Inicio >> Columnistas >>Tiempos de Nigromante

Columnistas

   

Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

[email protected]


 

 

 

 

El primer día sin poder

 

 

Un ejercicio prospectivo no le vendría nada mal a Mario Marín. En su íntima intimidad, el gobernador debería empezar a pensar en el martes primero de febrero del 2011: su primer día sin poder. La fecha en la cual ya no dormirá en Casa Puebla y asistirá, seguramente, al Centro Expositor para entregar la estafeta al nuevo mandatario. El día que el teléfono dejará de sonar, los incondicionales habrán encontrado un nuevo amo y comenzará el juicio histórico a su gestión de seis años. La referencia inevitable provendrá del escándalo Cacho, pero más allá de los sucesos que hicieron tambalear su gobierno, el juicio se realizará a partir de dos vertientes. El primero, si logró que su partido, el PRI, se mantuviera unido en el poder. Y dos, los resultados tangibles, en indicadores nacionales, que muestren a los ciudadanos si Puebla es un estado mejor o peor desde que Marín empezó a gobernarlo.

 

La historia sobre si el PRI seguirá gobernando Puebla en el siguiente sexenio se escribe en nuestros días, y falta recorrer mucho camino para conocer si el proyecto transexenal del gobernador llegará a buen puerto con Javier López Zavala o si un viraje inesperado –recurriendo al “Plan B” Armenta, a Enrique Doger o a Jorge Estefan- hará que el tricolor se mantenga en el poder. Muchas jornadas, además, en los que se sabrá si la intención de imponer al delfín del marinismo no terminará en rupturas traumáticas e incluso en el apoyo –abierto o disimulado- de varias figuras y grupos políticos priístas a un candidato de oposición personificado en Rafael Moreno Valle.

 

El juicio histórico a la gestión marinista, eso sí, ha comenzado con los magros resultados en materia de gobierno. La enumeración no es tediosa y ejemplifica los retrocesos que nos hereda Mario Marín, ya no en comparación con una administración eficaz como la de Manuel Bartlett, sino con una mediocre como la de Melquíades Morales. El marinismo, hasta hoy, no supera la prueba de la comparación y la analogía con los dos gobierno anteriores.

 

Los indicadores hablan por sí solos y los saldos se acumulan poco a poco. Puebla retrocedió lugares desde el 2005 y hoy se ubica como la cuarta entidad más corrupta del país según el índice de Transparencia Mexicana. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que durante tres mediciones seguidas nos había colocado en la posición 25 a nivel nacional en materia de desigualdad y combate a la pobreza, nos ubicó en el 2007 en la posición 26. Es decir, en los primeros dos años del sexenio descendimos una posición, y ahora que los recursos del combate a la pobreza están dedicados a la construcción de una candidatura, es previsible que descendamos quizá un par de lugares más de aquí al 2011. Así, el final del sexenio, podría ser el cuarto estado más pobre del país.

 

Aunque en su III informe de gobierno Marín presumió de 46 mil empleos creados en el 2007, el secretario federal del Trabajo, en persona, vino a desmentirlo en una comida en el Club de Empresarios. En realidad, dijo Javier Lozano Alarcón, tan sólo fueron 20 mil, lo que colocó a la entidad por debajo de la media nacional. Para confirmar la decreciente tendencia económica de Puebla, un reporte de e-consulta mostró que el sexenio marinista no ha podido superar las cifras de Inversión Extranjera Directa que tuvo Melquíades Morales en su último año. Los últimos reportes de Hacienda muestran, además, que Puebla tiene los niveles inflacionarios más altos del país. Es decir, los precios crecen mientras la entidad matiene el salario mínimo más bajo, dentro de la Zona C, sin que hasta ahora las gestiones marinistas para ingresar a la Zona B hayan tenido éxito.

 

Sin contexto, Mario Marín, Manuel Bartlett y Melquíades Morales podrían ser lo mismo. Pero no lo son. La diferencia son los recursos de los que ha dispuesto cada uno para lanzar su proyecto de gobierno. El gobierno actual, por ejemplo, triplica los ingresos del sexenio bartlistta,  y a pesar de eso entre 1993 y 1998 se construyó el Periférico Ecológico y se crearon los polos de desarrollo de Angelópolis y San Francisco. El gobierno marinista ya duplica los recursos del sexenio melquidista, y sin embargo, Morales acabó por detonar los proyectos de Bartlett. La diferencia es importantísima: Mario Marín tiene más dinero del que nadie había dispuesto nunca. Y pesar de ello, la dependencia de los recursos federales se mantiene porque el ingreso proveniente de impuestos propios es mínimo, según detalla la secretaría de Hacienda.

 

Malas cuentas hasta ahora: el primero de febrero del 2011 Marín podría dejar la entidad más corrupta del país, la cuarta más pobre y en los últimos diez en materia de desarrollo económico. Pero la cosa empeora, porque el sexenio marinista podría ser el último en que Puebla fue considerada una zona tranquila, alejada de la guerra del narcotráfico que vive el país. La crisis de seguridad pública provocada por la incursión de Los Zetas, así como la aparición de ejecutados y la infiltración del narcotráfico en el poder público a través de Rubén Gil, no tiene para cuándo acabar.

 

Con este panorama, el juicio histórico al gobierno de Marín será implacable: después de que fue gobernador, la entidad, lejos de mejorar, empeoró. Pocas elementos reales para revertir esta tendencia tiene el gobernador: La Célula, prácticamente sin inversionistas una vez que todos están interesados en participar en el Interpuerto Monterrey, no dejará nada para el recuerdo, al igual que el Centro Expositor, ya que iniciada su construcción, ni siquiera sus promotores alemanes, La Messe Frankfurt, aceptan hacerse cargo de su manejo.

 

¿Cómo será el primer día de Mario Marín sin poder? ¿Cuántos de sus incondicionales trascenderán el sexenio? ¿Cuántos tendrán que sufrir la persecución en caso de que el PAN llegara al poder? ¿Cuántos deberán rendir cuentas de los saldos que en materia de gobierno han generado?

 

Quizá ni siquiera les había cruzado por la mente: que Marín, minuto a minuto, se acerca su primer día sin poder. Y el dinero, porque que se hayan amasado fortunas en la oscuridad, nunca dará el mismo efecto que el poder.

 

 

*** Murió el fundador del PAN. Lo conocí como maestro de Derecho Mercantil en la Escuela Libre de Derecho. Formó parte de aquellos panistas originarios en Puebla, a los que despreciativamente los priístas llamaban “místicos del voto”. Los panistas de la brega, aquellos que hacían política pero se mantenían del litigio en sus despachos. Fue el primer diputado federal que ingresó a la Cámara bajo gracias a la reforma electoral que creo a los diputados de partido. Más tarde, fue director jurídico del Banco de Oriente antes de la privatización y dicen algunos allegados que atestiguó la cachetada de Manuel Espinoza Iglesias a José López Portillo. Muchos años, además, fue el representante jurídico de la Curia poblana.

 

En sus últimos años se dedicó a la docencia y a ser utilizado por la nueva generación de panistas que lo invitaban a sus eventos para sacarse fotos con él y legitimarse ante el panismo histórico. El año pasado incluso fue visto en primera fila de un acto proselitista de Blanca Alcalá. Hasta anoche, Rafael Micalco y las figuras como Fraile y Ana Teresa no se habían parado en su velorio.

 

Descanse en paz, Miguel López y González Pacheco.

 

 

*** Mañana, la historia de cómo Mario Ayón conservó la cabeza ante su inminente despido.

 

 

> Columnas anteriores

 

 


       

 



     PUBLICIDAD