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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Primera Ley del Poder: nunca le haga sombra a su amo

 

 

 

Políticos cultos e incultos, además de tener a El Príncipe como libro de cabecera, comparten el gusto por Las 48 leyes del Poder, de Robert Greene. Para ilustrar algunas circunstancias actuales, después de la inauguración del magno Complejo Cultural Universitario, me permito recuperar algunos párrafos de la obra, referentes la primera y más importante ley del poder: nunca hacerle sombra al amo. Que cada quien saque sus propias conclusiones.

 

“Nicolás Fouquet, el ministro de Finanzas de Luis XIV durante los primeros años del reinado de éste, era un hombre generoso, amante de las fiestas opulentas, las mujeres bonitas y la poesía. También amaba el dinero, dado que llevaba un estilo de vida bastante extravagante. Fouquet era muy hábil y, en gran medida, un colaborador indispensable para el rey; por lo tanto, a la muerte del primer ministro Jules Mazarin, en 1661, el ministro de Finanzas esperaba ser designado su sucesor. El rey, en cambio, decidió suprimir ese cargo. Éstas y otras actitudes llevaron a Fouquet a sospechar que estaba cayendo en desgracia y, por lo tanto, decidió congraciarse con el rey organizando la fiesta más espectacular jamás vista. El motivo oficial de la fiesta era celebrar la inauguración del castillo de Fouquet Vaux-le-Vicomte, pero su objetivo real era homenajear al rey, invitado de honor del agasajo.

 

“Los más notables representantes de la nobleza europea y algunas de las mentes más brillantes de la época -La Fontaine, La Rochefoucauld, madame de Sévigné- asistieron a la fiesta. Moliére escribió una obra teatral para la ocasión, en la cual él mismo actuaría, sobre el final de la velada. La fiesta comenzó con una opulenta cena de siete platos, en la que se sirvieron especialidades de Oriente nunca antes probadas en Francia, así como nuevos platos especialmente creados para la ocasión. La cena fue acompañada por música compuesta por expreso encargo de Fouquet en honor al rey.

 

“Después de la cena, los invitados pasearon por los jardines del palacio. Con el tiempo los parques y las fuentes de Vaux-le Vicompte habrían de inspirar los jardines de Versalles.

 

“Fouquet acompañó personalmente al joven rey en un recorrido por el diseño geométrico de arbustos y canteros florales. Cuando llegaron a los canales que surcaban los jardines, disfrutaron de un espectáculo de fuegos artificiales, seguido por la representación de la obra de Moliére. La fiesta duró hasta muy entrada la noche y todo el mundo coincidió en que nunca antes se habían vivido una celebración tan espectacular.

 

“Al día siguiente, Fouquet fue arrestado por el jefe de los mosqueteros del rey, D'Artagnan. Tres meses más tarde, fue juzgado por desfalco al Tesoro Nacional. (En realidad, la mayor parte de los fondos, de cuyo robo se lo acusó, habían sido sustraídos para la Corona y aprobados por el rey.) Fouquet fue hallado culpable y enviado a la prisión más remota de Francia, en lo alto de Los Pirineos, donde pasó los últimos veinte años de su vida en solitaria reclusión.

 

 

“Interpretación

 

“Luis XIV, el Rey Sol, era un hombre orgulloso y arrogante que deseaba ser siempre el centro de atención. No soportaba que nadie lo superase en inteligencia, en astucia, en elocuencia y mucho menos ser opacado por su “ministro” de Finanzas. Como sucesor de Fouquet, Luis XIV designó a Jean Baptiste Colbert, un hombre conocido por su moderación y famoso por dar las fiestas más aburridas de todo París. Colbert, se aseguró que cuanto fondo líquido hubiese en el Tesoro fuese a parar directamente a manos del rey. Con estos dineros, Luis XIV construyó un palacio aún más espléndido que el de Fouquet: el célebre palacio de Versalles. Empleó a los mismos arquitectos, decoradores y paisajistas que construyeron el palacio de su ex ministro de Finanzas. Y en Versailles, Luis XIV celebró fiestas aún más extravagantes que aquella que costó a Fouquet su libertad.

 

“Analicemos la situación. La noche de la fiesta, al presentar ante Luis XIV espectáculo tras espectáculo, uno más espléndido que el otro, Fouquet tuvo la intención de demostrar su lealtad y devoción para con el rey. Esperaba que aquella fiesta no sólo le permitiera recuperar el beneplácito del rey, sino también demostrar su buen gusto, sus relaciones y su popularidad, subrayando así lo indispensable que era él para el rey  y probando ante éste que sería un excelente primer ministro. Pero en la realidad sucedió todo lo contrario.

 

Cada nuevo espectáculo, cada sonrisa, de apreciación dirigida por los huéspedes a Fouquet hicieron sentir a Luis XIV que sus propios amigos y súbditos estaban más fascinados con el ministro de Finanzas que con él, y que Fouquet hacía indebida ostentación de su fortuna y poder.

 

“En lugar de halagar a Luis XIV con la elaborada fiesta, ofendió la vanidad personal del soberano. Por supuesto, Luis XIV no iba a admitir semejante cosa de modo que encontró una excusa conveniente para librarse del hombre que, sin darse cuenta, lo había hecho sentirse inseguro.

 

“Éste es el destino que corren, con sus variantes de personajes forma y tiempo, aquellos que desequilibran la autoestima de su amo, hieren su vanidad o le hacen dudar de su preeminencia”.

 

Corolario, según Robert Greene: “Esfuércese siempre por lograr que quienes están jerárquicamente por encima de usted se sientan cómodos con su sensación de superioridad. No permita que sus deseos de complacerlos o impresionarlos lo induzcan a hacer ostentación de sus talentos y de su capacidad, ya que ello podrá generar un efecto opuesto al deseado, es decir, inspirar temor e inseguridad en sus superiores. Hágalos aparecer siempre más brillantes de lo que en realidad son... y accederá a la cumbre del poder”.

 

Entonces: ¿fue triunfo o fracaso?

 

 

 

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