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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El Slim de por aquí cerquita

 

Con el aséptico término “capitalismo amiguista” el economista estadounidense Joseph Stiglitz explicó en los años noventa el por qué los países subdesarrollados seguían siendo subdesarrollados a pesar de las promesas del neoliberalismo. El quid del asunto, dice el Premio Nobel, es que los gobiernos se ven coludidos con empresarios y magnates a quienes les ofrecen ventajas fiscales e inmobiliarias a cambio de apoyo a sus campañas electorales. En otras palabras: los políticos hacen ricos a los empresarios utilizando los recursos públicos o fingiendo demencia a la hora de regular sus negocios. Los empresarios, así, no emprenden nada y no ponen el riesgo su capital, sino que utilizan conexiones y redes partidistas para obtener prebendas. Sin libre competencia, dice Stiglitz, el funcionamiento del sistema se distorsiona porque unos cuantos son beneficiarios de lo que deberían gozar muchos. Ricardo Henaine, visto desde la perspectiva de la economía, es el ejemplo poblano perfecto de ese capitalismo amiguista.

 

El país, sin embargo, está lleno de magnates que han acrecentado su riqueza con las prebendas y beneficios que les otorgan los gobiernos.

 

Y es que Henaine podrá ser calificado de vivales, sí, pero su existencia no podría explicarse sin los gobiernos que lo han beneficiado a él, y a su antiguo benefactor Carlos Peralta. Tres estilos diferentes, tres administraciones distintas, tres gobiernos locales, han acrecentado su fortuna. La perspectiva cronológica nos aclara por qué existen personajes como Henaine. Primero Manuel Bartlett, en los últimos días de su mandato, le entregó a la Fundación Alejo Peralta el comodato de casi 50 hectáreas, casualmente casi contiguas al super desarrollo inmobiliario de La Vista que ya construía Carlos Peralta. El pretexto del ex gobernador educado en Francia fue generar un complejo deportivo y ecológico en la zona. ¿Por qué hacerlo al final del gobierno y en completa oscuridad? Nunca se aclaró.

 

Se fue Bartlett, llegó Melquiades Morales, pero el capitalismo amiguista continuó a pesar de las diferentes educaciones y visiones políticas de ambos ex gobernadores. El hoy senador se dio cuenta que la prometida unidad deportiva ecológica y deportiva no tenía visos de empezar a construirse, por lo que Melquiades nos hizo el favor de quitarle la mitad del terreno. El Tec de Monterrey –otro negocio particular- se quedó con 25 hectáreas, y para ablandar a los Peralta, les dio la propiedad de las restantes 18.7.

 

El capitalismo amiguista, por supuesto, tiene como requisito encubrir las prebendas bajo el manto del beneficio social, y sobre todo, ocultar las entregas caprichosas a los medios de comunicación. Melquiades, por ejemplo, anuncio a la prensa que se trataba de un comodato por 99 años, cuando en realidad transmitió la propiedad. En su rueda de prensa del domingo, el ex gobernador se justificó afirmando que hubo un momento en que se dio cuenta de que el comodato no funcionaria, y por eso cambio a la modalidad de donación onerosa. ¿Y a quién le avisó? Pues solo a su amigo empresario Henaine. Por si fuera poco, el capitalismo amiguista de Melquiades se extendió a entregarle la operación del Aeropuerto poblano en una sociedad, sin que mediara licitación o concurso de por medio.

 

Otro sexenio, igual capitalismo amiguista. El gobierno marinista, por fin se sabe, accedió a modificar la escritura original para quitarle a Henaine las obligaciones que le impuso el melquiadismo y que impedían la venta del Parque Metropolitano, así como el cambio de uso de suelo. Mediante el instrumento notarial 6674 de la notaría pública 55, fechada el 7 de noviembre del 2006, Javier López Zavala, Javier García Ramírez y Gerardo Pérez Salazar –entre otros- liberaron 12.7 hectáreas del parque para uso libre, y redujeron la obligación de ampliar Parque Fantástico en otras dos etapas para crecer al tamaño de Disneylandia, la propuesta original.

 

¿Qué significan los cambios que hizo el marinismo? Pues simple y sencillamente que Henaine ya puede vender o hacer lo que le venga en gana con las dos terceras partes del terreno original que le regaló Melquiades. Y lo puede hacer sin que nadie, ni el gobierno estatal ni ningún ciudadano, puedan impedirlo.

 

La transa se completó por fin. Sucesivamente, Manuel Bartlett, Melquiades Morales y Mario Marín fueron preparando las condiciones para que Ricardo Henaine pudiera obtener una ganancia multimillonaria explotando comercialmente un terreno que originalmente recibió para fines altruistas. Las ganancias se calculan, casi diez años después del regalo original, en 40 millones de dólares.

 

Henaine, por supuesto, no es un especimen único del capitalismo amiguista, aunque sí es el mejor logrado entre los poblanos. A nivel nacional el paradigma es Carlos Slim, quien primero recibió a precio de bicoca a Telmex, y después doce años de gobiernos priístas y ocho de panistas han impedido una regulación competitiva en materia de telecomunicaciones. Salinas también entregó a sus amigos el manejo de los bancos que López Portillo había nacionalizado. Seis años después, Zedillo tuvo que rescatarlos y entregarlos al capital extranjero sin que los amigos tricolores tuvieran pérdidas. Roberto Hernández, así, pudo vender Banamex sin reportar el ISR gracias a que su ex empleado, el secretario de Hacienda, permitió la venta fraudulenta vía la Bolsa de Valores. Así podríamos escribir la historia de los grandes magnates nacionales.

 

¿Y por qué personajes tan distintos y disímbolos como Manuel Bartlett, Melquiades Morales y Marín deciden beneficiar a personajes como Henaine mediante el capitalismo amiguista? Pues porque estos empresarios viven de apoyar campañas electorales mediante aportaciones financieras. Sus apoyos, algún tiempo después, se ven multiplicados gracias al dinero público. Se dice que el dinero no tiene origen ni simpatía partidista, pero en estos seudo empresarios tampoco tiene visión emprendedora. Simple y sencillamente son vividores del dinero público y sus prebendas.

 

Tan no tiene lealtad que Ricardo Henaine, como lo adelantó ayer Mario Alberto Mejía, ahora se apresta a apoyar a Rafael Moreno Valle por ser el aspirante con mayores posibilidades de llegar a la gubernatura, aunque le jure lealtad a su compadre Mario Montero y al PRI.

 

Así se las gastan los vivales, pero también los políticos que necesitan de ellos. O como diría Stiglitz: “la ideología del mercado libre no es más que un ligero disfraz para el anticuado bienestar corporativo: hay que darle a quien tenga las conexiones apropiadas”.

 

 

 

 

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