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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El aterrizaje de la sucesión

 

 

Mario Marín es un jugador agresivo y osado. Mantiene una posición permanente a la ofensiva y corre riesgos en los que no incurren los políticos tradicionales. Gracias a esas dos cualidades trabajó en las cañerías del sistema político local en tres sexenios diferentes y conoció todos los entresijos del poder antes de su arribo al primer plano como alcalde. De igual forma, gracias a su osadía y agresividad le ganó la sucesión a Melquiades Morales a pesar de no formar parte de su grupo político y llegó a la gubernatura para instaurar una nueva dinastía que borró los rastros de cualquier ismo en el estado: Bartlett y Melquiades, los patriarcas ancestrales, fueron borrados por un huracán denominado marinismo. La osadía llegó al grado de diseñar un proyecto transexenal: una dominación política que lo haga una especie de Jefe Máximo local, un espejo de Plutarco Elías Calles y un reflejo de Maximino Ávila Camacho.

 

Un proyecto transexenal es al mismo tiempo dosis de osadía y dosis de riesgo. El último que lo intentó en este país, Carlos Salinas de Gortari, a punto de conseguirlo sufrió un golpe de destino, un impactó kármico, una noción acumulada de riesgos que culminó en la bola de nieve que sepultó su lugar en la historia nacional. Quince años después de proyecto literalmente descalabrado con la muerte de Colosio, el jugador agresivo y osado que fue Salinas permanece en la trastienda del sistema político jugando a recuperar el prestigio perdido y el imperio que llegó a vislumbrar.

 

Las variables de un proyecto transexenal son numerosas y caóticas, casi incontrolables. Apenas una voluntad de hierro y un autoritarismo expreso son capaces de darle forma. Después de cuatro años de intensa preparación y sin el tiempo suficiente para acabar de pulir el producto Zavala, el gobernador Marín entrará a la fase de alumbramiento de una forma apresurada, aunque de ninguna manera podría ser considerada un aterrizaje de emergencia. La reforma electoral que adelantó los comicios locales a julio del 2010 y el criterio que será confirmado por la Suprema Corte de Justicia en aproximadamente tres meses no toma a Marín sin decisión. Por el contrario, al organizar una sucesión in pectore hace mucho tiempo que le pavimentó el camino a Javier López Zavala casi como un coordinador de campaña.

 

La sucesión 2010, antes que cuestión de decisión, parece un problema de cómo aterrizarla. El camino está adelantado desde que el 16 de enero permitió un destape prematuro y heterodoxo. Desde entonces, a los actores políticos y poderes fácticos les quedó claro por dónde iban los tiros de la sucesión: un camino y un proyecto llamado Javier López Zavala. Desde entonces todos los que se resistían, sobretodo al interior de la ex burbuja, han pactado. Unos por gusto y otros por obligación. Unos buscando continuidad y protección. Otros obligados y a regañadientes. Unos a mandado del gobernador y otros por interesados. Unos poniendo un pie en el Proyecto Z y otro en el RMV. Pero la versión oficial es ésa: el marinismo se ha agrupado alrededor del proyecto transexenal diseñado por el gobernador.

 

El último out cayó ayer: el reticente Guillermo Deloya, uno de los principales críticos del secretario de Desarrollo Social, se adhirió al Proyecto Z. Su fundación con la que pretendía reivindicar la poblanidad terminó, en boca de su portavoz Jesús Manuel Hernández, terminó nombrando poblanísimo a Javier López Zavala. ¡Qué ironía! Lo que se pretendió como un instrumento de crítica acabó legitimando la extranjería zavalista. ¿Quién podrá acusarlo de chiapaneco ahora que la Fundación Urbano Deloya, altar de la poblanidad, ya le dio esa calidad al delfín marinista? Resultó que sí: por mucho madrugar se amanece más poblano.

 

Con su grupo político unificado –ya sólo falta por caer Mario Montero- y con el ojo puesto en la resolución de la Suprema Corte que confirmará el adelantamiento de los comicios, Marín entra a la etapa reina: imponer su proyecto transexenal en la realidad del priísmo poblano. Quedan pocos rivales en perspectiva y no se sabe si unirán sus fuerzas para resistir el proyecto transexenal o quedará cada uno peleando su batalla.

 

Enrique Doger, con una buena posición en las encuestas, afirma que resistirá hasta el final, al igual que Alberto Amador Leal. Jorge Estefan Chidiac abandonó la batalla, traicionó la estrategia mediática de su partido, tuvo que tragarse sus palabras y ahora sólo aspira a recibir un cargo en el gobierno federal o integrarse al equipo de Peña Nieto, lo que suceda primero. Enrique Agüera supo leer los hados a tiempo y privilegió la reelección de su rectorado así como la promoción de su grado académico a Doctor.

 

Blanca Alcalá es el gran enigma de la sucesión pues a ciencia cierta nadie hasta dónde está dispuesta a llegar. Por un lado ha resistido el congelamiento financiero dictado desde el gobierno estatal, pero su suplicio no la ha hecho romper violentamente con el grupo de poder como sí lo hizo Doger. Su apuesta vive en las encuestas donde vive encumbrada, pero los últimos estudios indican una curva decreciente producto de los pobres resultados ofrecidos en su gestión. Al final, las apuestas indican que Alcalá morirá de nada porque nadie la ve muriendo en la batalla. Cuestión de estilos.

 

La fase de aterrizaje del proyecto transexenal inicia: las fortalezas reunidas parecen suficientes, lo mismo que insuficientes las resistencias sin agrupar para enfrentar el Proyecto Z. Parece haber, sin embargo, un fallo en el plan: Javier López Zavala no terminó de madurar en las encuestas. O no lo suficiente para enfrentar un rival de envergadura como Rafael Moreno Valle. Ahondaremos pronto en el fallo del plan.

 

 

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