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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Tres años

 

 

Es difícil escribir sobre un 14 de febrero del 2006 que en apariencia nunca existió y que sido borrado de la memoria colectiva de la mayoría de los poblanos. En la medida en que las secuelas del mayor terremoto político en la historia política de la entidad desaparecieron, también en apariencia el movimiento telúrico desapareció. ¿Qué decir sobre lo que nunca existió? ¿Cómo traer a la memoria un aniversario de un hecho que nunca pasó? Y sin embargo, Puebla se movió. Todos escuchamos lo que escuchamos. Vimos las entrevistas de Televisa. Testificamos la marcha multitudinaria, el acoso de los poderes fácticos, el voto de castigo en julio del 2006 y el derrumbe tricolor. Todo eso ocurrió, pero a tres años de distancia su recuerdo ha palidecido.

 

¿Por qué? Porque también asistimos, testigos fieles, de la recuperación política de Mario Marín. Su acercamiento con líderes empresariales, la cooptación de líderes de opinión y empresas de comunicación. La exoneración practicada por los ministros de la Suprema Corte de Justicia y sobretodo, la incontestable victoria tricolor del 11 de noviembre de 2007, cuando el marinismo mantuvo su mayoría en el Congreso del Estado y sepultó cualquier posibilidad de llevar a cabo un juicio político.

 

Nunca estuvo mejor aplicado: la historia la escriben los vencedores. Marín venció a los poderes fácticos televisivos, al gobierno federal y Felipe Calderón, a las grillas internas del priísmo nacional e incluso al repudio de los poblanos. Con toda justicia, por ello, el gobernador reescribe la historia poblana. Y en ella nunca existió Lydia Cacho, Kamel Nacif, la Suprema Corte de Justicia y la agresividad permanente de los medios nacionales de comunicación.

 

¿Tiene saldos el escándalo Cacho, visto a la distancia de tres años? Aunque la historia se ha reescrito, me parece que sí. A primera vista y simple opinión, el gran daño fue provocado en la imagen de Marín a los ojos de la opinión pública nacional. Prácticamente no hubo comentador de prestigio que condenara al gobierno poblano ante la agresión de los judiciales poblanos. Y aunque con los años la agresividad disminuye –gracias a la operación que durante meses realizó Javier Sánchez Galicia-, de cuando en cuando el gobernador aparece como miembro de la picaresca nacional. Esta mala imagen, que parece sin importancia, podría impedirle continuar su carrera política como miembro de la familia revolucionaria en la Cámara de Diputados o Senadores.

 

Existen otros saldos que no aparecen a simple vista. Los continuos estudios de opinión sobre la imagen del mandatario muestran que hasta antes del escándalo Cacho, el gobernador poblano era uno de los mejores evaluados a nivel nacional, con un promedio de 7.3 acabando el primer año y todavía con el resto del sexenio para crecer más. En pleno ojo de la tormenta la calificación se volvió más que reprobatoria: sólo 3 de cada 10 poblanos aceptaban el trabajo de Marín.

 

A tres años de distancia, las evaluaciones sobre el gobernador poblano se han estabilizado en una calificación promedio al 6.3 Es decir, lejos de la recriminación, pero también lejos de los excelentes números que presentaba a inicios del sexenio. ¿Cuál es el saldo entonces? Una amplia franja de poblanos que nunca recobraron la confianza en su gobernador. Quizá no parezca tan significativo bajar de 7.3 a 6.3. Pero en términos de opinión pública es un porcentaje significativo, y más si pensamos que de seguir su trayectoria nacional, Marín pudo terminar como uno de los mejores gobernadores del país y desde esa posición, buscar una carrera política nacional.

 

En términos administrativos, el escándalo Cacho provocó que el sexenio marinista se partiera por la mitad. Uno año de inicio y planeación, dos de incertidumbre, y el resto para la recuperación. Pero nada es igual.

 

Una copa de vidrio cuando se rompe, a pesar del mejor de los pegados, siempre muestra la fractura.

Lo dicho: Marín se proclamó vencedor y ahora reescribe la historia. Por ello el recuerdo del escándalo Cacho de vuelve inútil en su tercer aniversario.

 

 

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