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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Cuestión de liderazgo

 

 

Blanca Alcalá enfrenta su primer reto verdadero al frente de la administración municipal. Y también, la posibilidad de mostrar un liderazgo firme al interior de un errático equipo de gobierno que delega las responsabilidades hasta que nadie se queda al frente. Menospreciar a Israel Pacheco es un error; las consecuencias de un enfrentamiento serán largas y desgastantes. Parece difícil que el gobierno blanquista pueda responderle a la ciudadanía si convive con un enemigo interno. Si lo que hoy es un conflicto abierto se resuelve por la fuerza o la imposición, quedará una guerra fría que dure todo el trienio y complique el éxito de los programas y acciones vanguardista que el gobierno municipal tiene en mente. Y sobretodo, Alcalá por primera vez deberá sacar de su cancha a los agentes externos que tienen interés en dinamitar su gobierno e impedir que despegue a los ojos de la ciudadanía. Llegó la hora de abandonar el cautiverio.

 

Es complicado, desde fuera, entender cómo se deterioraron tan rápido las relaciones entre el nuevo gobierno municipal e Israel Pacheco. En tan sólo dos meses el conflicto alcanzó un nivel equiparable a los peores días con la administración de Luis Paredes. El primer aviso ocurrió con el paro en servicios públicos y las duras críticas a los secretarios de Administración y de Desarrollo Urbano. Probablemente lo tomaron como un exabrupto y nadie atendió los requerimientos del sindicato. Y todos, todos los funcionarios de la administración sabían que a principios de mayo iniciaría el proceso de emplazamiento a huelga para revisar las condiciones generales de trabajo.

 

En efecto: estaba cantado desde el inicio de la administración que habría una negociación fundamental con el sindicato que marcaría la relación de tres años. Y en vez de hacer política, sentarse a platicar y limar las asperezas, el Tribunal de Arbitraje –que depende de la Secretaría General- declaró inexistente el emplazamiento a huelga basándose en argumentos leguleyos y despertó la ira de Israel Pacheco, quien, lógicamente, se lanzó directamente en contra de Blanca Alcalá.

 

Así que el conflicto entre el gobierno municipal y el sindicato es una mala farsa que nunca debió ocurrir. Y muchos menos que Israel Pacheco rompiera con Blanca Alcalá. ¿Quién falló?

 

Aventuro una respuesta: el conflicto con el sindicato es la prueba máxima de la política de flotación que mantienen la mayoría de las figuras centrales del Ayuntamiento. Flotación, que por cierto, en realidad responde a los intereses encontrados y lealtades divididas que mantiene un gobierno que asignó cuotas a los grupos priístas, pero que no privilegió el liderazgo de Blanca Alcalá. Los ejemplos sobran. César Pérez López, el secretario general, es un cero a la izquierda, mantenido en el cargo por Mario Montero a quien informa lo que hace y no hace. Lo mismo le ocurre a Juan de Dios Bravo, quien tiene dos teléfonos de los que no se despega: uno para la alcaldesa y otro para Javier López Zavala. Héctor Hernández Sosa se rige por el dogma porfirista de “cero política y mucha administración”. Un tecnócrata, vaya. Uno de los asesores estrella, Rubén Cuevas, fue inutilizado cuando sacaron a su sobrina, Claudia Cuevas, de la subdirección de Egresos.

 

Al interior del Ayuntamiento, también, se hacen una gran pregunta: ¿y dónde está Victor Giorgana, el llamado a ser el operador político por excelencia? Lenguas sibilinas afirman que mantiene un bajo perfil esperando a que se quemen otros personajes incómodos, además de que sufre en un bloqueo de la burbuja blanquista. En otras palabras, espera tiempos mejores. Pero en la omisión castiga al gobierno.

 

Así que: ¿quién le resuelve los problemas a Blanca Alcalá? ¿Quién hace política? ¿Por qué nadie se sentó a conciliar con Israel Pacheco? ¿Quién era el jefe de las negociaciones? ¿Quién es el interlocutor?

 

La crisis, por fortuna, le da muchas oportunidades a Alcalá. El primer paso es dar un manotazo sobre la mesa, eliminar las interferencias de terceras personas y sacar, desde hoy, a quien tenga que sacar de su gobierno, se enoje quién se enoje. La política, está claro, es un juego de intereses y no de pensamientos optimistas o bondadosos. Israel Pacheco lo está demostrando: la beligerancia no caerá con buenas intenciones, sino en un proceso de negociación real. Con actores e interlocutores reales.

 

Pero hay una duda macabra: Israel Pacheco, líder con adhesión real entre sus agremiados al margen de sus acusaciones de charro, es un consumado marinista. Dicen, el gobernador es su padrino. ¿Qué está ocurriendo ahí?

 

 

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