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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Farsantes, los de la sociedad civil

 

 

 

La marcha contra la inseguridad, por lo menos en Puebla, resultó en tremendo fiasco. Apenas entre 6 y 8 mil poblanos salieron a la calle para emular el movimiento “Iluminemos México” y quejarse por la ola de violencia que vive la entidad. El fracaso de la movilización no radicó en las causas, sino en los personajes y organizaciones que convocaron una supuesta marcha “ciudadana”, pero que nunca alcanzó tal magnitud.

 

Dos de las cabezas principales, Gabriel Hinojosa y Verónica Mastretta, no pueden llamarse en estricto sentido ciudadanos: el primero ya fue candidato a la alcaldía dos veces y por dos distintos partidos. La segunda, aunque es presidenta del patronato Puebla Verde, fue candidata al Senado de la República bajo las siglas del PRD. ¿Dónde están los apartidistas entonces?


Si la mascarada de poner a políticos en calidad de ciudadanos fue una de las causas, la otra es la consistencia moral de los que trataron de ponerse críticos en contra del gobierno estatal. Y es que salvando el caso de Luis Mora Velasco, quien desde la Coparmex ha mantenido un permanente discurso ante la ineficiencia y la corrupción de la gestión marinista, el resto de los empresarios asistentes son proclives a la administración estatal, en especial el dirigente del Consejo Coordinador Empresarial, Gabriel Huerta, famoso porque su familia otorga apoyos económicos a todos los candidatos del PRI, y a su vez recibe prebendas como la concesión de la Plaza de Toros El Relicario.


Una de las quejas reiteradas de la comentocracia local es acerca de la inexistencia de una sociedad civil poderosa frente al gobierno estatal. La respuesta es sencilla y varias veces la hemos sostenido en este espacio: no puede existir independencia cuando de una y otra forma, todos viven de erario estatal. Los empresarios locales no son empresarios en estricto sentido, sino negociantes políticos, al igual que los líderes “ciudadanos” que recogen beneficios del gobierno estatal. El caso paradigmático es Verónica Mastretta, quien recibió del melquiadismo la operación del Parque del Arte y de la Laguna de San  Baltazar, y que omitió todas sus críticas en contra del marinismo hasta que resultó perjudicada en sus intereses.


El colmo de la marcha contra la inseguridad fue que la presencia “ciudadana” fuera sustituida por grupos católicas de derecha y extrema derecha, que incluso hicieron circular por la calle crucifijos y retablos religiosos, como si se trata de la “procesión del silencio”. ¿Puede haber “ciudadanía” cuando organizaciones como usurpan el membrete grupúsculos como “Movimiento de Amor por San Diego? ¿Y el membrete de “Repaso? ¿Quiénes son o qué defienden?


Por último: entre los poblanos la marcha fracasó, porque por más que me cueste escribirlo, la verdad es que hasta antes del 2008, Puebla fue una entidad segura comparada con la altísima criminalidad del resto del país. ¿Qué hicieron Marín y Montero para que las cosas se descompusieran? ¿En verdad es su responsabilidad y no un resultado del efecto cucaracha por la guerra que se vive en otras entidades? No lo sabemos, y el problema es que no tenemos explicaciones.


La prueba de la ausencia de una gran criminalidad es que la marcha no fue utilizada para demandar la resolución de estridentes casos de secuestro. Tan sólo hubo dos expresiones en ese sentido: el de una socialité divorciada de un poderoso empresario que le quitó sus hijos –y eso no es crimen organizado- y el de una muchachita de 15 años que en verdad sí pinta mal.


Cero sociedad civil. Políticos disfrazados de ciudadanos. Empresarios adictos al gobierno. Personajes sin consistencia crítica. Grupúsculos de extrema derecha que a la primera sacan a desfilar sus iconos religiosos. Casos de secuestro que no son secuestro, sino pleitos conyugales.


¿Y ésa es la sociedad civil poblana? Mejor me quedo con la de Rostros y VIP.

 


*** La guerra que se avecina. Tal y como lo escribimos ayer, la familia Morales Flores ha decidido romper con el marinismo en voz de Jesús, después de la renuncia del secretario de Salud.
¿No que no habría pleito de clanes? La cosa se pondrá buena.

 


*** Rumor sin confirmar hasta el cierre de la edición. Por la noche se desató el rumor de que el vehículo de la subprocuradora Lourdes Nares habría sido baleado. Todas las fuentes consultadas negaron los hechos.

 

 

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