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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El drama de votar el domingo

 

 

Me veo asistiendo el domingo a mi casilla para cumplir el deber ciudadano de sufragar. Tan sólo el acto de imaginar reflejo la inopia de mi boleta electoral. Empadronado en el distrito XII de la capital, mis opciones para entregar el sufragio son prácticamente famélicas. De acuerdo con las encuestas, los dos candidatos principales son Eduardo Morales Garduño del PAN y Leobardo Soto López por el PRI. El primero pertenece a las familias custodias del albiazul y no le conozco mérito alguno. Del segundo nada bueno se puede decir cuando uno descubre que es líder de la CTM, representante del sindicalismo mexicano más pernicioso. Ninguna de las dos opciones me convence. Así que volteo a ver el resto de la boleta en la búsqueda de opciones. Todo para no entregar mi sufragio a la moda idiota del voto nulo.

 

Mi mirada se dirige, naturalmente, a las otras fuerzas políticas. Del resto de los candidatos sólo identifico a Héctor Alonso, quien en esta ocasión se tatuó los colores de Nueva Alianza luego de usar los del PRI y Convergencia. Por este pequeño detalle inmediatamente lo descarto: es un chaquetero Seguimos revisando la boleta. Los demás abanderados seguramente los conocen en su casa. Y eso a lo mejor. María Fernanda Brandes (PVEM), Ana Isabel González (PRD), Victoriano Covarrubias (Convergencia) y Martha Rodríguez (PSD). Ilustres desconocidos.

 

Entonces recuerdo que en las elecciones intermedias nadie vota por los candidatos, sino por los partidos políticos. Que se trata de comicios de estructuras, antes que de personajes. Entonces debo basar mi voto en algunos de los mensajes principales de la campaña. Recuerdo pocos. Aquel de que votar por el PAN es ayudar al Presidente Calderón en su lucha contra el crimen organizado. Pero del otro lado, que Felipe Calderón es el presidente del desempleo y de la crisis económica. De los verdes recuerdo que piden la pena de muerte. Con todo y Mayte Perroni, me parece asqueroso. Pero más acordarme que el dirigente formal de Nueva Alianza es el payasito Kawaghi y la real, la nefasta Elba Esther Gordillo, el factor principal del subdesarrollo mexicano. Del PRD me vienen a la cabeza sus interminables pleitos internos, el vendido de Jesús Ortega y Marianita. Pero Marinita no va a ser diputada, apenas es una actriz infantil.

 

Queda un slogan en la cabeza. “Con López Obrador estaríamos mucho mejor”. Pero no es del PRD, sino del Fapito, engendro que incluye a Convergencia y el PT. Empiezo a decidirme por el PT: el país necesita equilibrios, y salvo el tabasqueño, las mafias económicas se han coludido con políticos de todas las siglas y colores. Pero me viene el affaire “Juanito” en Iztapalapa. Dudo otra vez.

 

Nunca me había sucedido algo así: a la jornada electoral llegaba con varios días previos de elegir mi voto. ¿Será que nada vale la pena en nuestro sistema político? ¿Qué al final los idiotas del voto nulo no eran tan idiotas, sino visionarios? ¿Qué mi confianza en la democracia como la forma de gobierno menos peor es ilusa? ¿Qué debo entregarme a los brazos de Emilio Azcarraga y Salinas Pliego, así como de todos aquellos que buscan desaparecer la reforma electoral para que nuevamente puedan comprarse spots en radio  televisión?

 

¡Bingo! He ahí el sentido de mi voto. ¿Qué partido impedirá la contrarreforma electoral? Piensa rápido, Rueda. El PRI, vía Peña Nieto, duerme en los brazos de las televisoras. Acción Nacional, en su desesperación por retener la presidencia, cederá. El PVEM será una bancada presta a defender los intereses de poderes fácticos. Elba Esther Gordillo acaba de firmar una alianza millonaria con Televisa. Todos descartados. Hay que votar por un partido de izquierda. Convergencia no: Luis Maldonado, de Convergencia, tras bambalinas es un personaje corruptísimo.

 

¿PT o PRD? Mi moneda caerá del lado de alguno de ellos.

 

Mi reflexión final: claro que se puede ir a votar. Una vez más: busquemos opciones para no hacerle el caldo gordo a los anulacionistas. En realidad son golpistas contra la democracia.

 

 

*** Deslegitimar gobernantes a través del voto nulo. “Buen día Arturo, Ante de todo recibe un reconocimiento por tu trabajo periodístico, que enmarca en alguna  forma el avance hacia  la cultura de paz, que se refleja en el respeto que se da a ti y a otros periodistas verdaderamente críticos”.

 

“Considero que la campaña sobre anular el voto, es mediatizar para  guiar al pueblo a las urnas y no consolidar  una cultura abstencionista. Mi opinión con respecto al punto de vista pacifista, es que los pueblos   tienen el  poder político, entendido como legitimadores de un sistema democrático: Que al no asistir a las urnas, convierten este poder en una forma  concreta para ejercer su poder político”.

 

“Recordemos que ya estamos viviendo el comienzo de una cultura donde los gobernantes son ilegítimos a la vista de varios millones de mexicanos.  Por eso una forma de controlar a los representantes populares, es que vean que la gente, al no ir a la urna, ya no  está legitimándoles. El pueblo no es tonto, y regresara a las urnas cuando haya candidatos confiables. Saludos, Manuel Soriano”

 

 

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