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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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La entrega-recepción del Ayuntamiento

 

 

Los hechos siempre suelen pesar más que las suposiciones. Aunque las filtraciones y declaraciones escandalosas alrededor del dictamen de entrega-recepción en el ayuntamiento capitalino presagiaban tormenta, lo cierto es que las relaciones entre Blanca Alcalá y Enrique Doger pasan por un excelente momento. Había ser muy ingenuo para pensar que el nuevo gobierno iba a lanzar una ofensiva en contra de sus antecesores, sobretodo cuando de la lista de observaciones detectadas por el despacho de Rubén Cuevas tan sólo unas cuantas podían considerarse de relativa importancia.  Y más aún: Blanca Alcalá, formada en la institucionalidad priísta, no romperá las viejas leyes del sistema político que el mismo PRI inventó.

 

Los supuestos quebrantos financieros fueron aclarados en tiempo y forma. Ya a finales de la semana pasado, el contralor Mauro Uscanga Villalobos aclaró que de las observaciones señaladas por el despacho auditor no se derivaba algún daño patrimonial. Y que a su juicio, no merecía la pena citar a comparecer a algún funcionario de la administración municipal. Así, todo se encuentra preparado y planchado para que el dictamen final de la comisión de entrega-recepción sea presentado al Cabildo el miércoles próximo. Incluso, la presidente ha comprometido a los regidores que integran dicha Comisión a evitar las filtraciones y declaraciones, con objetivo de evitar enrarecer el procedimiento.

 

Y es que desde el cambio de gobierno, son muchos lo que apuestan por un choque de trenes entre Blanca Alcalá y Enrique Doger, sin que hasta ahora se haya producido. Algunos de los nuevos funcionarios que arribaron al gobierno municipal fueron parte en esa idea de calentar la cabeza. Los más para tapar su inexperiencia y sus primeras metidas de pata, como en el caso de Sergio Vergara Berdejo, que no encontró otra explicación a sus males que achacárselos al pasado. Y los menos, como Juan de Dios Bravo y Gerardo Mejía, por órdenes de Javier López Zavala.

 

La estulticia de aquellos que querían un enfrentamiento entre los alcaldes saliente y entrante los llevó a afirmar absurdos. Uno de ellos fue que el conflicto entre el sindicato y el nuevo gobierno fue provocado por el dogerismo, como si Israel Pacheco Velásquez respondiera a los intereses políticos de Enrique Doger. ¿O no el líder sindical también hizo ver su suerte al ex alcalde? ¿Y resulta que Pacheco, quien se convirtió en dirigente gracias a Mario Marín, de buenas a primeras se bautizó dogerista? Pues claro que no. El origen de la escaramuza debe encontrarse en su final: cuando Marín le jalo la correa a Israel Pacheco, se acabó la beligerancia.

 

Otro de las tonterías que han firmado las plumas zavalistas es que si lo ambulantes se niegan a trasladarse a los predios en los que el nuevo gobierno pretende hacer su reubicación se debe a un complot mongol del dogerismo. Esto es, los líderes de las cinco organizaciones que a lo largo del trienio de Enrique Doger se negaron a aceptar una reubicación y provocaron que el ex edil se ganara criticas de la iniciativa privada, de pronto y milagrosamente, también se convirtieron en sus empleados, cuando ya no tenía ni poder ni dinero. ¿Habrá algún razonamiento más tonto?

 

No: si los ambulantes se niegan a trasladarse es por varias razones y no por órdenes de Enrique Doger. Una, porque el nuevo gobierno desdeñó el predio de Los Matanzo –que sí tiene una buena ubicación comercial- para comprar dos predios –comisión de por medio y compra a precio comercial- que no tienen una ubicación interesante para los ambulantes. Y dos, porque Juan de Dios Bravo tiene interés en mantenerlos en las calles por varias razones. Dice por ahí Zeus Muníve que lo que no suena a lógico, suena a metálico. Y es que por cada día que los ambulantes siguen en las calles, el zavalismo se embolsa de 40 a 50 mil pesos. Además, por supuesto, del consiguiente agaradecimiento político al jefe del clan, Javier López Zavala.

 

Blanca Alcalá, por supuesto, sabe que Doger no tuvo que ver ni con el lío de Israel Pacheco y tampoco en la negativa a la reubicación de los ambulantes. Ella sí tiene perfectamente ubicados a sus enemigos, pero prefiere fingir demencia hasta que llegue el momento adecuado. Entre los potenciales, por supuesto, no cuenta al ex alcalde. Además de las viejas reglas del sistema político, entre ambos se cruzan los acuerdos y los apoyos de la campaña electoral. Es el oficio del político: sólo el apoyo mutuo se avanza. Y quién rompe las reglas, se arriesga a tropezar.

 

El dictamen de entrega-recepción se encuentra plachado casi en su totalidad después de varias reuniones que mantuvieron ex colaboradores de Doger con actuales funcionarios. Algunas de las observaciones eran francamente risibles, como aquellas relativas a las licencias inválidas de Windows y Office 97 en algunas computadores, así como que las actas de cabildo no hayan sido encuadernadas.

 

Las observaciones medianamente importantes también se han ido resolviendo, como el lío provocado por la donación de 147 vehículos chatarras a la asociación Cáritas. Aunque al principio Mariano Saavedra rechazó la donación, ayer el padre Eugenio Lira reconoció que Cáritas sí recibió el parque de automóviles, pero lo revendió por no tener un sitio para guardarlos. Se deriva, entonces, que el negocio lo hizo el director de Cáritas y no los funcionarios dogeristas.

 

Pese a las malas intenciones de muchos, Enrique Doger y Blanca Alcalá seguirán manteniendo una buena relación. No son aliados y mucho menos amigos, pero como buenos políticos saben que en el futuro todo puede pasar. Incluso verse caminando en el mismo bando.

 

 

*** La fiesta del año. Enrique Agüera festejó el sábado pasado los XV años de su hija Brenda con tremenda fiesta en una ex Hacienda por el rumbo de Atlixco. La clase política del marinismo ocupó los lugares estelares, una vez que Mario Marín y su esposa fungieron como padrinos de la más pequeña de las chicas Agüera, quien por cierto debutó ante los poblanos un tema de su primer disco que pronto saldrá al mercado y dicen, la proyectará como la próxima Belinda.

 

Además de Mario Marín, estuvieron presentes sus hermanos Julieta y René, Mario Montero – su papá se encargó del brindis-, Valentín Meneses, Pericles Olivares, América Soto, Alfredo Arango, Javier Sánchez Galicia, Arturo Hernández Davy, Blanca Alcalá, así como los panistas Rafael Moreno Valle y Eduardo Rivera Pérez.

 

Entre los buapachosos: José Ramón Eguíbar, Alfonso Esparza, Sara Amalia Vélez Mejía y Juan José Oroza, todos sus hombres de plena confianza.

 

Felicidades a la quinceañera.

 

 

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