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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El mejor blanco para la guerra sucia

 

 

A pesar de su experiencia y efectividad a la hora de organizar campañas negras para ganar elecciones, el panismo parece mal asesorado a la hora de revivir el escándalo Cacho para poner como diana de tiro a Mario Marín. Tal escándalo, por sobado y resulto en la Suprema Corte, ha perdido caché mediático. Si en verdad los jerarcas quieren una guerra sucia con el priísmo poblano, deberían pegar en el flanco más débil de la administración marinista, el corrupto e ineficiente Javier García Ramírez, aunque quizá también deberíamos llamarlos iluso al creer que en el 2010 puede ser candidato a la alcaldía con semejante costal de cadáveres que carga. Si el PAN en verdad estuviera dispuesto a ganar la mayoría de distritos de Puebla, la diana perfecta es la Secretaría de Obras Públicas.

 

La lista de temas con la que arrastrar a García Ramírez a la guerra sucia es amplísima y podría durar los dos meses de campaña. En primera instancia habría que subrayar su fracaso a la hora de cumplir con los proyectos estratégicos del gobernador Marín. Los retrasos en la estructura física de La Célula, incluso, le valieron la censura de Gerardo Pérez Salazar, quien lo hizo culpable de que ninguna empresa nacional o trasnacional hasta el momento muestre interés por asentarse en la aduana interior. A su vez, los retrasos en el Centro Expositor, así como la pésima calidad en su construcción provocó que La Messe Frankfurt desistiera de manejarlo, y hasta el momento los empresarios italianos de Milán no han confirmado su interés por venir a operarlos. Eso, además de que al angelito se le olvidó construir un estacionamiento para una obra de gran envergadura y apenas colocó 300 cajones, proyecto insensato que fue corregido por el CDICS.

 

Las obras de mediana envergadura, como los tramos restantes del Circuito Periférico y carreteras del interior, presentan defectos de construcción a los pocos días de inauguradas, y no son pocas las demandas que han entablado constructoras de rango nacional como Coconal por incumplimiento en las condiciones de pago.

 

Pero el caso máximo de la corrupción e ineficiencia de Javier García Ramírez es la remodelación de la avenida Atlixcayotl que nos quiso empujar a los poblanos en 650 millones. Luego de que CAMBIO evidenció el robo del siglo, el titular de Obras Públicas rebajó el costo a 450. Pero para no perder su ganancia mal habida, bajó la calidad de la obra a un concreto hidráulico de pésima calidad que ya levanta sospechas por su infímo parecido a obras con concreto hidráulico de otras entidades o carreteras federales.

 

En un inicio, cuando presentó su proyecto de 650 millones de pesos, García Ramírez prometió tecnología de punta para renovar la Atlixcáyotl y que la maquinaria sería traída del norte del país. Y así ocurrió en un principio: la empresa ganadora trajo una maquina especial de Cemex, lo mejor para la recuperación de asfaltos que derivado de su procedimiento eficientaba los tiempos de ejecución de los trabajos. Dicho equipo rompía el pavimento, fundía el material recuperado a altas temperaturas y  una vez recuperado  lo instalaba de nueva cuenta. Tanto los operadores e ingenieros especialistas en el ramo supervisaban el correcto funcionamiento de la máquina de Cemex.

 

Y sin embargo, la dichosa maquinita desapareció de un día para otro. Y hoy la forma de colocar el concreto hidráulico es a la antigüita: 20 albañiles que esparcen  el contenido de la mezcladora. Casi casi revocado. ¡Válgame Dios en una obra de 450 millones tan rudimentario procedimiento! Como si se tratara de la cisterna de alguna de las casas del secretario. Se acabó la calidad, la normatividad y el  presupuesto para la obra.

 

Así que la calidad y la normatividad de la obra desaparecieron de la Atlixcáyotl, junto con la dicho maquinita. García Ramírez está terminando la obra como puede. Los operadores e ingenieros de la obra refieren nuevamente incumplimientos en los pagos, como ha ocurrido a lo largo del sexenio. Según el planteamiento original de García Ramírez, la renovada Atlixcáyotl debió entregarse a finales del año pasado. Y ya vamos para mayo, con la estación de lluvias encima, y no se ve como puedan terminar los tramos que faltan. Y más con su olla de concreto y sus albañiles.

 

La administración marinista ha fracasado en su programa de obra pública gracias a García Ramírez. Es probable que sea su flanco más débil, por la ineficiencia y la corrupción que convirtieron a la Seduop en la cueva de Alí Babá y sus 40 ladrones.

 

¿Y así quiere ser presidente municipal? Sólo en los sueños de sus corifeos que cobran sus alabanzas con contratos de obra pública.

 

 

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