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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Un III mini Informe de Gobierno

 

 

La inminencia del III Informe de Gobierno, al margen del episodio anecdótico de quién presidirá la Gran Comisión y quién responderá los dichos del gobernador, ha provocado una urgencia al interior del marinismo: ¿cuál o cuáles serán las obras emblemáticas del sexenio? ¿Cómo pasarán a la historia los protagonistas del sexenio 2005-2011? La respuesta parece obvia: el marinismo, hasta el momento, pasará a la historia política de Puebla marcado por el escándalo Marín-Cacho. El tsunami político que paralizó el gobierno estatal y sumió en las tinieblas la administración. Por supuesto, Mario Marín no quiere que su mandato pase a la historia por el bochornoso enjuiciamiento por el tribunal más alto del país y la condena moral de la sociedad mexicana. Sin embargo, las ideas escasean en que equipo sobre cuál debe ser la forma de borrar el oprobio.

 

Tan escasas son las ideas que el III Informe de Gobierno en realidad será un mini Informe. En su comparecencia constitucional ante el Congreso del Estado el mensaje político de Marín durará apenas 15 minutos. ¿Un acto de desprecio hacia la mayoría mecánica de priísmo o un ahorro de las solemnidades? Nadie a ciencia cierta lo sabe. La única certeza es que el mensaje importante y el recuento de las obras reales o ficticias que se ejecutaron en el 2007 se hará ante los mil ochocientos invitados al Centro de Convenciones y no ante los diputados locales.

 

La prisa por salir del III Informe de Gobierno es evidente. Una incomodidad antes que una rendición de cuentas. ¿Por qué ante quién puede rendir cuantas el dueño y monarca sexenal? ¿Ante la representación popular o la misma sociedad? ¿No es cierto que un monarca absoluto rinde cuentas solo ante su conciencia? ¿O será que sólo puede hablarse de la recomposición político que trajo el 11 de noviembre con la aplastante victoria tricolor y su exoneración en la Suprema Corte, pero muy poco del trabajo gubernamental?

 

Las apuestas ya se cruzan sobre el contenido del breve mensaje que el gobernador rendirá ante el Congreso del Estado. El tema ineludible, por supuesto, es la finalización del escándalo. ¿Hablará de él exaltando su victoria jurídica y pasará por alto la derrota en la condena moral nacional? ¿Presumirá su alta eficiencia electoral con el triunfo contundente del 11 de noviembre del 2007? ¿Se regocijará ante la unanimidad que su poder provoca?

 

El breve mensaje de Marín es muestra de la cancelación del diálogo con la sociedad. Desde el escándalo, el gobernador cerró los canales de comunicación con la sociedad y fortaleció su renuencia a ser interrogado por la prensa. Hace meses que Marín no concede una entrevista, ya no se diga a un medio crítico. Ni siquiera a sus incondicionales de la prensa poblana. Aunque después de la resolución de la Suprema Corte se prometió una nueva política de comunicación, es la hora que no llega, y por el contrario, el equipo de seguridad y de Comunicación Social, así como el cancerbero Ismael Ríos, impiden el acercamiento de los reporteros para hacerle cuestionamientos.

 

El mutis caracteriza al gobernador poblano y por tanto a sus funcionarios. La rendición de cuentas ante la opinión pública ha desaparecido por el desprecio a la prensa. El desprecio se amplía a la representación popular ante el Congreso que se evidencia en el mini mensaje político que dará el 15 de noviembre. Será porque sabe que la mayoría de 26 diputados son sus empleados. O por cualquiera otra razón. Pero Marín ha optado por el monólogo. El soliloquio como forma de gobierno.

 

En vez de monólogo, si hubiera sensibilidad política, el III Informe de Gobierno sería la oportunidad perfecta para inaugurar el diálogo perdido e iniciar la búsqueda de consenso real en la sociedad, y no el ficiticio sustentado sobre la cooptación y el miedo. Ofrecer un mensaje de regeneración. Una hoja de ruta sobre el camino que Marín recorrerá en la segunda parte de su mandato. Una declaración de principios sobre los principios que han faltado en el gobierno estatal.

 

Al marinismo le urge encontrar la fórmula mágica que le permita pasar a la historia por algo más que el escándalo Marín-Cacho. Los mega proyectos que anunciados hasta ahora, ya en plena fase de ejecución como La Célula, el Centro Expositor y la cada vez más lejana regeneración de la zona de Valsequillo parecen insuficientes para limpiar la mancha del 14 de febrero del 2006.

 

¿Cuál es la ruta entonces? ¿Habrá pistas en los 15 minutos del III Informe de Gobierno? Quizá habrá que empezar por la honestidad.

 

 

*** La recepción de Don Juan Columna “Apreciable señor Rueda: Como ciudadano externo beneplácito por su columna de hoy lunes que perfectamente describe el inicio, el punto de inflexión práctico del poder decadente del gobernador en turno, por cierto, despótico, ineficiente y corrupto, pero no será fácil, Mario Marín es un hombre obcecado por el poder y seguirá apartando de su brecha decreciente a todos aquellos que intenten seguir evidenciando su mal gobierno.

 

“Pero es ahí donde los comunicadores sociales independientes, activistas sociales, académicos y muy pocas organizaciones no gubernamentales, tendremos que unir esfuerzos para soportar su embestida represora y persecutoria que, entre otros distingos, lo ha caracterizado en sus primeros tres años de gobierno, tan es así, que el grupo Prisa español, como retribución por la clausura del programa radiofónico "Hoy por Hoy", ya tiene asignada una buena participación en el mega proyecto del Centro Expositor Poblano.

 

“El gobernador Marín se ha aferrado al poder con dinero público que seguiremos costeando los poblanos, sobre todo los más pobres, a los que el gobernador prometió, desde los inicios de su actividad proselitista, "ayudar incondicionalmente". Atte. Juan Columna”.

 

 

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