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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El caso de Eufrosina Méndez Romero es paradigmático: CAMBIO alertó del contagio desde el lunes 27 de abril. El gobierno estatal se apresuró a desmentir. La enferma en cuestión sufría tuberculosis, dijeron.

 

¿Dónde quedó la exitosa política de salud?

 

Mal momento eligió el gobierno marinista para autoelogiar su política sexenal de salud, luego de que en los primeros días de la crisis por la influenza A/N1H1 no se presentaron ni enfermos ni decesos. Siempre lo afirmamos: rodeado de entidad como el Distrito Federal, Hidalgo, Guerrero y Tlaxcala, que ya desde los primeros días mostraban gran cantidad de casos, el contagio en Puebla era inminente. Cuestión de tiempo.

 

Casi dos semanas después de concluir la cuarentena nacional y la suspensión de clases, el parte oficial nos entrega 40 enfermos y 2 defunciones. ¿Dónde quedó el discurso triunfalista sobre la secretaría de Salud? ¿Ahora que hay tantos enfermos y hasta muertos debería concluirse que falló la política sexenal de salud? Hacia ese razonamiento nos llevó el autocebollazo que nos recetó el gobernador.

 

Si por política sexenal de salud debe entenderse la actuación de la dependencia estatal, claro que se puede hablar de un fracaso. La urgencia nos hizo olvidar lo obvio: la secretaría, a lo largo del sexenio, ha sido un caos administrativo. Lo mismo con Roberto Morales Flores que con Antonio Marín López en la dependencia se ha escenificado una lucha sorda por el control de la compra de medicamentos y equipo médico, al grado de que Finanzas debió centralizar las adquisiciones luego de que todos los directores administrativos que pasaron por ahí desfalcaron las arcas de la dependencia. Copadas las áreas de adquisiciones, el pleito se trasladó al control de las jurisdicciones sanitarias. Roberto Morales Flores perdió la batalla contra Ricardo Villa Issa, y éste a su vez contra Antonio Marín. Total un caos.

 

El caos, luego de que llegó Antonio Marín, se convirtió literalmente en un manicomio. Varios columnistas relataron sus excesos y desvaríos. Con la renuncia bajo el brazo y a punto de entregarla al gobernador, llegó la crisis y se quedó al frente de la dependencia para continuar sus excentricidades.

 

Los testimonios de los 40 enfermos, junto al de los deudos de las dos muertas, muestran el viacrucis que los poblanos enfrentaron en los Servicios Estatales de Salud. Un mes después del inicio de la crisis Antonio Marín y López, con toda la cachaza del mundo, reconoce que el número de muertos y enfermos es indeterminado, una vez que la falta de diagnósticos certeros provocó que todo se clasificara como “neumonías atípicas”, algo que CAMBIO había mostrado con los casos del muerto en Teziutlán y del hospital privado “Los Pilares”. Del primero sus  muestras nunca llegaron al Sector Salud. Del segundo, tampoco se mandaron a examinar. Persistirá para siempre el misterio.

 

El caso de Eufrosina Méndez Romero es paradigmático: CAMBIO alertó del contagio desde el lunes 27 de abril. El gobierno estatal se apresuró a desmentir. La enferma en cuestión sufría tuberculosis, dijeron.

 

Una semana después lo aceptaron en conferencia de prensa, derrotados por la realidad. Pero ¡oh sorpresa!, al loquito Marín se le olvidó instaurar un cerco sanitario con familiares y conocidos de la enferma. Al día de hoy, nadie fue a visitarlos, ni a practicarles exámenes o tomar muestras. Vaya, ni tomarles la temperatura o regalares un inútil cubrebocas. Siguieron con su vida normal y esparciendo el virus A/H1N1 sin que nadie asumiera responsabilidad.

 

Algo similar ocurrió con el segundo deceso, una menor de apenas 11 años en Tehuacán. Marlene García Sánchez. Desde el  2 de mayo el cuadro dio positivo al virus de influenza AH1N1, y fue internada en el Hospital General de Tehuacán. Ante la gravedad, se le trasladó al General del Sur en la capital. Todo un viacrucis  comenzó para los familiares al grado de que el papá de Marlen ni siquiera estuvo presente cuando murió su hija, pues había regresado a Tehuacán a buscarle ropa a la niña. Además del drama personal, tampoco hubo cerco sanitario por parte de Salud estatal. Nunca se examinó a los familiares, y en el sepelio tampoco hubo medidas sanitarias.

 

Llegamos al punto central: como dice el mismo Antonio Marín, el número de enfermos y muertos en Puebla es indeterminado. Cualquier caso de neumonía atípica pudo ser el virus A/H1N1, aunque nunca se sabrá. La red de hospitales públicos de la entidad fue ineficiente, y en los privados, ni siquiera se preocuparon por enviar las muestras a análisis. ¿Ese es el éxito de la política sexenal de salud?

 

 

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