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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Cuarto Informe: el rumbo tardío

 

 

 

Es inevitable imaginar cómo hubiera llegado Mario Marín a su Cuarto Informe de Gobierno si no se hubiera atravesado en su camino el escándalo Cacho que partió su sexenio a la mitad, lo desprestigió a nivel nacional, enfrió sus relaciones con el gobierno federal e interrumpió el ritmo de la administración, más pendiente de su juicio en la Suprema Corte de Justicia que cumplir todo lo que prometió en la ya muy lejana campaña electoral del 2004. Desde una perspectiva realista, el mandatario sólo ha ejercido su poder a plenitud en los ejercicios 2005 y 2008, pues entre 2006 y 2007 los esfuerzos, pensamiento y energías se dirigieron a mantenerse en el cargo. ¿Qué es, qué fue y qué hubiera podido ser de no haberse inmiscuido con Lydia Cacho?

 

2008, para la administración marinista, representa el año del sosiego. En otras, palabras, el relanzamiento a destiempo, cuando ya se acerca la perspectiva del final. Una etapa de luces y sombras. Claroscuros. Por ejemplo, el presupuesto estatal continuó creciendo exponencialmente y llegó a los 47 mil millones de pesos, 17 mil más de lo ejercido en el primer año del sexenio. Y sin embargo, con tal magnitud de recursos, la administración ha sido incapaz de culminar las magnas obras del sexenio, y mucho menos ponerlas en funcionamiento para ofrecer resultados concretos.

 

Dos obras reflejan la contradicción de grandes ideas y pésima ejecución. La Célula, una  aduana interior que llevaría el desarrollo económico a la zona de Libres, en realidad es un edificio solitario en medio de un páramo. Ninguna empresa internacional ha aceptado asentarse en el puerto seco, y la que ya firmó es una poblana dedicada a la logística, así que de nada deben enorgullecerse. El Centro Expositor, retrasado y con una inversión millonaria, no tiene una empresa experta para manejarlo y convertir a Puebla en la capital de los congresos y ferias internacionales. ¿Para qué tanta inversión?

 

Y sin embargo, el rearranque del sexenio ofreció suficiente fortaleza para enfrentar la amenaza inédita del crimen organizado en la entidad. Puebla dejó de ser un oasis pacífico, y se sumó a la moda nacional de la violencia, las balaceras y las movilizaciones policiacas. Cuatro judiciales cayeron, mientras un enfrentamiento abierto entre Alejandro Fernández y Mario Ayón dividió a los cuerpos estatales de seguridad, que aún así mantuvieron a raya a Los Zetas, que primera vez se mostraron abiertamente para operar y amedrentar.

 

A pesar de todo, en el ámbito de la seguridad, Marín sacó las cosas adelante. Si bien es cierto que perdimos la virginidad en materia de violencia, las cosas no escalaron hasta convertirnos en la entidad de los descabezados y asesinato masivos al estilo La Marquesa, Chihuahua o Yucatán. Quizá será el gran logro que deba cantar en su Cuarto Informe gubernamental.

 

Las áreas de seguridad no fueron las únicas en dividirse, sino el caso de la secretaría de Salud fue lamentable. Por consigna política, Roberto Morales Flores fue congelado en su dependencia, y el desabasto de medicamentos rozó el 80 por ciento. El fuego amigo se convirtió en cosa de todos los días. Cansado de la batalla, el gobernador nombró a una supuesta eminencia para reconducir la dependencia. Pero el caldo salió más caro que las albóndigas, el pues el doctor Antonio Marín, según testigos confiables, en verdad está afectado de sus facultades mentales.

 

Salvo los episodios reseñados, uno de los logros que tuvo el gobernador fue la capacidad de mantener cohesionado a su equipo principal, y bajar el nivel del enfrentamiento con otros grupos políticos, como el de Enrique Doger y Melquiades Morales.

 

En suma, en el Cuarto Año de gobierno Marín recuperó todo su poder y recompuso una administración atrofiada. Pero tampoco hay mucho para presumir: la atrofia y la corrupción carcomieron demasiado el cuerpo gubernamental, y alcanza sólo para las tareas básicas en la perspectiva de que se acerca el tramo final.

 

 

*** Un hipotético enfrentamiento Zavala-Moreno Valle. “Me quedo sorprendido por lo que leo en tus columnas, realmente tienes toda la razón al mencionar que es una sucesión adelantada, algo inusual y extraño, cuando todos los políticos lo que quieren es alargar su periodo en el poder, y no recortarlo. Muy extraño.

 

“Sigo pensando que es MUY, pero muy difícil que Zavala gane una constitucional y más si su rival es Rafael Moreno Valle; el poblano es muy reacio a votar por un personaje fuereño, sin identificación con ningún grupo local socialmente hablando, sin nexos familiares o raíces poblanas, y con la pinta que tiene el líder del Proyecto Z.  El poblano es racista por naturaleza, yo sé que lo reciben, lo cachondean, le mienten y atrás de su salida hablan pestes de él, así es el poblano, no va a cambiar de la noche a la mañana.  En cambio, Moreno Valle tiene profundas raíces poblanas, es blanquito y socialmente aceptado, creo que el senador panista tiene más ventaja si Zavala es su rival, que si se enfrenta a Blanca o al mismo Doger.  El problema para él es llegar a la candidatura, ya que  sabes cómo se las gastan en el PAN.

 

“En fin, veremos qué sigue en esta novela, cuyo reinicio realmente me sorprendió con esa comida de cumpleaños próxima a realizarse, si es que de verdad cuenta con la anuencia del gobernador Marín. Te envío un abrazo y mis parabienes en este 2009”.

 

 

 

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