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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Lecciones para la sucesión

 

 

Nada más para que quede claro: al interior del marinismo, aunque parezca verdad perogrullesca, Mario Marín sigue ostentando el mando único en la toma de decisiones. Él y sólo él designó a José Othón Bailleres como solución intermedia a la escalada de hostilidades al interior de su ex burbuja. Queda claro, más que nunca, que no existen los grupos zavalista o monterista, y que los patos no pueden tirarle a las escopetas. Por más que ambos aspirantes deseen fortalecer sus ambiciones futuristas incrustando alfiles en las posiciones que quedan sueltas, Marín siempre tendrá la última palabra. Decisiones que adopta sin escuchar las presiones aún de su grupo más cercano. Una lección que convendría no olvidar para el futuro en el escenario de la sucesión.

 

El saldo de la guerra entre Mario Montero y Javier López Zavala se decanta a favor del primero. Aunque en la designación del líder de la fracción priísta se declaró un empate ya que ninguno de los dos pudo posicionar a su favorito, lo cierto es que previamente el secretario de Gobernación ganó el lance fundamental: convencer al gobernador de que el ingreso de Zavala al Congreso sería una mala señal política después de que el régimen finalmente había salido indemne de la investigación de la Suprema Corte. Aunque Zavala presionó con todo, desde mediados de diciembre se tomó la decisión de dejarlo fuera a pesar de la incredulidad de muchos.

 

Las paradojas de la vida política. Después de un noviembre glorioso en la operación de la victoria tricolor en las elecciones intermedias, Zavala vivió un diciembre negro y un enero peor. General triunfador que por azares de su mismo triunfo se quedó fuera de la posición diseñada para continuar su carrera sucesoria, en cuestión de días se vio presa de los acontecimientos y quedó a merced de los enemigos que generó en los tres primeros años del sexenio. Víctima de la imprudencia, en los días posteriores al 11 de noviembre de dedicó a despachar en el hotel Camino Real como si siguiera fungiendo como Secretario de Gobernación. Por supuesto, el verdadero titular montó en cólera disimulada y frenó el activismo de Zavala.

 

Zavala y sus corifeos se dedicaron a correr la especie de su ingreso al Congreso del Estado por medio de una argucia legal, mediante la sustitución de Mauricio Hidalgo, gran perdedor del tricolor por el distrito de Tecamachalco. El propio Hidalgo, sin embargo, apoyado por pesos específicos de la política local, se negó a entregar su curul. Y aunque el mismo ex Promotor Estatal de Voto se dedicó a explorar otros caminos para llegar, como la licencia de cualquier otro diputado, incurría en franca ilegalidad.

 

La persuasión de Montero resultó fundamental para convencer a Marín de la inconveniente llegada de Zavala al Congreso. Así cobró viejas facturas. ¿La fundamental? El apoyo disimulado que Zavala le dio a Moreno Valle en el 2006 para que la fórmula panista ganara la contienda al Senado con el objetivo de sacar de la jugada sucesoria a Mario Montero. Por meses la estrategia funcionó, hasta que Montero regresó por sus fueros para ocupar el control del aparato político desde Gobernación. Y ya se ve su poder de persuasión en los oídos del gobernador, lo que le da pase automático a jugar la sucesión con pleno derecho.

 

El saldo de la batalla es claro: Mario Montero ganó su primera escaramuza contra Zavala. Aunque ninguno pudo imponer a su gallo en la Gran Comisión, al final Zavala se quedó sin acomodo evidente hasta que el gobernador reorganice el gabinete, hecho que se calcula ocurrirá después del III mini Informe de Gobierno.

 

Una prueba de que la sucesión ya arrancó fue la ruptura de la frágil unidad que permanecía al interior de la burbuja marinista. Cada quien toma posiciones rumbo al futuro, y el enfrentamiento entre los grupos del marinismo ya es inevitable.

 

Sin embargo, la lección sucesoria debe ser entendida a cabalidad: en el enfrentamiento crudo entre marinistas, un tercero sale ganando. En esta ocasión le tocó a José Othón Bailleres.

 

 

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