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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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La miel puede volverse hiel

 

 

Blanca Alcalá disfruta los días de vino y rosas a poco de cumplir seis meses en el poder. Después de un inicio gris en lo administrativo, una ahogada situación financiera y una caída grave en las expectativas ciudadanas a causa de su apoyo circunstancial a la concesión de la vía pública a Jajomar, el insólito logro de limpiar las calles de ambulantes recuperó su crédito político y le entregó un aval unánime. Las instantáneas prácticamente son increíbles: las comadres Alicia Cervantes y Mary Carmen García- que por años azotaron el centro histórico-, departiendo en franca camaradería con Blanca Alcalá mientras Juan de Dios Bravo come alegremente una garnacha en las inauguraciones de los mercados El Ferrocarril y La Merced. Fuera, la iniciativa privada aplaudiendo unánimemente con la posibilidad, por primera vez en mucho tiempo, de ver alzar sus ventas en pleno periodo de regreso a clases.

 

Alcalá, aún en sus días más felices, tendría que irse con cuidado, porque lo que hoy disfruta como miel, mañana puede transformarse en hiel. El inmenso éxito de retirar del Centro Histórico a los ambulantes se derrumbará el día que las comadres decidan regresar a él. Mientras tanto, Alcalá, al controlar el ambulantaje, regresa por derecho propio a la carrera sucesoria, de la que se bajo por unos días a causa de Jajomar. Y ahí radica el mayor misterio: ¿cómo es posible que, dado el canibalismo sucesorio de Javier López Zavala, los ambulantes que operan bajo sus órdenes, y el secretario de Gobernación que le impuso, hayan puesto su mayor cooperación para que la alcaldesa reviviera políticamente? ¿No le hubiera convenido más al delfín dejarla hundirse por los parquímetros?

 

Queda claro que en la salida de los ambulantes hubo una operación política de muy alto nivel. Y cuando digo muy alto nivel, me refiero a precisamente a Javier López Zavala y a Mario Marín. Sin su apoyo político, Alcalá nunca hubiera podido anotarse el acierto. Algunos hechos prueban tal operación. Por ejemplo, que el desalojo de las principales calles, ocurrido la madrugada del viernes, no fue operado por Alberto Hidalgo Vigueras y la policía municipal. Las fuerzas estatales, así como la Policía Metropolitana, estuvieron coordinadas por el coronel Rodríguez Verdín, titular de Vía Pública y hombre de todas las confianzas del gobernador. ¿Por qué al secretario de Seguridad Pública no lo dejaron meter ni las manos?

 

Otra prueba más: dos días antes del operativo de desalojo, en una junta del Comité Técnico, por primera vez en su vida, Juan de Dios Bravo comprometió públicamente su renuncia ante la alcaldesa en caso de que no lograra el acuerdo con las organizaciones para trasladarse a los nuevos mercados. Una apuesta rara para quien, en seis meses, nunca pudo lograr acuerdos respetables. Con el éxito de la movilización, el secretario de Gobernación prácticamente se ganó su ratificación por el resto del trienio, con lo que Blanca Alcalá seguirá secuestrada por el zavalismo sin posibilidad de sacudírselos.

 

Como se ve, el tema de los ambulantes es un juego a muchas bandas y con alto grado de perversión. Como ya lo hemos dicho, todo lo que Blanca logró, en el momento en el que las comadres regresen a las calles, lo perderá. Y suponiendo que Marín fue quien sentó a las organizaciones a negociar, le prestó la Policía Estatal para garantizar el operativo, y por si fuera poco además logró que Zavala no interviniera, queda claro que el gobernador tuvo un alto grado de participación en que la imagen de la alcaldesa volviera a subir.

 

¿Por qué lo hizo?

 

Aventuro una hipótesis que requiere el paso del tiempo para su comprobación: una vez que Marín parece volver a la racionalidad política de costos y beneficios rumbo a su sucesión, el gobernador necesita la pieza de Blanca Alcalá para continuar el juego. Así como a otras piezas del tablero, por más indeseables que parezcan. En refiero en específico a Doger, que no ha sufrido la persecución esperada y menos el ataque unánime de los medios. Y si no ha ocurrido así, es porque Marín no ha querido.

 

Tengo la impresión de que la posición en el tablero sucesorio no es la deseada por el gobernador, y que en ese lapso, todavía no puede darse el lujo de descartar a uno o dos de los adelantados. Me explico: Zavala no tiene la delantera en las encuestas, y en realidad se encuentra muy lejano de ella. Alcalá, que ha resultado una pieza confiable, no tiene toda la fiabilidad como para dejarle la gubernatura, aunque un buen posicionamiento que amenazó el asunto Jajomar.

 

Si Marín la hubiera dejado a su suerte, probablemente hoy estaría fuera de la carrera. Pero lo mejor es que, si las cosas ocurrieron así, nuevamente es dueño del destino de la alcaldesa. Porque si fue él quien metió a los ambulantes a los mercados, es él quien puede volverlos a sacar a las calles, y con eso hundir la credibilidad de la alcaldesa.

 

¿Hay perversión o no en el tema del ambulantaje?

 

 

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