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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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La teoría de la negociación presidencial

 

 

En contra de la evidencia empírica, algunos periodistas sostienen que el PRI no ganará carro completo, y ni siquiera se acercará al escenario probable del 15-1 o del 14-2. El gobernador Marín, afirman desde su alto oráculo, no quiere hacer enfadar al presidente Calderón. Ni desafiarlo. Y por ello respetará un acuerdo que nadie sabe ni cuándo ni dónde se hizo para que el marcador final se fije en un 8-8. Y del que tampoco parce haber testigos. Nada para nadie: nadie sale ganador pero tampoco hay perdedor. Unas tablas anodinas para una guerra banal.  La afirmación en realidad es peligrosa, porque señala traición. Me explico: si el PRI tiene ventaja en los 16 distritos electorales, para quedar bien con el Presidente deben entregársele por lo menos 8. La traducción es que el próximo domingo el gobernador hará que 8 de sus candidatos pierdan, aunque tienen ventaja en las encuestas. Un fenómeno de desmovilización semejante al ocurrido en el 2006. ¿Puede sostenerse semejante hipótesis?

 

La teoría de la negociación fue esbozada ayer por el periodista Arturo Luna en los siguientes términos:
“Ni Mario Marín ni sus colaboradores y operadores tienen en realidad ningún interés en enfrentarse a Felipe Calderón. Y es que el desgaste sería demasiado y el costo muy elevado; incluso en caso de ganarle, la rentabilidad no luciría tan apetitosa…¿Por qué entonces Marín iría a una guerra que ni su dirigencia nacional quiere librar? ¿Por qué se enfrentaría solito y su alma, como un kamikaze, al gobierno federal? ¿Qué ganaría humillando y aún más: retando a un poder, el presidencial, que sabe dar suficiente cuerda a sus rivales para que se ahorquen?... Si alguien sabe cómo transformar la capitulación en instrumento de poder, ése es el gobernador poblano, el mismo que más que negociar con el PAN para el reparto del pastel electoral, ha dejado correr las cosas para que el PRI gane donde tiene que ganar y pierda donde tienen que perder.


“Es ésta, pues, una guerra falsa. Una bonita puesta en escena, en la que el gobernador hace como que hace todo por llevarse el “carro completo”, pues sabe que no puede enviar una señal de daño innecesario y menos de rudeza extrema a quien habrá de enfrentar, ahí sí con todo y sin contemplaciones, en el 2010. ¿No acaso los expertos en el teatro de guerra aconsejan conocer nuestros límites y elegir cuidadosamente las batallas que se pueden librar?


“De ahí que el domingo próximo, el priísmo poblano ganará sólo donde le interesa y saldrá derrotado en aquellos distritos donde de por sí se eligió a candidatos con perfil perdedor (¿o no después de todo, a eso se les mandó: a perder?). Se hizo en el 2006, con una obviedad que ni sorprendió. Y se volverá a hacer este 2009. Es política real. Reglas no escritas del poder. Cuestión de estrategia y de segmentación de fuerzas. Y más cuando ha quedado claro, clarísimo, que al PRI nacional no le interesa sino volver a la Presidencia, con Enrique Peña o con cualquiera, no este banal, intrascendente, anodino proceso intermedio, en el que lo acordado, acordado está”.


Inundada de especulación, la teoría de la negociación con el Presidente Calderón choca frontalmente con la evidencia empírica en varios frentes. Veamos por lo menos tres de ellos.


Primero. Hasta el último día permitido por el Instituto Federal Electoral para publicar encuestas, todos, todos los estudios coinciden con que el PRI tiene una delantera mayúscula en por lo menos doce distritos electorales, y ventaja mínima en otros cuatro. O por lo menos eso es en lo que coinciden los expertos demoscópicos con mayor credibilidad en la entidad, léase Rigoberto Benítez (Opina), Rodolfo Rivera Pacheco (Beap), Elías Aguilar (Indicadores) y Sergio Cortés (La Jornada de Oriente). ¿Sus estudios están equivocados? ¿Se vendieron? ¿O forman parte de la opereta? Por su prestigio, lo dudo mucho.


Segundo. El desplome panista es una fenómeno nacional, no exclusivamente local. Las encuestas de Reforma, El Universal y Consulta Mitofsky así lo establecen, así como la coincidencia en que el PRI será la primera fuerza política en la Cámara de Diputados. ¿El gobernador Marín ignorará la realidad nacional? ¿Se atreverá a presentarse como la anomalía priísta, perdiendo la mitad de sus distritos, cuando se prevé que el tricolor obtendrá grandes victorias en todo el país? ¿Cómo se lo explicará a Beatriz Paredes o a Enrique Peña Nieto? ¿No lo hará aparecer sospechoso ante los cuadros nacionales? ¿Podrá llegar a una senaduría con tamaña sospecha?


Tercero. La teoría de la negociación presupone un Presidente todopoderoso al que no es conveniente irritar ni molestar, so pena de sufrir un castigo severo. ¿Es verdaderamente Calderón ése mandatario omnipotente? ¿Por qué no hace ganar entonces, me pregunto, a Fernando Elizondo, el candidato panista por Nuevo León? ¿O por qué no gana la mayoría en la Cámara de Diputados? ¿Por qué no somete a los intereses corporativos y empresariales que lo tienen cercado? ¿Por qué no captura a los narcotraficantes más peligrosos del país? ¿Por qué no corre a Elba Esther Gordillo del SNTE? Es más. ¿Por qué no mete a la cárcel a todos los gobernadores que se atrevan a desafiarlo y ganarle en sus entidades? ¿O porque no corre del país a López Obrador, que no se cansa de insultarlo y llamarlo pelele?


La teoría de la negociación es un resabio mental del autoritarismo. Calderón ni todo lo puede, ni todo lo quiere. Carece del poder suficiente hasta para mandar dentro de su partido. Intereses corporativos y empresariales lo tienen cercado. En realidad, de todos modos necesitará al PRI para negociar –como siempre lo han hecho- reformas en la Cámara de Diputados.


Así que todos tranquilos. Nada va a pasar si en realidad el PRI obtiene su 16-0, 15-1, 14-2 o 12-4. El gobernador no sufrirá represalias, ni Calderón podrá intentarlas. Antes que practicar el lúdico ejercicio de la especulación, me quedo con la evidencia científica, tal y como señalan los encuestadores: el PRI tiene en la bolsa 12 distritos y ventaja en los otros cuatro. De ahí partimos. Veremos en qué acaba.

 

 

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