Inicio >> Columnistas >>Tiempos de Nigromante

Columnistas

   

Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

[email protected]


 

 

 

 

Sucesión in pectore

 

 

 

La narración contrafáctica –detallada ayer- demuestra la imposibilidad de que el destape zavalista sea el Engaño del Siglo perpetrado por el gobernador para embaucar a su hijo político, empresarios, diputados, alcaldes y buscachambas profesionales en una aventura política que a la mera cambiará de dirección. El tiempo para reorientar la estructura burocrática del tricolor y restañar heridas entre todos los engañados es muy poco, una vez que se ha confirmado que los comicios del 2010 se celebrarán en julio, y no en noviembre. El destape supuestamente prematuro ya no lo es tanto: el candidato del PRI a la gubernatura deberá estar listo en noviembre de este año para contender en julio del 2010. Marín no se adelantó dos años, sino apenas unos meses, los suficientes para derrumbar las resistencias que genera el Proyecto Z, y que aparentemente surgen del interior de la ex burbuja marinista.

 

La lectura atenta de los hechos parece no dar marcha atrás. Pero por lo menos existen otras dos hipótesis para derrumbar el mito del El Gran Engaño. Retomo el análisis de la lógica vetusta del mecanismo sucesorio, reliquia de un sistema político que vimos desaparecer pero que resucitó en las inéditas prerrogativas virreinales de las que disfrutan los gobernadores. Retomo un hilo argumental de La Herencia, libro mítico de Jorge Castañeda que desveló el gran misterio del siglo XX: cómo elegían los todopoderosos Presidentes priístas a sus sucesores.

 

Una de las principales lógicas comunes que Castañeda encuentra a lo largo de los procesos históricos reseñados –de Díaz Ordaz a Ernesto Zedillo- es la existencia de dos tipos de sucesiones: las que se resuelven por descarte y aquellas denominadas in pectore. Las primeras se caracterizan por una caída gradual de todos los posibles aspirantes por causas diversas como pérdida de confianza, inmadurez, errores de conducción política, escándalos, de tal forma que el Presidente saliente termina eligiendo al único que llegó a la final. En estricto sentido, el ganador fue el mejor de todos los rivales y mostró una superioridad técnica o política respecto de los demás competidores. Las cartas originales del caudillo otoñal fueron destruidas, y entonces debió improvisar.

 

Por el contrario, las sucesiones in pectore se caracterizan porque casi desde el principio del sexenio el Todopoderoso elige a su sucesor: inventa un juego precisamente para protegerlo y quitarle golpes, pero en esencia él es el conductor, estratega y guardián del proceso. La base del éxito es mantener en secreto, en el fondo de su corazónin pectore- el nombre del ganador. Al final, los demás corredores se dan cuenta del engaño, pero ya es demasiado tarde. Se trata, en esencia de una mascarada que tiene ganador desde el principio. Claro que el beneficiario puede sufrir una caída o un accidente político, equivocarse en las responsabilidades u oportunidades que le brinda el mandatario. Sin embargo, es improbable en la medida en que es protegido desde las alturas.

 

Las trasmisiones Díaz Ordaz-Echeverría, López Portillo- De la Madrid y Salinas-Zedillo son arquetipos de las sucesiones por descarte. Y los procesos Echeverría-López Portillo, De la Madrid-Salinas y Salinas-Colosio son ejemplos de la sucesión in pectore.


Es conveniente resaltar que Castañeda, incluso descubre una lógica binaria. A una sucesión por descarte le sigue una in pectore. A su vez, le sigue otro proceso por descarte y otro in pectore. Díaz Ordaz elige a Echeverría por descarte, pero Echeverría, desde el principio del sexenio, inicia la promoción de López Portillo. El presidente frívolo, a su vez, se va quedando sin cartas a lo largo del sexenio, hasta que elige por descarte a De la Madrid. Este, a su vez, escoge a Salinas desde el inicio y lo va preparando. Salinas, sin embargo, viola la ley histórica, pues escoge in pectore a Luis Donaldo Colosio. Su asesinato provoca el reordenamiento del ciclo histórico, pues elige a Zedillo por descarte, dada la premura del momento y los pocos reemplazos disponibles.

 

¿Por qué ocurre el ciclo histórico descarte-in pectore-descarte-in pectore? Parece que el beneficiario de una sucesión por descarte se fija como objetivo no pasar las tribulaciones del antecesor, por lo que se predispone a proteger una carta a toda costa.

 

Melquiades Morales, el primer gobernador poblano que dispuso de la prerrogativa inédita de nombrar sucesor, claramente vivió un proceso por descarte. Su primera carta, Rafael Cañedo Benítez, murió en la sala de operaciones. La segunda, Carlos Alberto Julián y Nacer, cuando perdió la alcaldía a manos de Luis Paredes. La tercera, el entonces jovencísimo Rafael Moreno Valle fue descartado por inmaduro en algún momento del 2003. La última, Germán Sierra Sánchez, nunca pudo superar en las encuestas a Mario Marín

 

En el caso de Marín asistimos claramente a una sucesión in pectore, pactada desde el inicio del sexenio y reforzada por el ambicioso plan de construir un proyecto transexenal. El gobernador sólo ha tenido dos candidatos: Mario Montero y Javier López Zavala. Una de sus cartas se cayó cuando perdió en el 2006 la elección al Senado de la República. La otra, desde entonces, ha sido mantenida a sangre y fuego. Y después de pasar duras pruebas, como su salida de Gobernación, la negativa a convertirlo en candidato a la alcaldía y su rutilante triunfo en las intermedias del 2007, victoria que le salvó la vida al gobernador, se convirtió en la carta definitiva, por lo que le entregaron el control de la política social y de la estructura partidaria.

 

¿Alguien duda que Javier López Zavala es el hijo político del gobernador y por ende, el beneficiario de una sucesión in pectore? ¿Alguien cree que de última hora, por una ocurrencia, Marín cambiará un plan trazado desde el inicio del sexenio?  

 

 

> Columnas anteriores

 

 

 

 


       

 



     PUBLICIDAD