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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El ocaso de los mitos de la sucesión

 

Para el amigo Nacho Mier, un abrazo solidario en su pérdida irreparable

 

 

El reloj político del marinismo marca ya el ecuador. El sol del poder comienza a caer, lenta pero inexorablemente. En el 2008 transcurrirá el cuarto año de Mario Marín en la gubernatura, y justo en su momento de mayor soberanía los súbditos empezarán a voltear la mirada hacia el próximo monarca sexenal. Es la ley inexorable del sistema político creado por el tricolor: poder absoluto sí, pero solo por seis años. La sucesión ya arrancó. Fieles e infieles al gobernador en turno empiezan a pensar en su futuro, y cada día que pasa es un día menos de poder para Marín. Casi casi es una cuenta regresiva. La caída ya no habrá de detenerse.

 

El marinismo, así, vive una paradoja. Después del triunfo electoral en noviembre del 2007 y el carpetazo de la Suprema Corte al escándalo Marín-Cacho, el régimen ha reunido un poder absoluto, sin oposición a la vista, con el abdicamiento de cualquier muestra de pensamiento crítico. Pocos ciudadanos quedan en Puebla. Abundan los súbditos y los lacayos. La corrupción moral que ha generado el régimen, su gran victoria, es la peor derrota que hemos tenido como sociedad.

 

Pero se equivocan los que hablan del relanzamiento del marinismo en los inicios del 2008. En estricto sentido se trata del reinicio del sexenio después de la brutal parálisis gubernamental y política que empezó el 14 de febrero del 2006. Es la marca del sexenio. Los recursos públicos, destinados quizá en su origen al crecimiento de la entidad, debieron ser desviados hacia la supervivencia política del gobernador. Mantenerse en el cargo fue la apuesta principal. Nadie tuvo –y quizá ahora tampoco la tienen- cabeza para gobernar. Corromper fue la divisa principal. Como no tenían la verdad de su lado, debieron comprar conciencias. Unos más caros y otros más baratos, pero casi todos aceptaron la transacción. Los que no lo hicimos pagamos la consecuencias. Fuimos declarados enemigos públicos y expulsados del reinado sexenal.

 

El marinismo, en vísperas del tercer informe de gobierno, no relanzará, sino reiniciará el sexenio –y en eso reside la paradoja- cuando comienza el cuarto año de gobierno. Así, sin más explicaciones: el sexenio se partió por la mitad y Marín hubo de vivir dos años con la espada de Damocles sobre su cabeza. Pero lo más irónico de todo es que su momento de mayor encumbramiento, en el reinicio de su monarquía, entre las loas de sus lacayos, el gobernador empieza a despedirse de su poder y figuras emergentes empiezan a calcular, mover piezas, trazar estrategias y caminos para llegar a ocupar su silla. Los aspirantes a la sucesión ya están ahí.

 

La ciencia mata toda especulación. Es la ley eterna del conocimiento. Frente a lo pensamos que puede ser, está lo que es. Y aunque las plumas a sueldo se esfuerzan en construir rankigs ficticios de aspirantes a la gubernatura y a señalar con índice flamígero a los supuestamente han avanzado o retrocedido en sus aspiraciones, la realidad termina estrellando contra el suelo cualquier clase de ficción.

 

La ciencia, en su versión de la primera encuesta estatal de la prestigiada consultora Opina, dibuja ya el verdadero panorama de la sucesión de Mario Marín. Amados u odiados, guste o no, Rafael Moreno Valle y Enrique Doger encabezan las preferencias en sus respectivos partidos. Que si uno depende en todo de Elba Esther Gordillo o que si el otro es la versión poblana de RBD es lo de menos. Lo importante es que de cara a una elección, y aún cuando faltan dos años para el momento cumbre, ambos superan el 40 por ciento en el rubro de conocimiento. Separados por décimas, Moreno Valle se coloca a la cabeza por su penetración al interior del estado, aunque Doger compensa por su mayor intención de voto. Uno y otro, otro y uno, según los números, serán los rivales a vencer en las contiendas internas del PRI y del PAN.

 

No sorprende la superioridad de ambos respecto de sus posibles rivales. Moreno Valle empezó su carrera política local hace diez años, en la campaña de Melquíades Morales rumbo a la gubernatura. Después fue un todopoderoso secretario de Finanzas y Desarrollo Social, cuando ambas dependencias estaban fusionadas, y creó la mítica expresión de ¡gracias, Rafa! por los derroches en la construcción de su imagen.

 

Electo diputado federal por el terruño de Melquíades Morales, se lanzó en abierta promoción por todo el estado, bañándolo de espectaculares y mantas con su nombre. Aunque no pudo alcanzar a Marín, obtuvo la diputación local plurinominal y se convirtió en Presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado. Más tarde, cuando fue traicionado por el marinismo y se le negó la candidatura al Senado, renunció al tricolor y bajo el padrinazgo de Elba Esther Gordillo se hizo de la postulación por el PAN, desplazando a Ángel Alonso Díaz Caneja. Para sorpresa de propios y extraños, derrotó a su ex mentor, Melquíades Morales, aunque ambos llegaron al Senado. Dos y hasta tres campañas estatales han hecho que los poblanos retengan su nombre en la cabeza.

 

Enrique Doger, al igual que Moreno Valle, lleva diez años encumbrado en lo más alto de la política local. Siete años como rector de la Universidad Autónoma de Puebla hizo que su nombre resonara por todo el estado e incluso llegó a aspirar a la candidatura priísta al gobierno, ambición a la postre rompería el compadrazgo con Mario Marín. Melquíades Morales, sin embargo, le tenía destinado la candidatura a la alcaldía que ganó contundentemente y en el que a pesar del acoso del gobierno estatal mantiene una buena calificación entre la ciudadanía a su gobierno.

 

Si Moreno Valle y Enrique Doger son los aspirantes más serios a la gubernatura según los números de Opina, les siguen tres con capacidad para presentar batalla en los próximos dos años. Se trata de Ana Teresa Aranda en el PAN, y Javier López Zavala y Mario Montero en el tricolor. La Doña, sempiterna aspirante a todo y odiada por la ultraderecha, tuvo una victoria moral el 11 de noviembre cuando Toño Sánchez Díaz de Rivera fue derrotado aplastantemente por Blanca Alcalá. Sus 32 puntos la hace un rival de respeto, aunque sin posición ni recursos desde donde hacer política, parece difícil enfrentar con éxito a Moreno Valle, que cuenta con dinero y posición para plazearse por todo el estado.

 

Al interior del PRI, aunque los columnistas a sueldo se esfuerzan por integrar a la sucesión a Jorge Estefan Chidiac, Alejandro Armenta o Enrique Agüera, lo cierto es que una contienda abierta los únicos que podrían presentarle batalla a Doger son Javier López Zavala y Mario Montero. El ex secretario de Gobernación y ex Promotor Estatal del Voto, aunque a nombre propio no ha hecho una campaña estatal, podría decirse que las hizo como coordinador de la campaña de Marín y como Promotor Estatal. Aún así, se encuentra 20 puntos debajo de Enrique Doger en materia de conocimiento. Mario Montero, con la experiencia de ser dirigente estatal del tricolor y candidato al Senado mantiene 17 puntos, más el jugo que pueda sacarla a su posición como Secretario de Gobernación.

 

Jorge Estefan, a pesar del importante papel que juega a nivel nacional como Presidente de la Comisión de Hacienda en la Cámara de Diputados, es prácticamente desconocido para los poblanos. No llega ni siquiera al 8 por ciento de conocimiento. Enrique Agüera, en virtud de que en repetidas ocasiones ha manifestado que no le interesa pelear por la gubernatura, y sumando al hecho de que no milita en ningún partido político y de que el PRI tiene candados estatutarios, ve restringidas sus posibilidades. En el caso de Alejandro Armenta Mier, pues simplemente le faltan espolones para ser gallo en la sucesión.

 

La encuesta estatal de Opina derrumba los mitos de la ya iniciada sucesión de Mario Marín. ¿El principal? Que para ganar elecciones no importa ser favorito de tal o cual, sino tener un conocimiento y una intención de voto consolidadas para aspirar a la gubernatura. Y aunque muchos piensen que los porcentajes pueden cambiar considerablemente en los próximos dos años, lo cierto es que la reforma electoral que prohíbe el uso de recursos públicos para promoción impedirá que las cosas cambien drásticamente.

Es lo bueno de la ciencia. Derrumba los mitos, las supercherías y las especulaciones.

 

 

*** Fiestas negras. Triste y enlutado final de año tuvimos en Puebla. El suicidio del abogado Ricardo García Prieto conmovió al foro poblano y a todos los tuvimos oportunidad de trabajar con él. La muerte del hijo del amigo Ignacio Mier, Secretario General del Ayuntamiento, fue devastadora. Y para terminar, la muerte absurda de un estudiante prometedor de la Escuela Libre de Derecho, Víctor Baéz, a un accidente provocado por el arrebato alcohólico de unos de sus compañeros.

 

A las familias de todos ellos, un abrazo solidario.

 

 

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