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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Accidente trágico y corrupción

 

Para Mario Montero y sus hijos; resignación frente al dolor

 

 

No puede calificarse como algo diferente al accidente mortal del viernes: es una tragedia. Pero aún en el dolor que embarga a la familia Montero Rossano y a las de las otras siete personas que perecieron en el desplome del helicóptero, la investigación sobre lo qué realmente aconteció debe dirigirse a dos funcionarios: Francisco Fernández Mora, Administrador de Casa Puebla, y Javier Ochoa, jefe del hangar. Sobre ambos burócratas pesa la sospecha de negligencia y corrupción en el manejo de los helicópteros al servicio del gobierno estatal y la contratación de pilotos inexpertos para que no se opusieran a los negocios sucios que realizaban en la contratación de servicios con talleres clandestinos y la manipulación de piezas delicadas para el funcionamiento de los aparatos.

 

Parece no haber más que de dos sopas que expliquen el accidente mortal: o fue una falla humana en el procedimiento de elevación de la aeronave, o se trató de una falla técnica. El capitán Mario Aparicio, piloto con más de 13 mil horas de vuelo, quien prestó sus servicios en la administración de Manuel Bartlett y de Melquíades Morales, se inclina por la primera hipótesis. Dice que el 95 por ciento de los accidentes es provocado por error humano y negligencia de los pilotos. En el caso específico del accidente del viernes, la hipótesis se sostiene por el hecho de la inexperiencia de Édgar Morales Méndez y Enrique Valdés Sánchez, que al momento de ser contratados por la nueva administración de Casa Puebla apenas contaban con 300 horas de vuelo.

 

Hace más de dos años que CAMBIO denunció las irregularidades alrededor del hangar de Casa Puebla y las documentó. El despido de los pilotos experimentados, como el Capitán Aparicio y el piloto Sosa, para darles paso a unos inexpertos que no objetaban las irregularidades de Javier Ochoa, jefe del hangar.

 

Mario Aparicio, hombre de confianza de Melquíades Morales después del accidente que casi le cuesta la vida, fue despedido fulminantemente por negarse a avalar el intercambio de piezas entre aeronaves.

Así lo relató el Capitán Aparicio para CAMBIO en octubre del 2005: “saben que no les voy a tolerar que pongan piezas usadas, que hagan ahorita que ya están vencidos los servicios anuales de los helicópteros, que hagan extensiones de servicios. Te voy a platicar me hablaron de la fabrica de los motores Platan Winne. Me dicen Aparicio queremos checar contigo como están cambiando una parte el nombre es la válvula de sangrado y la estas poniendo al otro helicóptero si son diferentes aunque es el mismo modelo pero el tipo es diferente. La están regando que esta pasando. Yo no estoy ahorita ahí, no me permiten entrar esta otro ingeniero que es aeronáutico y el es el que esta haciendo todo. Pero está mal hecho. Esas piezas que son las reguladoras de aire que son las que te van a dar la cantidad de aire tengan cuidado no jueguen”.

 

Aparicio relató la gravedad de la situación de Javier López Zavala, entonces secretario de Gobernación. No hubo respuesta y las irregularidades continuaron con el despido de varios mecánicos del hangar por la misma causa: el intercambio de piezas para aeronaves.

 

Continúa el relato de Mario Aparicio: “teníamos unos componentes del 206 el que vuela la policía esos componentes uno de  ellos era el yugo del rotor principal dónde entran las palas hace un año y medio estuvo en Estados Unidos esa maquina en servicio y a mi me comentaron el taller americano que ya tenía un juego dónde empotra la pala, que le faltaban como 700 horas en reemplazarlo porque es lo que marca el manual eso hay que quitarlo, destruirlo, seguetearlo, quebrarlo porque ese no se debe de usar y meter uno nuevo dentro de las listas se pidieron esos componentes y dentro de esas  venía el yugo. Entonces este señor Ochoa en primera se saco el componente del hangar y lo fueron armar en el Distrito Federal en un taller que ni sabemos dónde haya sido y ya se los trae al otro día a los mecánicos y les dicen ponlo ya. Los mecánicos saben el historial y dicen esto no. No lo podemos poner. --Les dice Ochoa no lo van a poner pues se van a la calle--- No lo podemos poner porque este yugo esta fuera de limites, este yugo lo tenemos que destruir. ----Ochoa aquí ustedes no me van a decir yo soy el ingeniero yo conozco, no me van a obedecer. ¡Orale! Se van a la tarde para fuera. Y ellos si estuvo peor porque si llegaron judiciales armados, lo catearon, los revisaron, les quitaron lo poco que traían. Uno de ellos el pipero el señor Manuel Ramírez es una persona bajita  el se acerco a la pipa a sacar su licencia llego uno de los guaruras lo tomo del cuello y lo aventó contra la pared le lastimaron el cuello”.

 

Al final de la entrevista, y a pesar de haber sido despedido injustamente, sin liquidación, Mario Alberto Mejía le preguntó si lo que buscaba era ser reinstalado. La respuesta de Mario Aparicio es clarísima: “No puede uno regresar así como están las maquinas. Están mal y hay que pararlas y hay que traer personal si es necesario de Estados Unidos para que las revisen bien”.

 

Mario Aparicio nunca regresó al gobierno del estado. Las irregularidades en el hangar estatal, a cargo de Francisco Fernández Mora, Administrador de Casa Puebla, y del ingeniero Javier Ochoa continuaron porque la denuncia de CAMBIO, como siempre, fue ignorada. Pero la corrupción al interior de la administración ya ha devorado las entrañas del régimen marinista, y costó la vida de la esposa del secretario de Gobernación, de la esposa de uno de los empresarios más cercanos al gobernador y de otras tres damas que ni la debían ni la temían.

 

Es el problema de ignorar a la prensa. Se pierde un elemento corrector al interior de la administración pública y la corrupción se institucionaliza.

 

 

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