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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El talentoso Mr. González Molina

 

 

Gabriel González Molina es un pájaro de cuenta que ayer encontró su merecido después de varios años de pasarse de listo con los poblanos: cobrando un sueldo en la administración pública y trabajando al mismo tiempo como consultor electoral del PRI. Esta vez, a diferencia de las campañas 2006 y 2007, cometió un error garrafal: ofrecer un curso de imagen y propaganda electoral a –en ese momento- doce aspirantes del tricolor a la diputación federal en las instalaciones del Instituto de Productividad Competitiva al mediodía del 27 de enero. Sus justificaciones, así como las de los beneficiarios del curso, fueron de los sublime a lo ridículo después de verse sorprendidos por la reportera Selene Ríos Andraca y el fotoperiodista Ulises Ruiz. Primero afirmó que iban a hacerse un examen de talentos. Más tarde que nunca ocurrió la reunión. La mañana de ayer fue detenido en las instalaciones de la Fepade ante sus varias contradicciones, trasladado al juzgado Décimo de distrito en la capital poblana e internado en el Reclusorio de San Miguel. El crimen no paga.

 

La detención de González Molina es un pequeño placebo para el albiazul poblano luego de que un carro completo les pasara por encima. No borra la victoria arrasadora de 16 distritos, aunque la mancha un poco. El vendedor de espejitos siguió el modus operandi que instauró en las campañas 2006 y 2007: solicitar licencia al Instituto de Productividad Competitiva para irse de genial gurú electoral del dirigente en turno. Tocó el turno de acompañar ahora a Alejandro Armenta, y a punto estuvo de hundirlo con sus locuacidades, como aquella de lucir por todo lo alto a los candidatos tricolores como si fueran para presumirse.

 

La historia de Gabriel González Molina es ampliamente conocida: hace doce años saltó a la fama, precisamente en el carro completo de 1997, con la estrategia de polarización. Era el enfant terrible de Manuel Bartlett. El genio, le apodaron entonces. Desde entonces vive de fraude en fraude. Después de pasar algunos años en la organización Gallup con un puesto de medio pelo, regresó a la vida política local en el 2004 para conducir la elección de Mario Marín a la gubernatura. Al estilo de Ciro Peraloca, entre disparate y disparate, los verdaderos conductores de la campaña fueron Javier Sánchez Galicia, Elías Aguilar y Raúl Velázquez “el chacal”.  

 

De todas formas el gobernador premió su actuación y le inventó un Instituto de la Productividad Competitiva, nombrándolo Alto Comisionado. Llegó un nuevo timo: que gracias a él, la Organización Gallup invertiría 50 millones de dólares para crear su universidad. Nunca llegó ni medio dólar y la organización estadounidense estafó al gobierno estatal. Sólo quedó el letrero pomposo de Gallup University en las lujosas instalaciones del IPPC en Plaza Palmas. El mismo lugar donde cometió su delito con los aspirantes tricolores.

 

Como en la The Talented Mr. Ripley, la novela fabulosa de Patricia Highsmith, González Molina ha hecho de la simulación su forma de vida. Tuvo una primera lección para detener su camino criminal, pero su soberbia le impidió aprender. Fue cuando sugirió al gobernador Marín, en plena tormenta del caso Cacho, asistir a los noticieros de Televisa para dar la cara. Todos conocemos el resultado: sólo se avivó el fuego del linchamiento popular.

 

A partir de ese momento la genialidad de González Molina comenzó a languidecer. Todavía el PRI lo llamó para conducir la campaña del 2006. Los resultados fueron desastrosos. Después metió sus narices en la campaña local del 2007, pero Valentín Meneses y Javier López Zavala lo mandaron por las cocas. Nadie quería trato con el Ciro Peraloca de por aquí cerquita. En ambos momentos, para fungir como consultor electoral, solicitó licencia al IPPC para no desprenderse del pequeño huesito que le da para vivir a pesar de su enorme genialidad.

 

A últimas, González Molina se inventó otra mito genial para vender espejitos: La fundación “Un millón de mexicanos en Talentos”, un membrete que le permite vender como consultor privado las investigaciones financiadas por el erario poblano a través del IPPC. ¿Qué dirán de él ahora en la Organización Gallup? ¿Jim Clifton lo seguirá estimando? ¿Y en Grupo Editorial Reforma donde publica sus artículos cada quincena? ¿Querrán en sus filas a un delincuente electoral? ¿Alguien volverá a contratarlo para realizar exámenes de talentos? ¿O ahora los aplicará a todos los internos de Cereso de San Miguel?

Ver para creer: el talentoso Señor González Molina convertido en un vulgar delincuente electoral. Todo un pájaro de cuentas.

 

 

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