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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El cálculo del tiempo, variable marinista

 

 

 

Alguien por ahí lanzó la hipótesis de que la insistencia tricolor para mantener en noviembre la fecha de los comicios del 2010 –en lugar de julio, como dicta la reforma electoral- se debe a un cálculo egoísta y caprichoso de Mario Marín, quien supuestamente afrontaría el riesgo de un desacato constitucional con tal disfrutar plenamente su periodo en el poder, sin que nada ni nadie le arrebate minutos, horas, días o semanas. El corrimiento de los tiempos, según la absurda especulación, le roba cuatro meses de poder al gobernador, un hecho intolerable para el marinismo. Por supuesto que no: el problema del tiempo, ahora que Marín se dedica al ajedrez de alta escuela, es diferente. Vayamos al contrario sensu: ¿para qué quiere el gobernador cuatro meses? ¿Hay alguna diferencia sustancial entre hacer los comicios en noviembre o julio? ¿Cuál es el misterio?

 

Escribe Kasparov en Cómo la vida imita al ajedrez: El peor enemigo del estratega es el reloj. El problema del tiempo, como lo llamamos en ajedrez, lo reduce todo a meros reflejos  y reacciones, a juego táctico. Cuando no disponemos de tiempo suficiente  para evaluar correctamente la situación, la emoción y el instinto nublan nuestra visión estratégica. Ni siquiera la intuición más certera puede funcionar sin ajustar el cálculo”.

 

El cálculo, por supuesto, depende de la correlación de materiales y los objetivos del plan estratégico.

 

Para Marín, después de julio de 2009, comenzará el momento cumbre de su sexenio. Definir a su sucesor.

 

O como diría Jorge G. Castañeda en La Herencia: su momento de mayor poder, también su mayor momento de ceguera. Un sol que alcanza su cenit, pero que en el mismo instante comienza su ocaso.

Para tomar decisión más importante de su carrera política, Mario Marín necesita la mayor acumulación de tiempo que pueda hacer para poder valorar sus piezas en el tablero, la coyuntura en que se mueven, las necesidades del partido, las muestras de lealtad y sobre todo, el movimiento del escenario político nacional. Cuatro o cinco meses resultan básicos para entender quién será el candidato presidencial del tricolor: si Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones o Beatriz Paredes, así como los resultados de la negociación entre grupos. El gobernador necesita esos cuatro o cinco meses extra para analizar la coyuntura nacional u obrar en consecuencia con sus propias piezas.

 

Veamos la línea temporal de acuerdo con los tiempos actuales, sin modificar la Constitución. Para los comicios del 2004, celebrados en noviembre, de acuerdo con diversas fuentes se sabe que Melquiades Morales tomó su decisión en la segunda quincena de enero, días después de su Quinto Informe de Gobierno. Es importante recordar que Chucho Morales Flores, en la boda de Rafael Moreno Valle, ya recorría las mesas del brazo de Mario Marín llamándolo “!Mi candidato, chingao”. La unción oficial del hoy gobernador ocurrió en un Consejo Político Estatal del PRI, celebrado en la segunda quincena de febrero, en el que se recuerda a un Germán Sierra escarbando la tierra con su zapatos mientras los consejeros tricolores votaban a Marín.

 

Es decir, Melquiades Morales tomó su decisión con casi diez meses de anticipación para elecciones previstas en noviembre. Si Mario Marín debiera seguir la misma lógica, o por lo menos una parecida, resultaría que el candidato priísta para el 2010 debería surgir por lo menos en noviembre del 2009.

 

¿Cuál es la diferencia de tiempos entre la sucesión de Melquiades Morales y la de Mario Marín? Pues que en febrero de 2004 la coyuntura nacional estaba muy clara: Roberto Madrazo ya se perfilaba como el candidato presidencial del PRI, y por tanto era conveniente establecer una negociación con el tabasqueño aceptando la candidatura del hoy gobernador.

 

Pero resulta que el adelanto provocado por la reforma electoral altera los tiempos para que Marín entienda la coyuntura nacional, así como la negociación a la que puede llegar con quien se haya perfilado como candidato presidencial del tricolor. En noviembre del 2009, apenas unos meses después de las elecciones federales, el juego todavía no es claro. Y ya se sabe que dependiendo de si es Peña Nieto, Beatriz Paredes o Manlio Fabio, el gobernador jugará con fichas distintas.

 

Me parece la necesidad de ampliar el cálculo sobre sus piezas, así como la coyuntura nacional, han provocado la necesidad de mantener las elecciones en noviembre. O como diría Kasparov: “El tiempo no se gana simplemente por movernos más aprisa o por tomar un atajo. El tiempo a menudo se compra, se intercambia por fuerzas materiales. Una ventaja temporal puede desaparecer si desperdiciamos un único movimiento, si desaprovechamos la oportunidad”.

 

¿O no, Zavala?

 

 

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