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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Ni los números triunfadores eran propiedad de Armenta, y tampoco es su responsabilidad ahora que el barco va a la deriva. El escenario electoral se mueve en términos de las tendencias nacionales

 

Tirar la piedra y esconder la mano

 

 

Alejandro Armenta, conduciendo una elección federal desde el primer plano por primera vez en su carrera política, sufrió un ataque de pánico escénico: sin decir ¡agua va! arremetió contra unos invisibles traidores, quintacolumnas del PRI. Simuladores que quesque apoyan a su partido pero nada más se hacen patos. Como un papá enojado, advirtió furibundo que ajustará cuentas con ellos al terminar el proceso electoral y les aplicará los estatutos que prevén la expulsión. Pero el impulso de Armenta se terminó cuando los reporteros, después de tan incendiarias declaraciones, le pidieron nombres. Con la valentía del que tira la piedra pero esconde la mano amenazó: “Lo haremos público. Esos cuantitos saben a quién me refiero. Ellos saben a quiénes me refiero se esconden entre las líneas de la información”.

Eso sí, tuvo la prudencia de deslindar a los aspirantes a la gubernatura que en unos meses podrían volverse sus jefes: entre los “simuladores” del tricolor no se encuentran Mario Montero Serrano, Blanca Alcalá Ruiz, Javier López Zavala ni Enrique Doger”. ¡Caramba, qué bueno! Si no, imaginen el escandalazo armando por el dirigente estatal del PRI.

 

Comprensible el ataque de pánico escénico que sufre Armenta. Nervios de novato, dicen. Hasta hace unos meses el escenario electoral le pronosticaba un triunfo soñado: carro completo y dieciséis distritos electorales. Eran los días en que la tendencia nacional le daba al tricolor por lo menos 10 puntos de ventaja, y el dirigente local se subió en la ola roja. Pero conformen han transcurrido dos semanas de campaña los números en varios distritos se vienen cerrando y en algunos ya están por debajo, conforme a lo que muestra la misma tendencia nacional.

 

Las últimas encuestas, por ejemplo, señalan que ya hay empate técnico en los cuatro distritos de la capital. Que Isabel Merlo en Atlixco va en picada y que el desprestigiado Omar Coyopol le lleva seis puntos al todavía más desprestigiado Juan Pablo Jiménez Concha. Carmenchú Izaguirre se desinfla ante Pepe Bulás en Tehuacán. Y que las únicas ventajas sólidas son las de Julieta Marín, Juan Carlos Lastiri y Alberto Jiménez Merino. El resto navega entre el hundimiento y la victoria.

 

Ni los números triunfadores eran propiedad de Armenta, y tampoco es su responsabilidad ahora que el barco va a la deriva. El escenario electoral se mueve en términos de las tendencias nacionales, donde el PAN ha armando una eficiente campaña a la ofensiva mientras en PRI resiste con spots en los que pondera su responsabilidad mientras reciben un baño de descalificaciones. La estrategia de contraste, o mejor dicho de guerra sucia avanza alternativamente con el discurso mediático de apoyar al Presidente, tanto en la guerra contra el narcotráfico como en la crisis de la influenza.

 

Por el contrario, a nivel nacional el PRI se limita a reaccionar a las andanadas que les envía Acción Nacional y es la hora que todavía no atinan a devolver ninguna bola, tanto que la pasividad provocó ayer una encerrona del Estado Mayor tricolor: dirigencia nacional, coordinadores parlamentarios y gobernadores a ver si alguien tiene una idea genial que pare la carnicería de figuras del pasado –Carlos Salinas- y de figuras del presente –Peña Nieto-.

 

Con una crisis mediática encima, parece increíble que Alejandro Armenta promueva la desunión en el tricolor precisamente después que la “Operación Sucesión” cerró heridas con Enrique Doger, Jesús Morales Flores, Alberto Amador Leal y Jorge Estefan Chidiac, convirtiendo a todos los disidentes del zavalismo en operadores electorales para ayudar a los candidatos a diputados.


Ayer el periodista Rodolfo Ruiz encontró a los destinatario de la pedrada armentista: Mario Montero, Javier Sánchez Galicia e Ismael Ríos en los siguientes términos: “La percepción de Armenta y su equipo más cercano es que estos funcionarios marinistas no sólo no lo ayudan, sino que además lo boicotean para sacar adelante la campaña de los candidatos del PRI. Y éstos, por su parte, piensan que Armenta no se deja ayudar en cuestiones de imagen, comunicación política y marketing electoral, de las cuales se siente experto por un curso que tomó en Washington.


“Alejandro Armenta está convencido que la negativa de Mario Montero y sus aliados para apoyarlo, obedece a una cuestión de celos, pues si el PRI gana la totalidad o la mayoría de los 16 distritos, él se fortalecería de cara a la sucesión gubernamental del 2010, lo cual no les conviene.


“Y en función de eso, Armenta explica las supuestas traiciones y críticas a su trabajo, por parte del secretario de Gobernación, los operadores de la comunicación social del gobierno y hasta del director de la encuestadora Indicadores, Elías Aguilar García, que de distintas maneras y en diferentes tonos han cuestionado la propaganda de los candidatos del PRI, la estrategia de marketing y plan de campaña”.


Queda claro que promover la desunión al interior del marinismo, que es hacerlo al interior del PRI, en plena campaña electoral es un error de novato. Y más cuando lo que se pretende es lograr el carro completo.  Lo dicho: un acto de pánico escénico. Mejor tomarse un pasiflorin.


*** El último de la fila. Ayer por la noche Javier López Zavala consumó la suma de un activo valiosísimo a su campaña, y de los últimos que mostraban resistencia al interior del marinismo a aceptarlo como delfín sucesorio: Javier Sánchez Galicia, director de Comunicación Social del gobierno estatal.


En La Estancia Argentina departieron junto a Zavala y los ex K-Paz de la Sierra los empresarios Julián Ventosa Tanús y Pepe Hannan, testigos de honor del pacto de los Javieres. Como siempre, hubo un negrito en el arroz, el corruptisímo Javier García Ramírez quien mantiene la ilusa idea de que Zavala lo hará candidato a la alcaldía.

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