Inicio >> Columnistas >>Tiempos de Nigromante

Columnistas

   

Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

[email protected]


 

 

 

 

La narcopolítica llegó para quedarse

 

 

La narcopolítica siempre amerita un narcocorrido al estilo Los Tigres del Norte. La historia de Rubén Gil es la del self made men, un hombre de la cultura del esfuerzo. Un migrante que se convirtió en empresario exitoso gracias a una empresa de fletes y mudanzas – Gil, Movig & Storage- que le trabaja al ejército norteamericano y por lo que sus camiones transitan por las carreteras estadounidenses sin ser molestados. El migrante exitoso que regresa a su tierra y desea trasladar sus triunfos económicos en cargos políticos. Para ello utiliza las relaciones de un socio y compadre –Carlos Olamendi- que le presenta a un candidato a gobernador en pleno ascenso. Hasta ahí, es la gesta que han protagonizado otros migrantes en el país como el Rey del Tomate en San Luis Potosí. Con una enorme diferencia: el dinero de Gil tiene un origen oscuro. Tan oscuro e inconfesable como los motivos que alguien tuvo en el PRI poblano para hacerlo candidato pese a sus negros antecedentes. Una ruta que sigue el dinero del narcotráfico.

 

En el tránsito de sus cuatro años de gobierno, el marinismo sumido entre el desprestigio, la corrupción y la ineficiencia, ha enarbolado la bandera de la seguridad pública para rehacer su imagen ante la sociedad. Puebla, se dice, se encuentra muy alejado de entidades azotadas por el narcotráfico como Baja California, Sinaloa y Tamaulipas. La violencia del crimen organizado no afecta a los poblanos, quienes caminan tranquilos por las calles sin balaceras o militares a su alrededor. En especial, decían que el narcotráfico, a diferencia de casi todo el país, no había corrompido autoridades o policías en el ámbito estatal o municipal. Puebla, estaban orgullosos, era la entidad más segura del país.

 

El discurso se ha derrumbado. El narcotráfico no corrompió a las fuerzas policiales de la región, sino que optó por el camino más corto: se hizo de la presidencia municipal de los territorios en los que distribuía droga. El corredor Izúcar de Matamoros-Cuatla. Y lo hizo bajo las siglas del tricolor. ¿Quién lo dejó pasar al interior del PRI? ¿Quién, a pesar de los oscuros antecedentes, dejo que el narco infiltrara las instituciones de poder en la entidad?

 

Con el escándalo encima todos tratan de sacudirse la figura de Rubén Gil. La historia tiene cuatro personajes clave: Carlos Olamendi, Roberto Marín Torres, Javier López Zavala y Jorge Estefan Chidiac. El primero, actual Alto Comisionado la Atención del Migrante Poblano, fue quien lo trajo a Puebla y lo acercó al equipo de campaña de Marín en el 2004 presentándolo como un migrante exitoso que quería invertir en las regiones más pobres del estado. Las ambiciones de Gil se despertaron desde ahí, y apoyado en sus millones, buscó la candidatura a la alcaldía de Izúcar. Marín no confió en  él y nunca llegó la bendición.

 

Entre el 2004 y 2007 Rubén Gil se dedicó a hacer amistades y negocios apoyado en Carlos Olamendi. En ésos días trabó amistad, por ejemplo, con Javier López Zavala, al que le ofreció dinero para sus futuras aspiraciones a la alcaldía y a la gubernatura. También fue detenido en la Ciudad de México por portación ilegal de armas. La fortuna le sonrió cuando conoció a Jorge Estefan Chidiac en la campaña de éste a diputado federal por el distrito de Izúcar. Se hicieron amigos, y con el tiempo compadres. Su buena suerte, incluso, lo llevó a invertir su dinero –no se sabe si el sucio o el bueno- en una caja de ahorro promovida por la Sedeso de Alejandro Armenta Mier.

 

Llegado el 2007, ahora sí contaba con los padrinazgos adecuados. Jorge Estefan y Zavala utilizaron sus buenos oficios para convencer al gobernador y a Valentín Meneses. 2 millones de pesos aceitaron a Roberto Marín Torres, quien desde la secretaría de Organización tricolor daba los vistos buenos. Algunas voces se alzaron en contra: líderes migrantes con historial limpio alertaron del dinero sucio de Rubén Gil. De igual forma lo hicieron otros aspirantes. De nada sirvió y “El Gavilán”- como lo conoce la DEA- se convirtió en el candidato tricolor. Y apoyado en su dinero sucio, ganó.

 

Fue una mezcla de torpeza y mala suerte, como casi todo lo que le ocurre al marinismo. Torpeza porque nadie supo detener a un migrante con mala fama y que hoy se ha convertido en el primer alcalde fue detenido en EU, casualmente cuando viajaba acompañado por su esposa y Carlos Olamendi para hacerse un transplante de riñón. Lo peor, como siempre, es que piensan que pueden tapar el sol con un dedo. Desde que estalló el narcoescándalo, Mario Montero insistió en fingir demencia absoluta y mantener el absurdo de negar la detención de Rubén Gil. Confirmada el caso por tráfico de cocaína, desde Gobernación seguían diciendo que estaba enfermo y habían enviado a Olamendi a enterarse del caso, cuando el Alto Comisionado fue testigo de la detención.

 

Pura narcopolítica. Y lo que falta.

 

 

> Columnas anteriores

 

 


       

 



     PUBLICIDAD