebla.
En una de sus últimas giras por la región, el gobernador invitó a Ardelio para que lo acompañara a la inauguración de algunas escuelas.
Y ahí llegó, dueño de las miradas de todos, este personaje nacional.
Y saludó a todo mundo.
Y compartió con todos las bromas de ocasión y los aletazos de caguamo.
Entonces, el que esto escribe le preguntó a bocajarro:
—Aquí dicen que quieres ser de nuevo presidente municipal.
La respuesta no tuvo pierde:
—La verdad es que sí me gustaría.
—Pero tu posición en el CISEN es de privilegio… —acoté.
—Pero el pueblo es el pueblo y yo siempre he querido regresar.
—¿Ya hablaste con Marín?
—Estoy en eso.
Un abrazo selló la despedida.
Los días de los destapes llegaron y Carlos Barragán fue designado candidato del PRI a la Presidencia Municipal de Xicotepec.
Pensé en Ardelio y con alguien comenté que el PRI no entendía las lecciones del tiempo y que era una lástima que él no hubiese sido el candidato.
Hoy, desde la más alta esfera policiaca del país —responsable de la corporación más grande en la historia de México—, Ardelio seguramente debe sonreír cuando recuerde estos pasajes.
No podía ser de otra manera.
El tiempo pone a cada quien en su lugar.
Eso sí: no faltarán los emisarios del gobernador que quieran un acercamiento con quien de vez en diario tiene en su mesa café de Xicotepec.
  

 

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