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Los Años Duros de Julieta Marín

 

Hija de la cultura del esfuerzo, la maestra Julieta Marín Torres, candidata del PRI a la Diputación Federal por el Distrito XVI, con cabecera en Ajalpan, narra en esta entrevista –concedida a quien esto escribe y al programa radiofónico “Operación Periodista”, en Punto 10- los pasajes más duros de su vida: cuando en la infancia ella y sus hermanos decidieron venirse a vivir a la ciudad de Puebla dejando atrás Nativitas Cuatempan, una junta auxiliar de un municipio de la Mixteca lleno de carencias y de polvo, como esos pueblos en los que se desenvuelven las historias y las fotografías de Juan Rulfo. Doña Julieta también habla de sus hermanos y de sus padres, y de la lucha cotidiana por vivir y superarse. Cosas de la vida: hoy la maestra es candidata por un distrito en el que cabe, precisamente, Nativitas Cuatempan  

 

Mario Alberto Mejía (MAM): ¿Cuántos años vivió en Nativitas Cuautempan?


Julieta Marín Torres (JMT): Viví hasta los 10 años de edad.


MAM: Sus padres son originarios de allá. ¿Sus abuelos también?


JMT: Así es.


MAM: ¿Y todos sus hermanos nacieron en Nativitas?


JMT: Así es. Definitivamente. Ser de una junta auxiliar, ser hija de campesinos, ser Julieta una campesina, eso le permitió valorar entre el campo y el estudio.


MAM: ¿Usted es la mayor de los hermanos Marín?


JMT. Así es.


MAM: ¿De cuántos hermanos estamos hablando?


JMT: Fuimos trece, de los cuales fallecieron dos hermanitas. Vivimos once y yo sigo siendo la mayor.


MAM: Entiendo que cuando se vienen a vivir a Puebla usted se convierte en un soporte de sus padres. Es decir: le ayuda a sus padres a educar a sus hermanos.


JMT: Definitivamente. Julieta estudia en su pueblo hasta el cuarto año de primaria. El reto de Julieta es salir de su pueblo para lograr una vida mejor para ella y su familia. Me vengo a un internado de hijos de campesinos: el internado “Julián Hinojosa”, que está en la 16 norte. El que Julieta tenga la oportunidad de estar ahí y tener una vida diferente… El dejar el petate, el dejar una cama, el dejar de comer puros frijoles y tomar café, y tomar ya alimentos como la leche, como una sopita calientita… El tener la oportunidad de estudiar. Ya dedicada al estudio, pienso que mis hermanos tienen derecho a esta vida. Tienen derecho a salir del pueblo. Es ahí donde viene el primer reto de Julieta: que los hermanos salgan del pueblo. No fue fácil. No fue fácil, pero lo logramos con la ayuda de un tío que todavía vive. Se llama Benigno y es hermano de mi papá. Él nos ayuda a que mis hermanos también se vayan al internado para niños que estaba… Entonces el “Hermanos Serdán” no existía. El Hospital Universitario no existía. La Escuela de Enfermería no existía. A mis hermanos los ubican en el internado “José Amarillas”, en Tlaxcala.


MAM: Ahí se va su hermano Mario Marín.


JMT: Primero mi hermano Miguel Ángel y mi hermano Flocelo. Después ya nos traemos a Mario.


MAM: Y a Roberto.


JMT: No. A Roberto ya no le tocó ahí. A Roberto ya le tocó estar aquí, porque es de los más chicos.


MAM: ¿A cierta edad, en la infancia, todos en algún momento estuvieron separados por esas circunstancias que me platica?


JMT: Así es.


MAM: Qué duro debió haber sido.


JMT. Demasiado duro. Al venirnos cuatro hermanos ya era más difícil la situación, pues buscábamos algún familiar con quién vivir. Vivíamos con mi abuelita. Después con una tía. Se venía una situación difícil, porque éramos una familia muy pobre. Entonces ya llegaría un momento en que mis padres tenían que venirse a estar con sus hijos, y así logramos que mi madre y mi padre se vengan a la ciudad porque ya estábamos cinco hijos aquí.


MAM: ¿O sea que ustedes prácticamente los jalaron? ¿Ellos seguían en Nativitas y al ver que ustedes empezaron a venir a Puebla decidieron venirse también?


JMT: Sí. Para mi madre no fue fácil. Para mi padre, por su arraigo en el campo, tampoco. Pero ellos entendieron que debían de estar al lado de sus hijos y que sus hijos tenían que estudiar y prepararse para la vida. Ellos deciden dejar el pueblo y venirse, y nos vamos a vivir a la Maximino Ávila Camacho 1202, en donde un cuartito fue nuestro castillo, nuestro palacio.


MAM: En la Maximino, que es hoy la Juan de Palafox y Mendoza.


JMT: Así es.


MAM: Ahí por la universidad.


JMT: Exactamente entre las 12 y las 14 norte.


MAM: Más allá entonces. Por el Barrio de la Luz.


JMT: Exactamente en el Barrio de la Luz. Cuando nosotros llegamos ahí había que sobrevivir porque la situación no era fácil y llegó un momento en que ya no sabíamos dónde era más difícil la vida: si en Nativitas o aquí.


MAM: Para entonces seguía usted estudiando.


JMT: Claro. Pero yo tenía que estudiar y trabajar. En la 3 oriente estaba un mercado conocido como “La Barranca”, y en ese mercado Julieta, al lado de sus padres, tuvo un puesto de verduras. Vendió fruta, vendió abarrotes, pero en pequeño. En chiquito. En un espacio que nos daban en el tianguis: de un metro por un metro. Y los hermanos comen. Los hermanos crecen.


MAM: ¿Y usted también les cocinaba?


JMT: Claro. Ayudando a mi madre.


MAM: Trabajaba, estudiaba y cocinaba. ¿Y qué hacía en sus ratos libres? ¿Tenía ratos libres?


JMT: Pues la familia era lo primero. Después fíjate que el mercado lo quitan y lo construyen donde ahora es “La Acocota”. Porque ahí hay un localito que nos recuerda mucho porque ahí mi madre y yo cambiamos de giro: empezamos a vender memelitas. Las famosas memelitas que nos permitieron buscar el sustento para nuestros hermanos. En esos días todavía nos preguntábamos si continuábamos trabajando o nos regresábamos al pueblo, pero derrotados. Porque te he de decir que en el pueblo había esa mentalidad de que la mujer sólo tenía que estar en su casa, que la mujer no podía participar en algunas actividades. O sea: el machismo y la mentalidad ancestral. A mi padre lo criticaron en algún tiempos: “Crescencio, ¿a dónde vas a llevar a tus hijos? ¿Cómo que vas a sacar a tus hijos de acá, del pueblo? Llegando a la ciudad los hijos se pierden, los hijos toman otro camino”. Pero mi padre, apoyando a sus hijos, dijo: “Yo me voy. Julieta tiene razón. Hay que salir del pueblo. Hay que prepararse para la vida”. Fíjate que Julieta trabajó en el campo. Conoce las actividades del campo. Yo sé sembrar, sé labrar, sé cortar leña.


MAM: ¿Y eso lo aprendió desde niña?


JMT: Desde niña. Y por lo tanto te queda ese golpe duro cuando un año se perdió la cosecha. No llovió. Las tierras de allá, las tierras laborales, son de temporada. Entonces si llueve, se pierde la cosecha. Si no llueve, se pierde la cosecha. Y Julieta, a los 10 años, ya compartía su vida entre el campo y la escuela. Pero te he de decir que cuando era tiempo del campo, tus papás te sacaban de la escuela porque los tenías que ir ayudar. Entonces fíjate: no cursaste todo tu año escolar y luego se pierde una cosecha, y ahí es donde dices: “no es justo que el trabajo que realizaste se perdió. Valió nada. Y eso hace que valores la vida del campesino, que valores la vida de la campesina. Julieta la vivió.

 

*   *   *

 

MAM: ¿En qué momento usted decide estudiar en la Normal?


JMT: Para llegar a la Normal tuve que realizar todas las actividades que te dije. No me da vergüenza. Al contrario. Lo digo porque eso fue lo que formó nuestro carácter y nos enseñó a valorar la vida y a saber lo que es ganarse centavo a centavo. Sobre todo cuando tienes la responsabilidad de una familia y como hija mayor tienes el compromiso de ayudar a tus padres. Porque además tus padres te dicen que como hija mayor los tienes que ayudar a sacar a todos tus hermanos. Julieta asumió ese papel que le tocó como hermana mayor.

 

Pero también quiero decirte que soy una mujer, que soy hija, soy hermana, soy orgullosamente madre de familia, profesionista, y que eso que Julieta ha vivido a lo largo de su vida no lo cambio por nada. Por ejemplo: el campo, la ciudad, la venta de periódicos, de dulces, de todo lo que se pudo: nieve, verduras, memelitas. Por eso recuerdo tanto esos días en que yo les decía a mis hermanos: “o nos quedamos en la ciudad o nos regresamos al pueblo y que la gente se ría de nosotros”.


MAM: ¿Usted les decía eso a sus hermanos?


JMT: Sí. Y así es como mis hermanos dijeron: “no, Julieta, estamos aquí y estamos dispuestos a trabajar todos”. Y así fuimos a comprarles su cajita para dar grasa. Mario vendió periódico, vendió chicles, y Julieta vio el respaldo de los hermanos, de la familia, de estar unidos. Y todos contribuimos. A los más chicos ya no les tocó esta vida. Como dicen: a los mayores nos tocó…


MAM: Abrir la brecha.


JMT: Abrir la brecha. Y ya los chicos gozaron de otras circunstancias. Una vida mejor.


MAM: ¿Qué vino después? ¿Estudió la preparatoria?


JMT: Claro. Estudié la preparatoria. Sólo terminé la preparatoria. Entonces no existía Ciudad Universitaria y como no pude continuar mis estudios, precisamente por la difícil situación que había que sacar primero a los hermanos, tuve que trabajar como obrera en la fábrica donde hoy está nuestro Centro de Convenciones.


MAM: ¿Qué fábrica estaba ahí?


JMT: La Violeta.


MAM: ¿De quién era?


JMT: No recuerdo. Y después trabajé un año en la Galletera de Puebla. Entre el estudio y el trabajo me permitió conocer la vida del obrero.


MAM: ¿A qué hora entraba a trabajar?


JMT: A las 7 de la mañana. Y salíamos hasta las 7 de la noche, porque nos permitían trabajar horas extras.


MAM: ¿En qué área estaba en la fábrica?


JMT: En la Galletera de Puebla: en el llenado de cajas de galletas.


MAM: ¿Y en la textilera?


JMT: De mocita. Luego de ayudante.


MAM: ¿Cuántos años tenía entonces?


JMT: 18. Posteriormente tengo la oportunidad de tener una beca en Salud Pública en 1963, y en enero de 1964 Julieta se va a trabajar como enfermera al Centro de Salud de Atlixco. Ahí laboré de 1964 a 1968. El que Julieta conozca el Sector Salud le permite valorar la presencia de hospitales, la carencia de médicos, de medicamentos. Entonces, como comprenderás, Julieta tiene la oportunidad de conocer esas situaciones y eso le ha permitido valorar más la vida. Después Julieta dice: “quiero tener una carrera terminada”. Y en las tardes me inscribo en la Normal del Colegio Puebla, y en 1968 termino la carrera de maestra.


MAM: ¿Maestra de primaria?


JMT: Maestra de Normal Primaria. En las mañanas trabajo en el Centro de Salud y en las tardes estudio en la Normal. Para entonces Julieta ganaba 520 pesos mensuales y con eso le alcanzaba para sus estudios, para sacar a su familia, para su pasaje, para sus libros. Cuando termino la Normal, me voy a México a buscar mi plaza, porque hasta por una credencial ahí se hacía todo. Para entonces Julieta tenía un mejor sueldo de maestra: mil 120 pesos al mes.


MAM: Le mejoró un poco.


JMT: Sí. Al doble. Porque lo que en Atlixco sacaba al mes, aquí lo sacaba a la quincena. Para entonces los hermanos ya crecieron. Pero también en esos tiempos era difícil, porque mi padre se fue varias veces a Estados Unidos como bracero. Entonces Julieta conoce la situación de la migración. La viví. Cuando mi padre se iba y le iba bien, nos iba bien a nosotros, pero cuando mi padre regresaba mal, pues lo más importante para nosotros era tener a  mi padre con vida y estando con los hijos. Y en esos lapsos en que mi padre se iba, nos permitió salir adelante: luchar y valorar cuán difícil es la situación cuando un miembro de la familia, en este caso mi padre, tenga que alejarse para buscar el sustento de los hijos.


MAM: ¿Los hermanos mayores, aparte de usted, ya estaban trabajando y estudiando?


JMT: Claro. Ahí ya empezamos a compartir. Termina Julieta. Luego termina la Normal mi hermana Alicia. Luego mi hermano Miguel Ángel termina Medicina. Luego Flocelo termina la Normal. Luego mi hermana Tola se convierte en maestra. También mi hermana Hilda. Mi hermano Roberto, Ingeniero Agrónomo. Mi hermano René, ingeniero agrónomo. Mi hermano Enrique, abogado. Mi hermana Luz, doctora. Pero antes, el primer abogado es mi hermano Mario.


MAM: Todos profesionistas.


JMT: Somos once y todos terminamos una carrera. Ahorita cada quien tomó su propio estilo, su propio camino, pero te puedo decir que me siento muy orgullosa de haber contribuido a que todos mis hermanos tengan un porvenir asegurado.


MAM: ¿Cómo es el regreso al pueblo ya con estudios, ya con los hermanos recibidos? ¿Cómo empiezan a ver en Nativitas a los Marín?


JMT: Nunca nos hemos avergonzado de nuestros orígenes. Estamos muy orgullosos de nuestras raíces que seguimos conservando y que no hemos dejado.


MAM: ¿Pero la gente de allá cómo los empezó a ver después de que pensaban que iban a regresar derrotados?


JMT: Fuimos modelo. Fuimos ejemplo para muchas generaciones. A partir de entonces muchos jóvenes empezaron a salir a estudiar a la ciudad.


MAM: ¿Y ustedes les ayudaron?


JMT: Claro. Por supuesto. Y aún te puedo decir: mi pueblo Nativitas Cuautempan es semillero de grandes profesionistas, pero, sobre todo, la familia Marín nunca ha dejado de ir a su pueblo. Constantemente estamos ahí. Mis padres, cuando vivía mi mamá, cada 8 días, cada 15, iban al pueblo.


MAM: ¿Y conservan la misma casa en donde nacieron?


JMT: Sí. Allá vive una hermana. La casa que le heredaron a mi madre ahí está en el pueblo. Y ahí vamos siempre.


MAM: ¿Qué pasa, maestra, cuando su hermano Mario Marín se convierte en gobernador de Puebla? El poder es el poder. Y el poder se les sube a todos en menor o en mayor medida. La verdad, maestra, ¿no se le subió? ¿No dijo: ya pasé mis años de privación y ahora sí a disfrutar lo frívolo?


JMT: No. Para nada. Somos una familia normal como todas las familias. Como hermanos nos queremos, nos respetamos, pero definitivamente el poder es el poder, y a los Marín, en ese caso, nos da mucho gusto que Mario, mi hermano, sea gobernador. Eso nos implica a todos los hermanos una mayor responsabilidad y estar como hermanos unidos.


MAM: Pero hay una nube que rodea a los hombres de poder. A los hombres y mujeres de poder. Yy esa nube es la que a veces asfixia y a veces tapa la realidad. A veces no deja ver, ni oír lo que la gente está pensando. ¿No la atrapó una nube, maestra Julieta?


JMT: Para nada. Definitivamente no hemos perdido el piso.

 

 

 

 

 

 

 



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