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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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¿Temida o querida?

 

 

En el conjunto de una obra genial como El Príncipe, algunos párrafos refulgen con brillo propio. Uno de mis favoritos, incluido en el capítulo XVII, refiere la añeja discusión acerca de si, en el ejercicio del poder, es preferible ser temido que amado. Una experiencia muy cercana a lo que le ocurre a Blanca Alcalá, quien el segundo nivel de la política poblana se hizo querida, pero que en el salto a una figura de primer nivel debe tomar decisiones dolorosas que probablemente le quiten el apelativo de querida y la hagan una personalidad temida. Y todo ello viene a cuento por las horas claves en la conformación de su gabinete municipal.

 

No puedo menos que alabar el mensaje de endurecimiento de posiciones que envió Alcalá ayer con varios columnistas. A pesar del veto del gobernador, Víctor Giorgana será incluido en la administración municipal como una especie de súper asesor, un jefe de gabinete en el que serán centralizados plenos poderes. Así, atendiendo al viejo apotegma de que el hombre hace a la oficina, y no la oficina al hombre, aunque a la Secretaría General llegue un adicto al marinismo, no tendrá la confianza de la alcaldesa para operar.

 

Los columnistas convertidos a policías tradujeron el mensaje de forma exacta: Blanca Alcalá está desafiando al gobernador, y sufrirá las consecuencias por su episodio de envalentonamiento. A la autonomía le llamaron una “señal de guerra” por convertir a Víctor Giorgana en su “Mouriño poblano”.

 

No entiendo el pecado ni la acusación. Para los habituados a vivir en el servilismo, el vasallaje es la única condición de vida posible. Blanca Alcalá, mujer de ideas y formación académica, probablemente encontró en la intolerancia y la cerrazón un mecanismo detonante para endurecer su posición. Y es que si en aras de mantener una buena relación con el gobierno estatal aceptó incluso la ignominia de admitir a un Marín en el gobierno municipal, y entregó las áreas centrales de seguridad pública y gobernación, parece absurdo que no la dejen nombrar a su equipo de confianza. Ignoro si Víctor Giorgana y su plan de reingeniería administrativa para el gobierno municipal sean una panacea para Puebla. Lo que sí tengo claro es que Blanca Alcalá tiene derecho a nombrarlo donde mejor le funcione y mejores ideas aporte a Puebla.

 

Tomar decisiones es difícil, y Blanca Alcalá empieza a sufrir las cuitas del poder. Por ello regreso a Maquiavelo: mientras la sumisión genera la aceptación de todos modos, la autonomía es una posición incómoda para aquellos que pretenden ejercer de titiriteros a costa del prestigio ajeno. Endurecer la posición significa dejar de ser querida – o cómoda- para empezar a ser temida. Tristemente, es el único camino que tiene si en verdad desea comandar ella misma su gobierno y cosechar sus propios aciertos y sufrir sus propios errores.

 

Lo dice así Maquiavelo en su célebre capítulo XVII: “Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado. Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro. Mientras les haces bien, son completamente tuyos: te ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, pues -como antes expliqué- ninguna necesidad tienes de ello; pero cuando la necesidad se presenta se rebelan. Y el príncipe que ha descansado por entero en su palabra va a la ruina al no haber tomado otras providencias; porque las amistades que se adquieren con el dinero y no con !a altura y nobleza de alma son amistades merecidas, pero de las cuales no se dispone, y llegada la oportunidad no se las puede utilizar.

 

“Y los hombres tienen menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo que no se pierde nunca. No obstante lo cual, el príncipe debe hacerse temer de modo que, si no se granjea el amor, evite el odio, pues no es imposible ser a la vez temido y no odiado; y para ello bastará que se abstenga de apoderarse de los bienes y de las mujeres de sus ciudadanos y súbditos, y que no proceda contra la vida de alguien sino cuando hay justificación conveniente y motivo manifiesto; pero sobre todo abstenerse de los bienes ajenos, porque los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio. Luego, nunca faltan excusas para despojar a los demás de sus bienes, y el que empieza a vivir de la rapiña siempre encuentra pretextos para apoderarse de lo ajeno, y, por el contrario, para quitar la vida, son más raros y desaparezcan con más rapidez”.

 

La ruta es unívoca: si Blanca Alcalá cede en el primer lance fundamental, que se prepare a ser sometida todo su trienio. Pero si logra un punto de equilibrio en su relación con el gobernador, habría que tomarlo como una forma de ganar respeto.

 

El poder, así como tiene goces, también tiene pesares. Y uno de ellos es dejar de ser querido para empezar a ser temido. La política, como diría Manuel Bartlett, es un juego de fuerza

 

 

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