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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Bailleres, el Serrano Limón de por aquí cerquita

 

 

El PRI tuvo una oportunidad histórica para ofrecerle algo diferente a los poblanos, y José Othón Bailleres de redimir su hasta hoy mediocre paso por la presidencia de la Gran Comisión del Congreso local. La despenalización del aborto fue una oportunidad única para mostrar un partido rejuvenecido en sus causas a pesar de cumplir 80 años. Pero la desperdiciaron y tiraron por la borda. En pocas palabras: le temblaron las piernitas y acabaron haciéndole el juego a Acción Nacional, enemigo histórico de la libertad para decidir de las mujeres y defensor a ultranza del concepto nuclear de la familia.

 

Sorpresas te da la vida. Siempre pensamos que solo entre los panistas podía encontrarse a un émulo de Jorge Serrano Limón, el inefable ultraderechista dirigente de la asociación antiabortista Provida. Y ahora resulta que Othón Bailleres es su émulo local, quien pegó el grito en el cielo ante la propuesta impulsada por Luis Alberto Arriaga y Rocío García Olmedo. Quizá su pequeña visión situó la lucha en el ámbito de la grilla interna del Congreso local, y quizá se imaginó que de haberla aprobado el PRI, la diputada pro monterista se hubiera llevado la medalla. Pero lo único que exhibió fue una muy estrecha altura de miras.

 

Bailleres cabildeó personalmente su negativa a despenalizar el aborto con todos los miembros de su bancada y le vendió el favor a Eduardo Rivera, a quien personalmente le ofreció su voto en contra en caso de que García Olmedo y Arriaga lograran pasar su propuesta al pleno. En Acción Nacional se lo compraron. Bailleres fue a más: llevó el mensaje del rechazo casi unánime de los priístas –que él mismo había conseguido- al secretario de Gobernación, quien cansado de las niñerías, delegó en la misma bancada la fórmula de encontrar un consenso.

 

Quizá el Jorge Serrano Limón de por aquí cerquita es muy católico y le dio miedo ser excomulgado. Quizá se vio ardiendo para siempre en los fuegos del infierno por un anatema del nuevo arzobispo Víctor Sánchez. Probablemente vio al Congreso rodeado por una turba de derechistas reclamando a los diputados locales su legislación homicida de niños inocentes en un sainete parecido que los panistas protagonizaron en la Samblea del DF cuando se votó la despenalización del aborto. Y precisamente, ahí se equivocó.

 

¿Por qué? Porque se haberse puesto a discusión la despenalización del aborto, Bailleres hubiera ayudado a los muy chiquitos candidatos tricolores a diputados federales exhibiendo al PAN como un partido dogmático, intolerante y derechoso. Y en lugar de eso, se puso de tapetito.

 

Lugar común: que Serrano Limón y Provida lo rediman.

 

 

*** Jorge Estefan y la nueva guardia. Ahora que la vieja guardia tricolor encabezada por Bartlett, Pacheco Pulido, Rodolfo Sánchez Cruz y Melquiades Morales reclaman una revisión a la definición ideológica del tricolor, sería interesante tomar el punto de vista de priista moderno como Jorge Estefan Chidiac.

 

Y es que si la vieja guardia reclama al PRI como un partido cercano a las causas populares, Jorge Estefan actúa a menudo como un diputado lejanísimo a esas causas. El ejemplo más reciente ocurrió con el debate sobre la cancelación al absurdo impuesto de la tenencia vehícular. El presidente de la Comisión encabezó la férrea negativa de una medida que muchos aplaudiríamos.

 

Sin embargo, Estefan se opuso a las causas populares de derogar un impuesto. Y eso que todavía recordamos el tema del gasolinazo. Un diputado, mejor dicho, enemigo de las causas populares.

 

¿Eso es priísta o no?

 

Según Bartlett –y coincido- eso es ser el cabús del PAN.

 

 

*** Festejo mediocre. Cuatro –que no tres- tristes mininos protagonizaron un festejo deprimente para celebrar el 80 aniversario del tricolor. Con una pantalla gigante en el patio del Comité Municipal, muy juntitos se sentaron los candidatos a diputados federales por la capital. Leobardo Soto, Paco Ramos y Blanca Jiménez, acompañados del ¿priísta-pvemista? Natale.

 

Ninguno se atrevió a dar un discurso inflamado, quizá porque no saben ni hablar. Refrescos y galletas.

 

Sillería a medio llenar. No apareció por ningún lado Alejandro Armenta o Carlos Meza Viveros, ni militantes distinguidos.

 

¿Y los aspirantes a la sucesión? Tampoco se interesaron por festejar al partido que quieren los lleve al poder.

 

Lo dicho: a los priístas les pasó de noche su 80 aniversario.

 

 

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