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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Marín, el ajedrecista

 

 

El tablero de ajedrez marinista se encuentra en una posición que los teóricos llaman dinámica. La variedad de fichas por mover empiezan a acumularse y los tiempos para definir la estrategia se han acortado. Se trata, sin duda, del momento cumbre del sexenio que definirá la estructura de la partida rumbo a su final. Mario Marín, no nos extrañe, guarda prudencia ante la cantidad de movimientos provocados por la jubilación de Pacheco Pulido, la salida de Doger del Ayuntamiento y la llegada de Blanca Alcalá, el hiperactivismo subterráneo de Javier López Zavala y su conflicto exponencial con Mario Montero, que por momentos amenaza con salirse de control. Es, casi, la última campanada antes de definir el rumbo de la sucesión. La última oportunidad, también, para premiar a los marinistas leales y dejarlos en posiciones para los próximos diez años y culminar el relevo generacional.

 

El principal problema de Marín es la estrategia. En otras palabras: siempre es mejor tener un mal plan, que no tener plan. ¿Cuál es el del gobernador? ¿Borrar del mapa político a Enrique Doger o sujetarlo a las reglas del gobierno insertándolo en el gabinete? ¿Permitir el crecimiento político de Blanca Alcalá o controlarlo férreamente mediante de la presencia de marinistas leales en el nuevo Ayuntamiento? ¿Alentar el posicionamiento del grupo de los compadres Montero-Valentín y dejar que su rango de poder se amplíe hasta el Tribunal Superior de Justicia? ¿Premiar a López Zavala sin importar las consecuencias y evidenciar su delfinazgo, a costa de exponerlo al golpeteo de los priístas rebeldes como Doger, Víctor Hugo Islas y Jesús Morales?

 

La metáfora del ajedrez acomoda perfectamente con la situación que vive Marín. Hoy más que nunca, requiere de ésa cualidad que se llama profundidad, es decir, la capacidad de calcular las variables de sus movimientos. Y todo depende de sus planes: los medios –y las piezas- sirven a los fines, tal como nos enseñó Maquiavelo. En el juego tricolor se ven muy claramente cuatro fundamentales, rodeadas a su vez de varias que apoyan o dificultan su juego. Mario Montero, Enrique Doger, Javier López Zavala y Blanca Alcalá pueden ser torres, caballos, alfiles e incluso peones. ¿Cuál de ellas sobrevivirá?

 

Aunque las filtraciones de principio de año hablaban de que los cambios en el gabinete ocurrirían después del III Informe de Gobierno, era evidente que se trataba de un borregazo porque los secretarios aún debían realizar su comparecencia en el Congreso. Si hemos visto que el final de dichas comparencias llega hasta el 27 de febrero, todo indica que Marín buscó ampliar los tiempos y espacios políticos, porque justo en esos días ocurrirá la transición de la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia – además de que queda vacante una magistratura- y el cambio de gobierno municipal, donde Doger y sus fieles iniciarán la travesía al desierto.

 

Dos piezas muestran una excepcional complicación para colocarlas. La gran apuesta es el futuro de Enrique Doger: ¿recibirá una invitación para integrarse al gabinete? Si así fuera, ¿en cuál dependencia? ¿Aceptaría el mismo Doger? Los pros y los contras saltan a la vista. Insertar al todavía alcalde en el gobierno marinista sería la mejor de controlar su activismo político rumbo al 2010, reduciéndolo a un empleado del gobernador y obligándolo a acatar las reglas del gobernador. Lo contrario sería dejarlo libre para repetir la experiencia de Marín: libertad para recorrer el estado, oportunidad para generar las alianzas corporativas que le hacen falta y capitalizar el descontento contra el régimen que se termina.

 

Imaginemos que Marín es capaz de invitar a Doger al gabinete. ¿A qué posición lo haría? Descartemos de antemano la SEP, SEDESO y Gobernación, porque en cualquiera de ellas Doger, a pesar de las limitaciones, tendría estructura y recursos para continuar su escalada a la gubernatura. ¿Salud, Cultura, Turismo o Desarrollo Económico? Parece poco factible que Doger aceptara una posición de tan bajo nivel, aunque eso le garantizaría finalizar con los rumores de una persecución.

 

Si Enrique Doger es una pieza difícil de manejar, Javier López Zavala es todo un enigma. Literalmente, se encuentra en el limbo político, y parece que no saldrá de ahí hasta finales de febrero o principios de marzo.

 

 

¿Y saldrá hacia dónde? Su destino inmediato, siempre se ha dicho, sería ocupar la dirigencia estatal del tricolor en sustitución de Valentín Meneses, quien no ve la hora de irse a Comunicaciones y Transportes.

 

Las coyunturas de grupo, sin embargo, cada día dificultan la transición de personajes. Y ahí entra la siguiente pieza del tablero: Mario Montero.

 

La dupla de los compadres Montero-Meneses, hasta hoy, es dueña de Gobernación-PRI-Comunicación Social. Tres posiciones en verdad privilegiadas que no quieren perder, sobretodo, para entregárselas al zavalismo. La salida de Valentín del tricolor entregaría la posición para ser ocupada por el mismo Zavala o Alejandro Armenta. Y por muchas ganas que tenga Valentín se irse a hacer negocios al gabinete, la estrategia de grupos se lo impediría.

 

Pero imaginemos que Javier López Zavala en verdad llega al PRI. Probablemente cometería el error más grave que lo pondría en predicamento a él y a su jefe. ¿Por qué? Pues porque es precisamente lo que los RBD´s  del priísmo –Islas, Jesús Morales y Doger- esperan para reventar la sucesión. ¿Cómo entregar el partido a quien sería juez y parte? ¿Cómo podría unificar Zavala a los grupos rumbo al 2009, cuando todo mundo que sería para beneficiar su proyecto político? ¿Cómo garantizar equidad en la sucesión y evitar una ruptura, si el precandidato acusado de delfín se apodera de la estructura partidista?

 

Imaginemos otra jugada: Zavala no va al PRI, sino que regresa al gabinete en una posición importante, que no sería otra que la SEP o SEDESO. Primero tendría que desplazar a alguno de sus aliados Armenta o Carmona. La avalancha de acusaciones al interior y al exterior del gobierno sería inminente: Zavala dispondría de recursos públicos y programas sociales para continuar su Proyecto. Otra razón de fondo, sin embargo, se cruza en el camino: si López Zavala regresara al gobierno estatal, lo haría en un posición de inferioridad con respecto a Montero, secretario de Gobernación y coordinador del gabinete. Y ya se sabe que el que las hace no las consiente. Así como Zavala obstruyó desde Gobernación todo lo que no convenía a su Proyecto Z, ahora recibiría el mismo trato.

 

Incluir a Mario Montero y Zavala en el gabinete, al mismo tiempo, provocaría la parálisis del gobierno, ya que ambos llevarían su guerra de posiciones al núcleo del marinismo. Una guerra de posiciones que amenaza con salirse de control una vez que se ha trasladado a espacios inimaginables, como la jefatura de prensa en el Congreso –donde los dos quedaron tablas- y ahora se moverá al Poder Judicial, ya que ambos quieren meterle mano al nombramiento de la magistratura vacante y al nuevo titular del Tribunal Superior de Justicia.

 

Para nuevo magistrado, Zavala apoya al juez Helmo Mayoral, presidente del Colegio de Jueces. Montero puja por su cuñado, el juez de Atlixco Miguel Ángel Chávez Castañeda, quien incluso el viernes pasado organizó una comida para festejar el virtual nombramiento.

 

Las piezas están listas para moverse y Marín tiene un mes para calcular todas las variables. Las combinaciones son múltiples, sobretodo si se trata de generar un equilibrio entre los grupos que ya desataron sus ambiciones. La otra opción es abrir el juego para una pieza determinada, y precipitar el rumbo de los siguientes dos años en una ola de rupturas e inestabilidad sin fin. Lo dicho: más que nunca, Marín requiere una profundidad extraordinaria para elaborar el plan maestro del juego. Sobre sus decisiones penderá la unidad del marinismo,

 

 

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