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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Los mezquinos y ruines poblanos (el pedestal de los imbéciles)

 

 

 

Todavía deben tener las orejas calientes varios prominentes panistas poblanos. ¿Nombres? Humberto Aguilar Coronado, Jorge Ocejo Moreno, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, Ángel Alonso Díaz Caneja, Francisco Fraile, Ana Teresa Aranda e incluso ilustres desconocidos como Miguel Dessavre. ¿Razón? Todos ellos en parte son destinatarios del regaño que el Presidente pronunció en el homenaje a Juan Camilo Mouriño. Ahí, un Felipe Calderón todavía dolido por la muerte -¿asesinato?- de su número dos, le jaló las orejas a aquello que los analistas identificamos como el panismo tradicional. En pleno golpeteo de su índice al atril, exigió dejar atrás las “las mezquindades, las ruindades que nos impiden servir, que nos impiden hacer el bien y que nos atrapan en pleitos, en envidias. Ruindades sin fin que paralizan la acción del partido, nos alejan de los ciudadanos y además nos hacen perder elecciones”.

 

El regaño no paró ahí, pues siguió arreando parejo, reclamando las envidias del panismo tradicional alrededor de su favorito: “cumplir con el deber ético de ponernos a trabajar, en dejar atrás la mohína, dejar atrás la pereza, de dejar atrás ambición, de dejar atrás la envidia que tanto sufrió él. Ya por último, encontró precisamente a los destinatarios del jalón de orejas: todo el panismo que, reclamando los principios originarios del partido, se escudan en ellos para formar castas privilegiadas que inhiben el crecimiento de los recién llegados al albiazul, como en el caso de Mouriño. “porque es muy fácil pontificar sentados, como dije alguna vez, desde la columna de mármol, desde el pedestal que se convierte, precisamente por la inacción, en pedestal de imbéciles”.

 

Se hablaba, sí, de Juan Camilo Mouriño, pero en la hipótesis encaja perfectamente Rafael Moreno Valle, recién llegado al partido, pero que ha sufrido “las mezquindades y ruindades” de las que habla Calderón en el homenaje a su favorito. Y de ejemplo está ahí, para la historia, la actitud del panismo tradicional frente al Informe Legislativo en el que el senador probó su capacidad de movilización y convocatoria, pero que al mismo tiempo provocó la envidia de los que jamás han podido llenar un auditorio como el Complejo Siglo XXI.

 

Envidiosos y mezquinos. Frente a Germán Martínez, anchos, casi hinchados, los Fraile, Ocejo y Sánchez Díaz de Rivera reclamaron airosos los principios del partido, de la brega y reclamando la cuasi paternidad originaria de su casta divina, frente a los advenedizos como Moreno Valle que aseguran victorias electorales, y al mismo tiempo la venta del alma a cambio de poder. Su pontificación desde “el pedestal de los imbéciles” –como lo llama el presidente- oculta la envidia, la mezquindad y todo aquello que los “hace perder elecciones”.

 

La misma mezquindad de Ana Teresa Aranda que, al terminar el discurso de Humberto Aguilar Coronado, abandonó el auditorio a máxima velocidad y ni siquiera le dio tiempo a Germán Martínez para elogiarla. La envidia con la que El Tigre Beto, Ocejo y Fraile impidieron que Javier Lozano Alarcón, secretario del Trabajo, pudiera dirigir un mensaje a los militantes poblanos –acusándolo, otra vez, de priísta-. La ruindad de Ángel Alonso Díaz Caneja, quien prefirió inventarse uno más de sus inútiles viajes al extranjero con tal de ausentarse del Informe Legislativo, pero que un día sí y otro también martilla a Rafael Micalco y la dirigencia estatal. O el regidor Dessavre, quien montado en “el pedestal de los imbéciles” afirmó que prefería votar por Javier López Zavala que por Moreno Valle. 

 

Mezquinos, envidiosos y hasta imbéciles, que en los días posteriores al Informe Legislativo se dedicaron a descalificar el esfuerzo del senador panista por engrandecer las pobres convocatorias usuales del PAN.

Los acusaron de acarrear el espíritu del PRI al PAN. Incluso, en el colmo de la mezquindad, Ana Teresa ha despreciado la posibilidad de acompañar a Moreno Valle en el 2010 como candidata a la alcaldía.

 

Moreno Valle, ante el embate de los mezquinos, envidiosos y hasta imbéciles, ni sufre ni se acongoja. El Presidente Calderón comparte su desprecio por los panistas tradicionales que le hicieron la guerra a Mouriño. Más tarde que temprano habrá de cobrárselas. Con semejante regaño a cuestas, no es raro que a Ángelo Alonso, Humberto Aguilar y compañía tengan las orejas calientes.

 

 

*** Habrá excelente relación con Gobernación. Los elogios que Mario Montero, el gobernador y otros personajes de la clase priísta han vertido sobre el nuevo secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, no son gratuitos. Todos ellos ya conocen perfectamente al panista, uno de los grandes penalistas del país.

 

Y es que en su despacho, además de trabajar informalmente Diego Fernández de Cevallos, también trabaja otro abogado panista que, al inicio del sexenio calderonista, aspiró a la PGR. Se trata de Julio Esponda, socio de Gómez Mont, y que fue uno de los cabilderos del marinismo en la Suprema Corte de Justicia, en el marco del escándalo Cacho. Y si no, que le pregunten al ministro Fernando Franco Guzmán.

 

Ya se ve por qué habrá excelente relación con Gobernación federal.

 

 

*** Aterriza en el primer círculo del agüerismo. El rector Agüera, después de su apoteósico informe, ha iniciado sus movimientos de cara al futuro. El primero lo anunció ahí mismo, cuando designó a Hugo Eloy Menéndez como director del Complejo Cultural Universitario, lo cual dejó vacante la Secretaría Administrativo, puesto de primer nivel en el organigrama.

 

Ahí llegará hoy, en punto de las 10 de la mañana, el maestro Juan José Oroza, uno de los amigos más entrañables del rector, y que lo mismo lo ha acompañado en la Facultad de Administración que en otras posiciones de poder. Compañeros de banca, Oroza ha sido promovido como una muestra de su lealtad y profesionalismo, llevándolo al primer círculo del agüerismo.

 

Los retos que vienen por delante son muchos para Agüera, y su amigo Oroza estará ahí para apoyarlo.

 

 

 

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