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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Los líos de la Fundación Cáritas

 

 

Nadie entiende el sospechosismo de Mariano Saavedra, director de la Fundación Cáritas, quien insiste en poner bajo sospecha la donación de chatarra que autorizó el Cabildo angelopolitano en diciembre pasado.

Toda la documentación lo hunde irremediablemente y exhibe sus mentiras. Fue él quien solicitó tal dádiva como parte de los trabajos de asistencia social de la Fundación, y quien después de la aprobación del Cabildo firmó contrato con una empresa privada, “Servicios Generales Independientes SA de CV”, para venderle la chatarra en 200 mil pesos. Después, en presencia de testigos, firmó el acta de verificación física de la donación, y autorizó a la misma empresa a recogerla en nombre de la Fundación Cáritas. Recibió el cheque y lo cobró. Por último, después de todo el procedimiento, y ya que Doger había terminado su periodo, le entregó un reconocimiento por su labor social. Todo, por supuesto, se encuentra documentado y solventado ante Comisión de Entrega-Recepción. Tanto que ayer mismo el Cabildo presidido por Blanca Alcalá aprobó por unanimidad –es decir, oposición incluida- tal dictamen.

 

Entonces, ¿a qué diablos juega Mariano Saavedra? O en otras palabras, ¿a qué intereses sirve al poner en duda una donación de buena fe y que ahora el presidente de Cáritas trata de manchar? Sus dichos, en el sentido de que nunca verificó el parque de vehículos y equipo de cómputo, son palabras únicamente porque fue él, y no otro, quien firmó el acta de recepción. Y peor aún: no hay evidencia, por ningún lado, de que el Ayuntamiento o alguno de sus funcionarios negoció con la empresa “Servicios Generales Independientes” la venta de la chatarra, así como el precio a pagar. El soporte documental indica que la firma de Mariano Saavedra aparece en el contrato de compraventa, y que el propio director de Cáritas instruyó a la administración municipal a que entregara el producto de la donación a dicha empresa.

 

Pero supongamos que Mariano Saavedra dice la verdad. Que él nunca verificó el parque de vehículos y equipos de cómputo, y tampoco negoció la venta. Sin embargo, firmó validando todo. ¿De quién es entonces la responsabilidad por la omisión? ¿De Enrique Doger? ¿De alguno de sus funcionarios? ¿Del Cabildo municipal? Vaya absurdo.

 

Las derivaciones van más allá. Suponiendo entonces que Mariano Saavedra aceptó y firmó a ciegas todo lo que le impuso el ayuntamiento capitalino, ¿así se maneja la Fundación de Beneficencia Privada Cáritas, en la que confían al año miles de poblanos y le entregan donativos millonarios para su funcionamiento? ¿Con esa displicencia y descuido? ¿De esa forma maneja un patrimonio millonario destinado a ayudar a los pobres? ¿Qué pensará de todo esto Monseñor Rosendo Huesca y Pacheco? ¿Le gustará que se ventile en público los asuntos privados de Cáritas?

 

Porque ahí viene la parte más sospechosa. Después de que en el marco de la aprobación del proceso de Entrega-Recepción se filtró el “extravío” de los 147 vehículos, el presidente de Cáritas declaró al diario digital e-consulta que nunca había recibido dicha donación de chatarra, cuando sí lo había hecho. Después, simplemente desapareció del mapa y se volvió inlocalizable. Una semana después, para detener las especulaciones, el vocero de la Arquidiócesis, Eugenio Lira, aceptó que el Ayuntamiento sí había donado a Cáritas los vehículos, pero que como la Fundación no tenía donde guardarlos, decidió venderlos y obtuvo 200 mil pesos.

 

Hasta ahí la historia había concluido. Ayer, sin embargo, Saavedra reapareció para enmendarle la plana a Eugenio Lira y volverse a contradecir afirmando que sí había recibido la donación, pero nunca había verificado físicamente el parque de la chatarra. ¿Entonces?

 

Sólo queda una respuesta que, a su vez, alimenta más el sospechosismo. Detrás de Mariano Saavedra hay una mano negra que busca oscurecer el proceso de entrega-recepción. Pero una vez, los documentos son concluyentes. El director de Cáritos firmó todo. Ahora no puede fingir demencia.

 

 

**** Un panista poblano en la secretaría de la Función Pública. Ahora que están por iniciar las auditorías del gobierno federal al gobierno marinista en materia de obra pública, no estaría de más seguir con lupa el nombramiento de un panista poblano como Subsecretario de la dependencia.

 

Se trata del abogado Sergio Penagos García, egresado de la Escuela Libre de Derecho de Puebla y quien ya fue diputado federal en la Legislatura anterior.

 

Habrá que ver cuáles son sus encarguitos.

 

 

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