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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Modelo sucesorio: la corregencia

 

 

Mario Marín dejará para la historia un nuevo modelo sucesorio, diferente cualitativamente a los dos señalados por Jorge G. Castañeda en La Herencia. El modelo poblano no se basa ni en la designación in pectore ni tampoco en la selección por exclusión. El nuevo modelo está emparentado con la práctica realizada por los Faraones en el Antiguo Egipto conocida como la corregencia. De acuerdo con ella, el gobernante incorpora en vida a su sucesor en la dirección de los asuntos del Estado, cogobernando por un tiempo determinado, de tal forma que al llegar la muerte del Faraón, la transición se hace sin ningún tipo de sobresaltos ni complicaciones. La población se ha acostumbrado a ver en el poder al nuevo Regente, y así se minimiza el riesgo de rupturas o cuartelazos dentro de la elite de poder.

 

Marín practicó el modelo de la corregencia con Javier López Zavala desde el inició de su sexenio. Primero lo nombró su secretario de Gobernación y permitió, en el primer minuto del periodo, la lenta preparación del Proyecto Z para rebasar a otros aspirantes en teoría más cercanos –Mario Montero- o mejor posicionados –Enrique Doger-. Así, sucesión y gobierno se mezclaron desde el inicio. La posición preponderante de Zavala creció en el marco de la crisis provocado por el caso Cacho: encargado de vigilar su defensa y realizar el cabildeo en la Suprema Corte de Justicia, Marín  prácticamente descansó todas las tareas gubernamentales por completo en su secretario de Gobernación y amplió la corregencia.

 

El momento axial probablemente ocurrió en los comicios intermedios del 2007. Urgido de ganar la mayoría en el Congreso local para eliminar cualquier posibilidad de un juicio político, el gobernador envió a su corregente a coordinar las campañas priístas, al mismo que lo hizo candidato plurinominal. La victoria fue tan grande que, un 25 a 1, que ni siquiera pudo entrar al Congreso para operar los temas prioritarios del mandatario. Y nuevamente reinició la corregencia y colocó a miembros del Proyecto Z en posiciones claves: por interpósita persona, Alejandro Armenta, le entregó el control del aparato tricolor. Y a Zavala, su corregente, la máxima prerrogativa: el aparato de política social, el acercamiento con los miles de pauperizados y organizaciones de toda índole, la secretaría de Desarrollo Social.

 

Marín y Zavala, juntos, han cogobernado el sexenio 2005-2011. Y si triunfa el proyecto sexenal, lo más seguro es que también lo harán en el periodo 2011-2017. Ahora uno como gobernador y el otro como senador. El modelo transexenal implicaría que también ya está designado el sucesor de Zavala, que no sería otro que Alejandro Armenta, el second best.

 

Con base al modelo de la correngencia era cuestión de tiempo que el gobernador Marín abriera su juego, tal como lo hizo ayer en la reunión con un grupo de columnistas de varios diarios.

 

El cicló se cerró. La última condición que Mario Marín esperaba para oficializar el destape de Javier López Zavala como la punta de lanza de su proyecto transexenal llegó a principios de la semana, casi al mismo tiempo que el fallo de la Suprema Corte de Justicia. El secretario de Desarrollo Social catapultó su intención de voto a lo largo del primer semestre del año y por fin, después de casi cinco años empeñado en la construcción del llamado Proyecto Z, llegó a la punta de las encuestas entre los aspirantes del tricolor. Las tendencias a la alza de Zavala se combinaron con una caída pronunciada en las preferencias de Blanca Alcalá. Ahora, el amo y señor de la estructura tricolor ya tiene en sus manos el mismo argumento que le dio a Marín la candidatura en el 2004: es el mejor hombre del PRI en las encuestas, sólo unos puntos por debajo de Rafael Moreno Valle. Por ello ahora el gobernador retoma el argumento de elegir al candidato por estudios de opinión y no por la contienda abierta.

 

Hace cinco años, en la presentación del libro “La Sucesión en Puebla” –coescrito por Mario Alberto Mejía y el columnista- se confirmó que Melquiades Morales se había decantado por Mario Marín. Un día después se llevó a cabo el Consejo Político del tricolor que terminó por ungirlo en el Salon Country Club.

 

En esta ocasión Marín eligió un destape mediático, propio de los nuevos tiempos: en un desayuno con columnistas prestigiados, le quitó la capucha a su favorito Zavala y designó a Alejandro Armenta Mier como el second best, aquél con los méritos suficientes para suplir al candidato en caso de una desgracia política o natural, tal y como adelantamos aquí el lunes pasado. En un desayuno con directores y prestigiados columnistas lanzó los nombres con toda la intención de que sus pensamientos sucesorios fueron conocidos.

 

En un estricto sentido, se trata de una confesión sui generis, correspondiente a un destape heterodoxo: sin decirlo todo o comprometerse, en el mejor estilo del llamado oficio político, detalló las razones del porque sí y porque no de cada uno de los aspirantes. O por lo menos de los más importantes.

 

También abrió el paquete de los aspirantes a la presidencia municipal. Una pasarela semejante a la sucesión de Melquiades Morales, paquete amplio en el que cayeron variopintos personajes.

 

La hoja de ruta, el destape mediática ofrecido a la comentocracia estatal definió además los tiempos: antes de navidad se definirá al candidato, que será ungido formalmente después del V Informe de Gobierno.

 

Seis largos meses le esperan a Javier López Zavala: pero es lo de menos. Junto a Marín cogobernó desde el 2005. Y junto a él cogobernará hasta el 2017.

 

¿Es o no un nuevo Maximato?

 

 

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