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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El priísmo ya tiene rival

 

 

 

Hace unos meses, el priísmo-marinista todavía era optimista: Moreno Valle no será el candidato panista a la gubernatura en el 2010. El ala dura de los albiazules, dígase Yunque, familias custodias o caimanes, no lo dejarán pasar. Ergo, cualquier priísta  puede ser candidato a suceder a Marín, porque cualquiera –léase Montero, Zavala, Doger, Estefan y hasta un burro- es capaz de ganarle a El Tigre, Ana Tere, Fraile o personajes semejantes. Anclados en mecanismo de selección de candidatos premodernos, las llamadas convenciones permitían tales bloqueos. Amparados en la palabrería de los valores del partido, candidatos atractivos y pragmáticos sufrieron el bloqueo y hasta persecución por parte de los pastores.

¿Resultados? El PAN se condenó a ser una fuerza opositora, minoritaria, en el que sus militantes son seducidos por la fuerza de las plurinominales antes por el atractivo de las victorias.

 

El priísmo vivía bien y de buenas, con panistas que también vivían bien y de buenas. Pero el mundo feliz se terminó cuando en abril de este año, una Asamblea Nacional del PAN decidió terminar con el monopolio de sus familias custodias y les arrebató la selección de candidatos para convertirse en un partido ganador que pueda postular abanderados carismáticos aunque no estén identificados con los valores del partido. Con la modificación a sus estatutos y la desaparición de las convenciones para sustituirlas por elecciones abiertas, Moreno Valle aclaró su camino rumbo al 2010. Un alma priísta se apoderó del cuerpo albiazul. Con su golpe de fuerza del sábado pasado, el senador le mostró a la cúpula nacional, a los liderazgos locales, a los presidentes municipales y a todo aquel que quiera enterarse, que se trata de la única posibilidad de victoria para conquistar la gubernatura. Y que aunque no se identifica con la causa de la brega, los grupos locales han decidido que Moreno Valle es el mal necesario del PAN. O que antes de la brega, hay un bien mayor: conquistar el poder.

 

Nunca en la historia moderna del PAN poblano había tenido un acto local de tal envergadura, es decir, sin la presencia de un candidato presidencial. En el 2000, Vicente Fox llenó en el zócalo en la víspera de su triunfo electoral. Pero hace un año, cuando el Presidente Calderón, César Nava y Manuel Espino vinieron a la entidad a celebrar los 20 años de Acción Juvenil, el Complejo Cultural Siglo XXI ni siquiera pudo llenarse en su primer nivel. El sábado, sin embargo, hubo un lleno hasta las lámparas. De los 5 mil que pueden entrar al recinto, por los menos 4 mil 500 eran simpatizantes “movilizados” por el ex priísta, y tan solo medio millar respondía al grupo de Aguilar Coronado. Afuera, además, se quedaron otros mil 500 acarreados morenovallistas. Se dirá: el número es irrelevante porque el priísmo está acostumbrado a realizar actos todavía más multitudinarios.

 

Y es que ahí radica el problema de los tricolores: con la candidatura de Moreno Valle, el priísmo en el 2010 se enfrentará al mismo priísmo. Del otro lado no habrá místicos ni cívicos. Se enfrentarán las mismas prácticas marrulleras, la misma capacidad  de cooptación, el conocimiento privilegiado de liderazgos regionales y mecanismos de control corporativo. Es vieja la frase de que para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo. Pero nunca el lugar común fue tan exacto. Moreno Valle es la cuña perfecta para Zavala, Doger, Montero o cualquiera de ellos. En esencia son los mismos espíritus, enseñanzas comunes. Si no es así, cómo puede explicarse que el senador, al más puro estilo de Melquiades Morales, saludara de beso y abrazo a todos sus acarreados de diez de la mañana al mediodía.

 

El plan maestro de Moreno Valle, además, es más ambicioso que el de convertirse en un simple cacique. Está dispuesto a todo con tal de ganar. La prueba es que incluso baraja la posibilidad de ceder poder y darle a Ana Teresa Aranda la candidatura a la alcaldía al entenderla como su complemente perfecto: mujer, panista dura, y situada por detrás de él en las encuestas.

 

El “efecto Moreno Valle”, por supuesto, debe ser corregir el mapa de ruta de la sucesión priísta, o mejor dicho, regresarlo a la ruta de navegación normal. Para derrotar a Moreno Valle, el priísmo necesitará de la unidad de todos los priístas, aunque parezca verdad de Perogrullo. Y dos, sólo el priísta mejor posicionado en las encuestas deberá salir a la batalla contra el morenovallismo. Los enunciados son lógicos, pero a veces los políticos no lo son por causas variopintas. La más común, creer que la realidad es cómo debe de ser, y no como es.

 

Ya nadie tiene dudas, porque los tiempos han cambiado. Los liderazgos tradicionales de Paco Fraile, Antonio Sánchez Díaz de Rivera y Jorge Ocejo viven su ocaso. Languidecen en un partido que debe cambiar para mantenerse en el poder. Sus quejas del sábado les sirvieron para ejercer su sacro derecho al pataleo, pero no tardarán en alinearse. Las opciones que tienen son limitadas. Una, mantener la pelea y seguir disputando los próximos 20 años las diputaciones y regidurías plurinominales. La otra es unirse para provocar un cambio  de clase política.

 

¿Se imagina, a partir del 2010, a Fraile como secretario de Gobernación, a Lagunes como Procuradora y a Toño Sánchez en el papel de secretario de Finanzas?

 

 

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