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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Inicia la guerra

 

 

Mario Ayón, simple y sencillamente, no puede ni quiere coordinar la batalla que se avecina contra el crimen organizado. Ayer, en el asalto a una camioneta de Cometra perpetrado por Los Zetas en la capital del estado, el General simple y sencillamente no estaba ahí. El enorme operativo para capturarlos, integrado por ciento cincuenta policías entre la Metropolitana, municipal, judiciales, estatales y hasta AFI´s, fracasó. Sólo encontraron una camioneta con placas de Veracruz. Un mensaje que hace referencia a la balacera que hace dos semanas protagonizaron judiciales poblanos con Zetas veracruzanos en Córdoba. Sí: la guerra del crimen organizado ya llegó a Puebla. Y el comandante en jefe, Mario Ayón, hace dos semanas que no se para en la oficina.

 

Ironías de la vida. Los Zetas, el crimen organizado, precisamente está organizado financieramente, operativamente y tácticamente. Mientras tanto, los cuerpos de seguridad poblanos, por culpa de Mario Ayón, están más divididos que nunca. Y el reciente caso de la Policía Metropolitana es tan solo una pequeña muestra. O la consecuencia del liderazgo estilo castrense, en el que los policías estatales tienen prohibido mirarlo a los ojos. Como en la Edad Media. La prohibición también abarca al general Koller. En caso de romperla, los agentes son sometidos al Consejo de Honor y expulsados de la corporación. Todo un régimen despótico.

 

La guerra llegó ya, y se desató en la balacera de Córdoba. Los policías judiciales actuaron estúpidamente por meterse en la cueva de lobo sin saber a quiénes perseguían. Al entrar a Veracruz rompieron los pactos que mantenían segura a la entidad. Hoy, con los acuerdos rotos, todo puede pasar. Y pasó ayer. Por primera vez, Los Zetas atacaron en Puebla capital. No hablamos ya de Huachinango, Xicotepec, el corredor Tehuacán-Oaxaca o las inmediaciones de Veracruz. La violencia llegó a la capital.

El asalto a la camioneta de Cometra tiene todos los indicios de una operación perfectamente organizada.

 

De un desafío al gobierno estatal y posiblemente una represalia por la balacera de hace dos semanas en Córdoba. Un aviso, vaya. Ahora Alejandro Fernández, Mario Ayón y Rodolfo Igor Archundia tienen el reto que durante tiempo han publicitado: que Puebla siga siendo la entidad más segura del país. Que no haya balaceras ni ejecutados. Que podamos seguir caminando en paz.

 

No sé que puedan hacer Fernández y Archundia. Pero el que queda claro que Ayón no puede. Lo peor que puede pasarle a Puebla es lo mismo que a Veracruz: que los Zetas se convierten en un poder fáctico más poderoso que el Estado. Que no mande el gobierno, sino un grupo de sicarios. Que el gobernador se convierta en un rehén de la delincuencia.

 

Y otra ironía de la vida: el sujeto que permitió que Los Zetas se apoderaran de Veracruz es otro General Ayón. No Mario, nuestro secretario de Seguridad Pública, sino su hermano Sergio, el Comandante de la Zona Militar de Veracruz. Desde su llegada al estado vecino, el crimen organizado se apoderó de la sociedad.

 

En el tema de la seguridad pública se acaban las discrepancias con Mario Marín. Requerimos unión. Yo quiero seguir caminando tranquilos por las calles. No quiero secuestros ni balaceras. Pero con Ayón no se puede.

 

Gobernador: este es el momento más grave de su administración. Más que el escándalo Cacho. Ahora todos estamos en riesgo.

 

 

*** Cambios en El Sol de Puebla. Después de su infarto producto, producto de las oscuras cuentas que Marco Ponce de León le entregó a la Organización Editorial Mexicana, Rodolfo Sierra Sánchez asumió la dirección administrativa del diario. Las mismas gatas pero revolcadas.

 

 

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