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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Se acabó la luna de miel

 

 

Al igual que le pasó a Manuel Bartlett en su sexenio, la cúpula empresarial anuncia ya la ruptura con el gobierno marinista unos días antes de cumplirse la primera mitad de su gobierno. Y según la respuesta de Mario Marín a los líderes empresariales, tal parece que no tiene voluntad de poner la otra mejilla. En vez de eso, les puso el dedo en la llaga: ¿qué han hecho los empresarios poblanos por el desarrollo de Puebla?

 

Por una vez el gobernador tiene la razón. ¿Por qué? Por la simple y sencilla razón de que la clase empresarial no existe en Puebla, y que la gran mayoría de quienes se dicen hombres de iniciativa privada en realidad son políticos que hacen negocios con el gobierno y lucran al chantajearlo. Vividores, en pocas palabras.

 

La cúpula de la iniciativa privada viene y va en sus relaciones con los gobernadores priístas. Luna de miel en los tres primeros del barttlismo y guerra después. Compadrazgo con Melquíades Morales durante todo el sexenio, pero apoyo al panismo en la campaña de Francisco Fraile a la gubernatura. Tirante relación en el primer año de Marín que se convirtió en luna de miel cuando a partir del 2006 les entregó el control del Fideicomiso que maneja la recaudación del Impuesto a la Nómina.

 

Compadres y muy compadres, pero la marrana por lo que pesa. Juan Jose Rodríguez Posada, Rogelio Sierra Michelena y el resto de los líderes de las cámaras empresariales se convirtieron en adictos al gobernador cuando pensaron que iba a hacer y deshacer con los 700 millones de pesos que se recaudan anualmente por concepto de ISN. Gerardo Pérez Salazar y el resto de los funcionarios con asiento en el CDICS al principio fueron generosos, tolerantes y aprobaron algunos de los proyectos empresariales.

 

Durante el 2006, el dinero que se gastó del Fideicomiso llevaba la marca de los empresarios poblanos y ellos, correspondientes, se prestaron a financiar al recuperación de la imagen de Marín al aprobar el gasto en los Premios Oye de Televisa.

 

Pero a partir del 2007 Pérez Salazar y compañía endurecieron su posición y los empresarios tuvieron menos beneficios, aunque de todos modos siguieron moviéndole la cola cada vez que veían al gobernador. Al final todo se transformó en migajas: de los cerca de 70 proyectos aprobados en dos años, sólo ocho fueron propuestos por las cámaras de la Iniciativa Privada. Y de los mil 500 millones de pesos recabados del fondo, de 2006 a la fecha, los empresarios poblanos solicitaron recursos por casi 15 mdp, lo que representa el 1% del fondo.

 

El problema de Rodríguez Posada, Luis Mora Valencia y compañía no es una discrepancia sobre el modelo de desarrollo económico para Puebla. Simple y sencillamente se trata de pesos. Sus expectativas no se cumplieron, pues apenas se han hecho de 15 millones de pesos. Y ya se cansaron, por lo que el discurso empresarial se ha endurecido, y en la semana previa al III informe del gobernador se lanzaron contra su política económica; recriminaron la falta de inversión extranjera, se quejaron de que nunca funcionó el chip de las nuevas placas y por último, sus ayes de dolor culminaron en la queja de que los mega proyectos del gobierno –La Célula y el Centro Expositor- chuparán la mayor parte de los recursos del CDICS sin que sirvan para maldita la cosa.

 

Ahora sí: la cúpula empresarial llora por la herida.

 

Después de su nombramiento como Alto Comisionado del Instituto Poblano para la Productividad Competitiva –organismo que todavía existe pero no sirve para nada-,  Gabriel González Molina fue entrevistado en La Quintacolumnaradio. Ahí habló del modelo de empresario poblano como el nuevo traidor a la nación. Textualmente dijo: “Traicionar a la patria en un mundo globalizado es creer que la solución está en la fórmula empresario rico-empresa pobre. Quienes piensan así son los nuevos traidores de México”. Afirmaba que revertir este dogma del empresario poblano era su misión al frente del instituto. “La razón por la que estoy ac, es crear nuevas herramientas, nuevos modelos, eso es lo que ocupa mi mente prácticamente todo el tiempo. Soy parte de un equipo de gente que está pensando en nuevos sistemas, en nuevas tecnologías. Veo la oportunidad de generar un modelo económico alternativo para México y América Latina basado en la micro economía”.

 

Tenía razón González Molina: el empresario poblano es del tipo que defiende el apotegma “empresario rico-empresa pobre”. Piense usted en los empresarios poblanos que conoce. Aún en los relativamente poderosos: le gusta la seguridad, la comodidad de vender sus productos en la región y no competir a nivel nacional o internacional. En su vida personal, les gusta demostrar que tiene dinero y un alto nivel de vida, a costa precisamente de su empresa: no adquieren ni desarrollan tecnología de punta, no capacitan a sus trabajadores y no buscan apertura de nuevos mercados o el de nuevos productos.

 

Y sucede esto porque el empresario poblano, antes que empresario, es político. Me explico: las empresas poblanas dependen para sobrevivir, del gran agente económico del estado, que es el gobierno.

 

Vividores, vaya.

 

Y aunque perdieron la dignidad cuando avalaron los 21 millones de los Premios Oye, hoy se sienten con calidad moral para criticar.

 

Sinvergüenzas.

 

 

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