Inicio >> Columnistas >>Tiempos de Nigromante

Columnistas

   

Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

[email protected]


 

 

 

 

Acelerar La Cargada

 

 

 

Crece la certeza al interior de la clase política tricolor que el viernes 16 ocurrirá el momento axial de la sucesión marinista durante el multitudinario festejo cumpleañero de Javier López Zavala, el mismo día en que el mandatario estatal comenzará sus informes regionales, el más importante de ellos el que rendirá en el Complejo Cultural Universitario. Acto de lucimiento gubernamental del que, inusitadamente, han sido opacados los reflectores naturales con que debería haber sido recibido. Y es que para el priísmo ansioso de transitar con éxito al siguiente sexenio, una vez que el ciclo político de la etapa marinista comienza a cerrarse, se ha vuelto más importante qué ocurrirá en el Salón Country Club a qué informará Mario Marín a los poblanos o cuáles serán las señales que enviará en su texto. Ver para creer: en los hechos, la comilona zavalista comienza a generar mayor expectación que el Cuarto Informe del gobernador. En verdad que se trata de un movimiento heterodoxo.

 

Y sin embargo, la paradoja reside en que fue una decisión del gobernador quitarse reflectores y dirigirlos a su secretario de Desarrollo Social cuando le autorizó a festejar su cumpleaños en un acto multitudinario el mismo día que él comenzaría a rendir sus informes de gobierno. Javier López Zavala puede ser acusado de muchas cosas, menos de tonto. No cometería la temeridad política de autofestejarse si no hubiera recibido el visto bueno de El Gran Elector. Queda, sin embargo, un resquicio de duda: ¿Por qué el mismo gobernador decidió devaluarse permitiendo tal festejo? ¿Será, en efecto, la pinche señal que anuncia al próximo gran Tlatoani de la política local? ¿O, por el contrario, Marín ha dejado pasar un acto inusitado de soberbia que hundirá a Javier López Zavala, similar a la que condenó a Lucifer -el más bello de los ángeles- cuando sintió que podía competir con Dios?

 

La diferencia entre ambas posiciones, el cielo de la señal sucesoria o el infierno de la condenación eterna por soberbio, se deposita en el aval o repruebo que Mario Marín le dé a la pachanga zavalista. La presencia de Mario Marín en el Salón Country Club, en los hechos significaría un virtual destape a los ojos de la clase política tricolor. Una transmisión inusitada de poderes en la historia de la Sucesión en México.

 

Por décadas, hemos visto Presidentes y Gobernadores que retuvieron el poder hasta el último segundo, y no entregaron la estafeta cuando les restaban dos años de poder constitucional y por lo menos uno de mando efectivo.

 

Se trata de una aceleración inusitada del ciclo político. Marín ni siquiera ha culminado el suyo con la designación de los dieciséis candidatos a diputados federales del tricolor, cuando parece ya transmitirse la estafeta. Muchos no alcanzan a comprenderlo, y mucho menos a creerlo. Por ejemplo, Carlos Meza Viveros, que en entrevista radiofónica con Alejandro Mondragón se lanzo a la yugular del titular de Desarrollo Social. “A mí muchos priístas me han dicho que tal festejo es una mentada de madres”, dijo con todas sus palabras el dirigente municipal del tricolor, y después afirmó que se trataba de un despropósito.

 

Que no estaba invitado, pero que no iría si lo invitaban. Verdad o mentira lo de la mentada de madres, el priísmo sigue incrédulo, pero a la expectativa.

 

¿A qué podría deberse que Marín decidiera acelerar el final de su ciclo político y anticipar la entrega del poder? Sólo se me ocurre una idea: en vista de las amplias resistencias que genera Javier López Zavala – por varias y variopintas razones-, destaparlo en el Country Club aceleraría también el fenómeno de la cargada. Numerosos liderazgos y poderes fácticos que se han resistido a sumarse al Proyecto Z empezarían a ablandarse para no “quedarse fuera del sexenio”, una vez que está comprobado que vivir en el presupuesto es vivir en el error. Sólo tal suma de adeptos, así como de oposiciones internas claudicadas, darían fortaleza – artificial- a Zavala para enfrentarse a Moreno Valle en el 2010.

 

El problema político, sin embargo, es mayúsculo, porque a vistas del mortal común coexistirían dos gobernadores en el mismo espacio-tiempo: uno, el constitucional –Mario Marín Torres- y otro, el de facto –Javier López Zavala-. ¿A quién dirigirse para tomar una decisión?

 

Del otro lado están los que se niegan a creer, y apuestan porque en realidad Marín no bendecirá con su presencia el destape de Javier López Zavala, y que más bien, su festejo cumpleañero significará su caída por violar la primera Ley de Poder: no hacerle sombra a su amo. La intención zavalista de eclipsar el Cuarto Informe de gobierno sólo es comparable a la rebelión de Lucifer contra Dios: se sintió más bello, poderoso y digno de atención que su patrón. Y Dios castigó a Lucifer condenándolo a ser Satán, degradándolo. La pachanga cumpleañera, así, le quitará el favor del Gran Elector. ¿Si cuando es gobernador ya lo eclipsa, qué le hará después?

 

Se suma a esta postura la lógica y la historia de poder en México: nunca, ningún gobernante ha cedido el poder antes de la franja límite. Y la franja límite de Marín todavía le deja todo el 2009.

 

Es lo que es: la expectativa del cumpleaños zavalista comienza a rebasar en importancia al Cuarto Informe del gobernador.

 

¿Bendecirá Marín con su presencia la unción de Javier López Zavala, o castigará con su ausencia el infinito acto de soberbia? That´s the cuestion, diría Hamlet en la podrida Dinamarca

 

 

> Columnas anteriores

 

 


       

 



     PUBLICIDAD