Inicio >> Columnistas >>Tiempos de Nigromante

Columnistas

   

Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

[email protected]


 

 

 

 

Más se mueven, más se hunden

 

 

Las arenas movedizas cercan al PAN. Mientras las elites del partido se lanzan a la búsqueda de un nuevo dirigente que pueda conducir el proceso interno para elegir candidato a la gubernatura, el PRI los rebasa por la izquierda y la derecha. La encuesta nacional del Gabinete de Comunicación Estratégica a cargo del ex zedillista Liébano Sáenz presentada la noche del miércoles, desagrega datos locales: el imaginario colectivo poblano, con una amplia mayoría, cree que el PRI ganará la gubernatura en julio del 2010. El porcentaje es simplemente aplastante: 69.3 por ciento contra 16.4 que cree en el PAN. El estado de ánimo, pues, beneficia totalmente a cualquiera que sea el candidato del PRI, empezando por Zavala y terminando por Doger. Por el contrario, Moreno Valle, El Tigre Aguilar o Ana Tere deberán remar decididamente contra corriente. Y hasta el momento, no hay piloto que conduzca la nave.

 

Rafael Micalco ejecutó tarde la cultura de la dimisión. El lugar de irse inmediatamente como lo hizo Germán Martínez, se quedó dos meses más, tiempo precioso que le hizo perder a su partido. Secretamente, en el fondo de su corazón deseaba permanecer en el cargo y por ello solicitó su renovación automática recurriendo a los estatutos. El Comité Nacional de César Nava le negó tal posibilidad. Todavía tiró su último anzuelo cuando en la reunión de Comité Directivo presentó las cartas de adhesión de 190 comités municipales, esperando forzar una negociación con los grupos opositores de Aguilar Coronado y Ana Tere. Pero su mando superior decidió que no más. Eduardo Rivera Pérez decidió que su ex fiel Micalco se había acercado demasiado al morenovallismo. Y que de momento esa cercanía debía congelarse, luego de que el senador coqueteó con Aguilar Coronado la posibilidad de enviarlo a la alcaldía.

 

Eduardo Rivera Pérez tiene el sartén por el mango para nombrar a su próximo chofer, digo, al próximo dirigente de Acción Nacional. En la línea de fuego ha colocado rápidamente a dos de sus incondicionales, Leonor Popócatl y Enrique Guevara. Sus perfiles mininos, por supuesto, los hacen inviables para conducir el proceso interno. ¿Qué calidad moral tendrán para frenar a los suspirantes al 2010? Su inexperiencia los inhabilita para llevar las riendas del partido en la contienda constitucional. ¿Qué saben de geografía electoral, conformación de grupos? ¿Qué calidad de discurso opositor podrían presentar, si son negociadores en lo oscurito con el gobierno marinista por instrucciones de Rivera Pérez?

 

El nuevo Paco Fraile parece no decidido a entregar su activo principal, el control del partido. Y aparentemente tiene la mayoría en el Consejo Estatal, pues de los 109 consejeros un grupo numeroso juega con su grupo. En caso de problemas, incluso se aliaría con Pablo Rodríguez para elevar al pequeño de Pablo Montiel. Un títere útil para seguir usufructuando al PAN. Y asegurar su candidatura a la alcaldía, la verdadera obsesión.

 

Pero Moreno Valle, Aguilar Coronado y Ana Tere saben que con perfiles tan mínimos no llegarán a la esquina y serán arrasados. Así que cada quien, por su lado, busca un candidato idóneo que asegure, primero, imparcialidad. Luego calidad moral. Y ya para terminar, un perfil técnico-mediático para competir adecuadamente en el 2010. Casi casi es la búsqueda de la piedra filosofal.

 

Los pesos pesados del PAN, aún con sus grandes diferencias a la hora de buscar la candidatura, saben que no pueden dejarle tal responsabilidad a un empleado de Eduardo Rivera Pérez. Creo que tiene un aliado en César Nava, obligado a recuperar electoralmente al PAN luego del tremendo descalabro en las elecciones federales. O gana, o gana. No hay otro camino.

 

Decía yo el PAN se encuentra cercado por las arenas movedizas: en las próximas semanas, mientras más se mueva, más se hundirán. Los poblanos no tienen confianza en su triunfo del próximo año. Menos la tendrán si la pugna intestina por nombrar a su nuevo dirigente crece. Pero al mismo tiempo es la oportunidad para que los tres grandes del partido hagan su primer pacto: impulsar un nuevo perfil que no responda a los intereses de la facción negociadora de Eduardo Rivera Pérez.

 

 

> Columnas anteriores

 

 

 

 

 


       

 



     PUBLICIDAD