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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Variaciones sobre el informe agüerista

 

 

 

Parece difícil resistirse a la ola de elogios –onerosos y gratuitos- que recibe Enrique Agüera con motivo de la construcción del Complejo Cultural Universitario y la rendición de su Tercer Informe de Labores. La crítica periodística, sin embargo, no debe escatimar cuando las cosas se hacen bien. Y visto lo visto ayer por la noche, el rector se merece las expresiones de reconocimiento. Fue tanto, que sus potenciales rivales, e incluso sus aliados políticos, se vieron pequeños. El Complejo Cultural es una realidad no solo para los universitarios, sino para todos los poblanos. Su construcción, al contrario de lo que afirma el propio Agüera, no se realizó en tiempo récord, sino en los tiempos normales de la iniciativa privada. Pero acostumbrados a la ineficiencia y corrupción del sector público, la magna obra en la Universidad Autónoma nos parece fuera de órbita.

 

Y es que en una sociedad necesitada de esperanza y paradigmas modernos, la gestión del Tercer Informe de Labores ofreció ayer eso y más. La última construcción cultural, el Complejo Siglo XXI, requirió de varios meses más de trabajo y una inversión –a precios actuales- muy semejante a los de la obra magna universitaria, que ronda los 900 millones de pesos. Javier García Ramírez, sin querer queriendo, tendría que explicar por qué los megaproyectos marinistas –La Célula, el Centro Expositor, la remodelación de la vía Atlixcáyotl- sufren tantos retrasos y numerosos aumentos de costos. A todas luces, la Dirección de Obras Públicas de la Buap es muchísimo más eficiente que la Secretaría de Obras Públicas.

 

Días antes de su Tercer Informe, Agüera ofreció un recorrido preliminar al gobernador y los directores de medios. Y si la obra parecía impresionante a la luz del día, tomó un aspecto grandioso con su iluminación minimalista, y sobretodo, sus espacios llenos. Un breve vistazo a la Librería Universitaria –desaparecida sin explicación por varios años- ofrece un catálogo comercial, pero también tomos provenientes del Colegio de México, la Unam y varias universidades más. La Plazuela prácticamente fue tomada por mimos, bailarines y músicas, ofreciendo un festival cultural nunca visto en Puebla. La cartelera de las dos salas de cine de arte ya provocó el entusiasmo de los cinéfilos acostumbrados a las pésimas proyecciones de la sala Luis Buñuel. El área destinada al Centro de Convenciones pasó la prueba de sonido con la presentación del contratenor argentino Fernando Lima, famoso por cantar al lado de la soprano Sara Brightman.

 

Al auditorio del Complejo Cultural, diseñado para albergar cómodamente a 3 mil 500 personas, no faltó nadie, ni le falta nada. Por fuera su diseño impresiona, pero por dentro tiene una acústica privilegiada y los mejores instrumentos de sonido e iluminación. Y en efecto, no faltó nadie.

 

Agüera, desde una institución tan noble como la universidad pública, sin tintes partidistas, invitó a todos. Y todos respondieron. Al evento llegaron rectores de otras universidades públicas del país, así como la representación de ANUIES, que el rector poblano dirige en su zona sur. Panistas –Micalco, Lalo Rivera, Moreno Valle, Lagunes, Toño Sánchez, Poncho Bello y el Tigre Toño-, panalistas, perredistas y claro, el grueso de la clase política priísta, encabezada por el gobernador Marín y sus funcionarios, entre los que destacó Zavala por andar negro de la envidia.

 

En un escenario pletórico, rozando los cuernos de la luna, Agüera tuvo la madurez de evadir la trampa del futurismo. En lugar de lanzar un mensaje críptico sobre su mediato futuro político, subrayó la necesidad de permanecer concentrado en los trabajos de la Rectoría y en la Buap. No en la alcaldía, ni pensando en la gubernatura.

 

Y sin embargo, visto lo visto, parece difícil sacar de la carrera sucesoria a Enrique Agüera. Por su eficiencia en la aplicación de los recursos públicos, por la capacidad de convocatoria, y sobre todo, por su tener comiendo de su mano al gobernador Marín, eje supremos de las decisiones del futuro.

 

Sí. Enrique Agüera va con todo.

 

 

 

 

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