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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Se va un lacayo…¿llega otro?

 

 

José Manuel Cándido Flores Mendoza pasará a la historia de Puebla como el ombudsman más servil que haya tenido la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Si su designación como titular del organismo fue una violación flagrante a la Constitución local y una muestra de la sumisión del Poder Legislativo al Ejecutivo, su ejercicio del cargo por tres años fue verdaderamente indignante. El hombre que no tenía mayor mérito que el haber sido compañero de banca del gobernador durante su paso por la universidad, retribuyó con creces al amigo en su momento de mayor crisis, el escándalo Cacho, escondiendo la cabeza en la tierra al estilo de los avestruces, para ver pasar por delante la mayor violación de derechos humanos que jamás se hubiera conocido. Ahogado en el desprestigio, la poca dignidad que mostró en tres años le alcanzó apenas para rechazar una nueva paliza mediática y anunciar que no buscará su ratificación.

 

El Quéchulac, como la prensa bautizó al personaje que ocupaba la titularidad de la Comisión de Derechos Humanos, recibió el trato de lacayo que siempre asumió ante el gobernador. Porque, ojo, es Mario Marín y no otro el que decidió que habría un nuevo ombudsman, abriéndole la puerta de atrás a Cándido Flores Mendoza. El compañero de banca, en aquél lejano 2005, acudió a Casa Aguayo para pedirle al gobernador su venía para ocupar el cargo que debía designar el Congreso del Estado. Aunque la ley señalaba como requisito de elegibilidad el “demostrar experiencia en la defensa de derechos humanos”, Flores Mendoza nunca pudo exhibir ni siquiera un diploma en la materia, y mucho menos un trabajo respaldado por las ONG poblanas. Sin cumplir con la Constitución, el Congreso lo designó con el voto del PAN.

 

El escándalo Cacho exhibió la mendicidad del personaje, así como su poca calidad moral y credibilidad. Ante la condena unánime de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Presidencia de la Républica, las Cámaras de Diputados y Senadores, así como de la opinión pública, la Comisión Estatal de Derechos Humanos guardó un silencio más que sospechoso. Poco faltó para que lo exonerara a nombra de todos los poblanos, en lugar de ponerse a hacer su trabajo: iniciar una investigación propia para emitir un informe en el que se determinara las circunstancias de la violación de los derechos humanos de la periodistas, así como los funcionarios involucrados en los hechos, incluso si fuera el mismo Mario Marín. No lo hizo, y aunque lo hubiera hecho, nadie lo hubiera tomado en cuenta. Y es que a falta de obligatoriedad en sus recomendaciones, un ombudsman sólo cuenta con la fuerza moral de la credibilidad y la dignidad.

 

Compárese la actuación de José Manuel Flores Mendoza con la del titular de la Comisión de Derechos Humanos en el Distrito Federal, Emilio Álvarez Icaza, en caso de la discoteca New´s Divine, en la que murieron 12 jóvenes por la negligencia de las autoridades capitalinas. Marcelo Ebrard, el jefe de gobierno, se resistía a entregar las cabezas de su Procurador y Secretario de Seguridad Pública. Pero la contundencia del informe de Álvarez de Icaza en su propia investigación, alejada de los intereses de los funcionarios, provocó la renuncia de Joel Ortega. Y todavía más allá: la Comisión recomendó a Ebrard pedir disculpas a los capitalinos por la pésima actuación de sus autoridades. Así lo hizo ayer el jefe de gobierno, presionado por la fuerza moral del ombudsman.

 

Càndido Flores Mendoza nunca tuvo fuerza moral porque desde su designación quedó claro que actuaría como un lacayo. No tenía experiencia en la defensa de derechos humanos y ninguna ONG con prestigio lo respaldó. El PAN se equivocó claramente al avalar su nombramiento. No puede volver a ocurrir lo mismo, ahora que el Quéchulac decidió irse por la puerta de atrás.

 

Tres candidatos ya han alzado la mano: Germán Molina Carrillo, Rodrigo Lazcano y Dolores Aguilar. El primero siempre ha ambicionado el puesto: peleó la designación contra Cándido Flores Mendoza y como premio recibió la primera visitaduría. Su expediente esta manchado por su destitución como consejero del IEE por su clara militancia priísta. El segundo ha logrado el reconocimiento del gremio jurídico desde la presidencia de la Asociación de Abogados. Es un buen candidato, como también Dolores Aguilar, quien dirigiera y fundara la Asociación de Abogadas de Puebla, hoy en conflicto con el gobierno estatal por impedir la llegada de Vanesa Barahona al cargo. Sí, la integrante de la banca Dolce%Gabana, como la bautizó Mario Alberto Mejía.

 

Demos gracias porque Marín se haya cansado del lacayo Flores Mendoza. Ahora habrá que ver quién viene. Y ojala el Congreso tenga algo de dignidad.

 

 

*** Y hablando de rastreros… “Un funcionario público dedicado a madrear, filtrar y dañar la imagen del adversario es NOE VICENCIO VORRATH, sin duda eficiente para el proyecto Z, pero lo malo es que en su canibalismo dejó huellas, que digo huellas, dejó los dedos completos y hasta metió la pata.

 

“Resulta que en borrachera y media, antros y otros deleites, entre prostitutas y varios coñács encima  NOE VICENCIO VORRATH que vive en el fraccionamiento Prados Agua Azul, y que nació el 9 de octubre de 1960, se burló de los adversarios de Zavala y hasta afirmó que él, precisamente él, es el encargado de quitarle de encima a los enemigos de Darío Carmona desde la SEP. Por eso filtró sendos mensajes a diversos “amigos” periodistas, en contra de sus propios compañeros e inclusive en contra de Enrique Doger Guerrero.

 

“Pero ya encarrerado el boquiflojo afirmó que él, precisamente él, fue quien también filtró la información en contra de su ex Jefa, la esposa de Melquíades Morales Flores, cuando era Gobernador del Estado. Escándalo que involucró al entonces Director del DIF en el Estado y que fue regidor en la comuna con Enrique Doger.

 

“Bien dice el refrán, mas pronto cae un hablador que un cojo.

 

“Pero lo pinche del asunto es que es te espécimen de la política poblana es nada mas y nada menos, que el Director Jurídico de la SEP y se desempeñó como Secretario Privado de Doña Alfaro. ¿Qué poca…no?”

 

 

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