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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El lorito que se creía jurista

 

 

Carlos Meza es un lorito educado en el sexenio de un famoso ex gobernador; un buen abogado que se quedó retrasado respecto de toda su generación. Sus compañeros de viaje se emanciparon a tiempo para poder convertirse en figuras públicas. Todos, excepto el notario público que apostó por pedirle prestado su cerebro al ídolo de su vida y replicar sin ton ni son la retórica nacionalista. El bartlismo, así, se desmembró con los años para convertirse en una categoría del pasado lejano. Mario Marín llegó a gobernador; Jorge Estefan se codea con las figuras nacionales desde la Comisión de Hacienda; Blanca Alcalá alcanzó la presidencia municipal; Enrique Doger fue rector de la BUAP y alcalde, y Luís Antonio Godina es un consultor de nivel nacional.

 

¿Y cuál es el sitio que la historia reservó Carlos Meza? Dirigente municipal del tricolor. ¡Ah pa`puestezazo! De muy alto nivel y que un día ocuparon, con perdón de Blanca Alcalá, todos los grandes loosers de Puebla.

 

Con la presidencia del Comité Municipal priísta, Meza alcanzó por fin el huesito que tanto persiguió desde el principio del sexenio marinista. En el 2004 se imaginaba como el secretario de Gobernación vitalicio que es desde el lejano 1998, una de sus fantasías recurrentes. Con el cerebro alquilado de Bartlett quiso repetir -como el buen lorito que es- que fue el último titular de Gobernación que duró seis años. Pero no. Carlitos apenas duró uno.

 

En medio del escándalo Cacho se soñó Procurador de Justicia sustituyendo a Blanca Laura Villeda como recompensa a sus acertados consejos jurídicos y a los servicios prestados en la campaña. Marín le volvió a dar calabazas. Peor aún, su odiado Ricardo Velázquez sí alcanzó una posición de nivel en el gabinete como Consejero Jurídico y además llevó la batuta de la defensa jurídica del gobernador en la Suprema Corte de Justicia. Sobra decir que la envidia devoró al “jurista” Carlitos.

 

Casi a la mitad del sexenio Meza se imaginó ocupando el lugar de Guillermo Pacheco Pulido al frente del Tribunal Superior de Justicia, puesto digno de quien se piensa un cuasi ministro. Se quedó sentado esperando. Luego de que El Maestro Pacheco llegó a la edad límite de 75 años marcada por la Ley Orgánica, el gobernador volteó a ver a su antiguo mentor y protector León Dumit. Y para el final de sexenio reservó la silla para el gran enemigo de Meza, Ricardo Velázquez. Ironías de la política: si bien le va, Carlos terminará como un poderosísimo dirigente municipal del tricolor y Velásquez como Presidente del Tribunal Superior de Justicia. La vida es una tóm-tóm-bola.

 

La coyuntura de la búsqueda del Tribunal Superior de Justicia provocó pensó que era su oportunidad y buscó a Javier López Zavala para que le diera un empujón en el ánimo del gobernador en aquella famosa reunión del hotel Fiesta Inn. Zavala le dio el avión, Marín nunca lo recibió, y a partir de ese momento comenzaron las críticas a la burbuja marinista.

 

De un momento para otro, Meza se volvió un furibundo antimarinista. Cargó contra la burbuja, especialmente contra Valentín Meneses y Javier López Zavala. Del primero no lo bajó de burro e incluso lo acusó de tener un título apócrifo de licenciado. Al segundo le inició una guerra mediática desde sus colaboraciones en varios periódicos, acusándolo de ser el delfín del gobernador, una imposición que los verdaderos priístas debían impedir.

 

Pero bien decía Porfirio Díaz: perro con hueso en la boca no ladra. Marín, después de cuatro años de prometerle y no cumplirle, por fin  lo volteó a ver para ofrecer un puesto indigno. Y es que diferencia de la carrera de Manuel Bartlett, la de Carlos Meza es un camino descendente sin fin: secretario de Gobernación, diputado local y dirigente municipal del PRI. Cuestión de categorías políticas.

 

Por un puesto sin importancia, además, Meza decidió vender su congruencia para siempre. ¿Cómo podrá volver a señalar con índice de fuego a los priístas que se venden por un hueso? ¿Cómo podrá escribir algo así otra vez?: “De antemano si les digo, que no serviré ni me prestaré a la cargada que se gesta y avecina, ni apoyaré a quienes confunden la gratitud y la lealtad, con la sobrevivencia, ni me prestare a defender más a quienes no solo no lo merecen, sino que nunca valoraron estos conceptos; por el contrario estaré del lado de la prudencia, de la firmeza, de la valentía y del respeto a nuestro instituto y al cumplimiento de sus principios fundamentales, seré el primero en oponerme a las imposiciones anunciadas. Que no les quepa la menor duda, aunque con ello, en el futuro inmediato…  me tundan a coscorrones”, cita textual del artículo con que inició su polémica.

 

Por hoy aquí paramos. Para una siguiente entrega podríamos hablar de su entrañable amistad con el notario Alejandro Romero Carreto y los buenos negocios que han hecho; de los resultados médicos en su estancia en el hospital Betania, y por supuesto, de su gusto exacerbado por la Coca Cola, la bebida más rica del mundo.

 

¿Vamos bien o nos regresamos?

 

 

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