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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Desmitificando la victoria: tsunami rojo

 

 

Melquiades Morales recomendaba ponerse una bolsa de hielos en la cabeza cuando las pasiones políticas dominaban a las razones. Con unos cuantos días de distancia, el mítico triunfo del carro completo de 16 distritos ya no lo parece. O por lo menos se ha devaluado un poco cuando analizamos el conjunto de la votación nacional. Puebla no es isla, y por ello, no fue la única entidad en la que se presentó un carro completo. Analizando las cifras del Programa de Resultados Preliminares del IFE, resulta que los carros completos ocurrieron en 16 de las 32 entidades federativas. De ésos 16 triunfos contundentes, 11 correspondieron al tricolor, 3 al PAN y 2 al PRD. Primera conclusión: Mario Marín no es el único gobernador todopoderoso del país, sino que de su misma especie por lo menos existen otros 16. Y de ellos, diez son del PRI.

 

Encontramos una primera prueba para desmitificar el carro completo del domingo pasado: las victorias del PRI forman parte de un tsunami, una tendencia nacional que barrió al país por completo. Y que en esa ola se subieron Mario Marín, Alejandro Armenta y Javier López Zavala. Dicho en otros términos: el único mítico, emblemático y superlativo carro completo de los últimos años es el 15-0 de 1997. En esa ocasión los electores cobraban al tricolor la supercrisis económica de 1995-1996. El PRI se derrumbaba como un preámbulo a la derrota presidencial. En un entorno de ajuste de cuentas, Bartlett derrotó a la ola azul. Tabasco y Oaxaca fueron las únicas entidades gobernadas por el tricolor que entregaron carro completo junto a Puebla.

 

La situación del 2009 es un giro de 180 grados. La ola azul ha muerto oficialmente, el electorado le cobra la crisis económica al gobierno federal panista, y se alza un tsunami rojo. Segunda conclusión: en un tsunami de carros completos a nivel nacional, la operación electoral de Alejandro Armenta y Javier López Zavala ya no parece tan singular y poderosa como pensábamos. Que es lo mismo que decir que la incapacidad de Rafael Micalco y el panismo local no fue tan ostentosa como nos resultó la noche del 5 de julio. Una bolsa de hielos en la cabeza, por favor.

 

Resulta entonces que, como escribió ayer Héctor Aguilar Camín para Milenio, que las elecciones federales del domingo pasado exhibieron sin pudor el nuevo de factor poder territorial del poder: los gobernadores. Y que en ese sentido Mario Marín es uno de 32 a nivel nacional, con control y eficacia extraordinario en su feudo particular, a pesar de su desprestigio nacional. Y que de esos 32 gobernadores, la mitad obtuvo carro completo para su partido.

 

Algunos datos más para la desmitificación ofrece hoy nuestra colaboradora Marcela Jiménez en su columna Sin Rodeos. Cito algunos párrafos a continuación.

 

“El PRI logra ganar el 5 de julio no en función de votos nuevos con respecto a las elecciones federales del 2006, sino por la negación de los ciudadanos de volver a votar por el PAN (5 millones de votos menos) y el PRD (perdió 8 millones de votos), partidos a los que otorgó su voto hace tres años y que, dado estos resultados, muestran su desaprobación a lo hecho durante este tiempo.

 

“De haberse operado un voto de castigo, tal como muchos analistas sugieren, estos ciudadanos habrían votado por el PRI, pero simplemente no acudieron a las urnas o votaron en blanco.  El abstencionismo y no el incremento de votos es lo que en realidad permitió que ganara el Revolucionario Institucional.

 

“En el 2006, el PRI a nivel nacional obtuvo, en la elección de diputados federales, 11,619,679 votos, mientras que el pasado 5 de julio logró 12,663,292 de votos –ya sumados con los obtenidos en su coalición con el Partido Verde-, es decir, tan solo un millón más. En Puebla no fue la excepción: en el 2006 tuvo 566,468 votos y en el 2009  581,809, lo que significa tan solo quince mil votos extra. Cabe destacar que en nuestro estado el PAN obtuvo la mitad de votos que hace tres años y el PRD cinco veces menos”. Hasta ahí la cita necesaria.

 

¿Cuál es el mérito entonces de la victoria aplastante del domingo 5 de julio? ¿El carro completo es una victoria mitológica, o simplemente una más de las que ocurrieron en la mitad del país. ¿En verdad el gobernador es todopoderoso y por ende, todo lo puede hacer?

 

 

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