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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Los cambios del Gabinete I

 

 

Visto lo mejor y lo peor del gabinete marinista, el resto de los funcionarios se mecen en el sopor de mediocridad. Unos más y otros menos, el resto de los secretarios se preocupan por hacer como que trabajan, cuando en realidad hace tiempo que están más pendientes de sus comisiones y por consolidar el patrimonio que les dé tranquilidad al final del sexenio. Por ello, el prometido relanzamiento del gobierno estatal parece requerir de un desfibrilador, que, como en las películas, devuelva la vida a quienes presentan todavía signos vitales, pero que ya estás más pa’ allá que pa’ca.

 

Varios de los columnistas a sueldo extrañamente coinciden en que si el gobierno marinista desea hacer un verdadero relanzamiento, los cambios deben ocurrir en Desarrollo Económico, Turismo y Cultura, omitiendo, por supuesto, los verdaderos puntos neurálgicos del gobierno estatal. ¿O alguien cree que si Juan José Bretón, Alejandro Montiel y Gerardo Fernández se van a su casa, en verdad el gobierno va a cambiar? No, esas son idioteces. Los problemas de marinismo están en otro lado. ¿Dónde?

 

Los puntos neurálgicos del gobierno estatal, claramente, son Gobernación, Finanzas y Administración, Educación Pública, Desarrollo Social, Salud, Obras Públicas y Seguridad Pública. Mario Montero, Gerardo Pérez Salazar, Darío Carmona, Alejandro Armenta, Roberto Morales Flores, Javier García Ramírez y Mario Ayón son los siete secretarios principales de la administración, y solamente cambios en estas siete secretarías provocarían un relanzamiento del marinismo rumbo a sus últimos tres años. Visto que los últimos dos son extremos opuestos de la administración, lo peor y lo mejor, los cambios del Gabinete deberían centrarse en los restantes cinco funcionarios.

 

Veamos el caso de Gerardo Pérez Salazar. Su nombramiento en enero del 2005 fue uno de los más prometedores, y la realidad es que tres años después se ha convertido en un verdadero fracaso: a nadie escapa que en lugar de dedicarse al manejo de las finanzas públicas, su verdadero trabajo es apaciguar a los empresarios poblanos con grandes comilonas y francachelas. Un cabildero, vaya, que en sus tiempos libres le mete mano a la Tesorería para jugar a la Bolsa y recordar sus días en Vector. Los verdaderos hombres de poder en Finanzas son otros: Jorge Mendoza Velarde en la subsecretaría de Administración y David Villa Issa en Egresos. El Porky, encargado de las licitaciones, es el corruptio animalis de la dependencia, y Villa Issa maneja a placer la asignación de recursos a todos los programas y acciones del gobierno.

 

Pérez Salazar, además, es el gran promotor de la opacidad gubernamental en materia de finanzas públicas: cada vez que es cuestionado sobre temas de presupuesto, gasto y deuda pública, pues simplemente no se acuerda o no sabe. ¿Será porque él no maneja nada? Visto de esta forma, el secretario Botonazo –como le apodan en la dependencia- es una figura decorativa. Un tecito que no hace ni bien ni mal. El único cambio en Finanzas podría ser que Villa Issa asumiera el control de manera formal, pero quizá es mejor seguir con Pérez Salazar como pararrayos.

 

Veamos las otras dependencias clave en la lucha contra la marginación. Roberto Morales Flores, en Salud, desde el principio del sexenio fue uno de los más impopulares por ser extraño a la burbuja y haber llegado al puesto como una negociación del melquiadismo. Tan impopular y de poca confianza que el control del gasto y las adquisiciones le fueron negadas, imponiéndole como Director Administrativo, primero a Alejandro del Castillo y actualmente a José Luis Palafox Krayevsky, un marinista puro. Contra las apuestas, Roberto Morales se mantiene en el cargo tres años después y con varias disputas por el control de la construcción de hospitales y la compra de medicinas y el equipo médico.

 

¿Roberto Morales debe seguir o no en el cargo? La evaluación es complicada dada las propias limitantes que el marinismo le ha impuesto: como médico, parece haber  producido resultados, una vez que no se han desatado epidemias y el cerco funciona con normalidad. ¿Podría hacer algo mejor si tuviera el control administrativo de su dependencia? Nunca lo sabremos. Probablemente no se lo han dado por algo.

 

Dos zavalistas, a pesar de la caía de su padrino político, continúan en dos de las secretarías más importantes: Darío Carmona y Alejandro Armenta. De ambos, el caso más grave parece ser el del titular de la SEP. Experto en contemporizar con la mafia del SNTE, ha colocado a Puebla como la entidad con aumentos salariales más altos y el mayor número de aviadores, obteniendo como resultado solo seis posiciones de repunte en el rankig de calidad educativa. La proliferación de universidades patito es otro de sus saldos. En realidad, Carmona se ha dedicado a propagar el proyecto de Zavala entre el gremio magisterial, ignorando la prioridad de reposicionar a la entidad en la prueba ENLACE que mide el conocimiento de los niños poblanos.

 

¿Debería irse? Pero por supuesto.

 

Mañana continuamos.

 

 

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