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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Puebla no tiene celebridades porque los campos político, ideológico y empresarial son fábricas de la mediocridad. Por el contrario, más bien tiende al envilecimiento: transformar a los diferentes para que todos sean iguales. Nadie tiene un sueño de grandeza

 

Héroes emergentes

 

La pasión futbolera desatada en los últimos días en el estado muestra lo necesitada que está la sociedad poblana de héroes: ejemplos inspiradores, nuevos valores, caras diferentes. El espacio público de la entidad huele a rancio y sólo es vivificado por personajes extravagantes como el técnico Sánchez Solá, un cincuentón impregnado de aire juvenil que provoca un cambio extraordinario en jugadores ordinarios. El triunfo de Chelis es al mismo tiempo la derrota de la clase política, de los líderes de opinión y de nuestra casi inexistente clase empresarial. El espacio público de la entidad está ocupado por simuladores, mentirosos, corruptos y desangelados. Los personajes no entusiasman porque sus causas no convencen. En pocas palabras: Puebla no tiene celebridades porque los campos político, ideológico y empresarial son fábricas de la mediocridad. Por el contrario, más bien tiende al envilecimiento: transformar a los diferentes para que todos sean iguales. Nadie tiene un sueño de grandeza.

 

Uno de los campos más prolíficos para producir celebridades es la actividad empresarial. ¿Cuál es el ejemplo de empresario poblano capaz de ejercer un liderazgo ideológico, de donar dinero a iniciativas ciudadanas o ecológicas, e incluso de abanderar la crítica al gobierno? Yo no encuentro a ninguno: la mayoría de los que tienen organizaciones sólidas viven pertrechados dentro de ellas. Y de los que ejercían un liderazgo ideológico fueron cooptados por el marinismo para manejar el 2 por ciento del impuesto sobre la nómina, y desde entonces vegetan. Ya ni pedir, por ejemplo, que dicten una conferencia universitaria para explicar la visión y origen de la riqueza. Quizá porque su origen es inconfesable. ¿Tiene Puebla un Juan Sánchez Navarro o un perfil –que no dinero- semejante a Carlos Slim? Por supuesto que no.

 

Vayamos al campo de la opinión pública. ¿Tiene la entidad un periodista del tipo Cristopher Hitchens, capaz de inspirar una novela de excentricidades como La Hoguera de la Vanidades? ¿Intelectuales ya no digamos Umberto Eco, sino Denisse Dresser o Jesús Silva Herzog Marquez? ¿Discursos independientes al poder y al dinero surgidos de la universidad pública o privada? ¿Académicos comprometidos o de respeto y presencia nacional? ¿Con algún libro exitoso publicado? Nada: incluso en los últimos meses los periodistas poblanos afrontan un fenómeno parecido a la mcdonalización: todos escriben columnas en el mismo diario, todos transmiten en la misma estación de AM y todos agradecen a los mismos empresarios por la oportunidad. ¿Aspiran a convertirse en celebridad si todos son iguales?

 

Las cosas se ponen todavía peores si analizamos el campo político: ¿hay vida después de Don Alberto Jiménez Morales, Melquiades Morales y Manuel Bartlett? Hablamos, por supuesto, de los padres de la actual clase en el poder, herederos de figuras mitológicas como los Ávila Camacho o Alfredo Toxqui Fernández de Lara. ¿Algunos de nuestros políticos actuales pueden aspirar a llenar sus zapatos? El único que pudo llegar a hacerlo fue Mario Marín, pero se le atravesó el escándalo Cacho. ¿Alguno de los aspirantes a la gubernatura? No parecen tener los tamaños.

 

Chelis y sus muchachos son héroes emergentes. Hambrientos de celebridades los poblanos se lanzaron en tropel a la canonización de Cherokee, Villalpando, y Acosta. Ídolos fugaces porque la llama de su ejemplo se apagará ahora que partirán a la aventura de un equipo grande. Quizá pronto regresarán por no dar la talla. Pero por unos meses escaparán de la fábrica de mediocridad a la que los mismos poblanos nos hemos condenado.

 

*** Sobre la noche triste de los Chelis Boys. “Arturo, Arturín, no más futbol que nos acabe la vida por favor.
 
“No pasa nada si un equipo gana o pierde, es solo una distracción sana para no matar al primer político que se nos presente.


“Los jugadores y el Chelís están en lo suyo, medio pendejos a veces y en otras se presentan con mayor bravura.


“Pero olvidar a la chingada directiva que los maneja, los prestanombres para ocultar a los manejadores reales del equipito que son una mierda andando.


“Pues la verdad con esta pinche administración los muchachos del balompié poblanos están haciendo lo mejor que pueden.


 “¿El árbitro ladrón? ¿A quién se le parecerá?


 “Te aconsejo una buena peda de varias horas, independientemente de lo que suceda el sábado, las penas con alcohol se olvidan por un rato.
 
“Bastante buena tu crónica y más entretenida que hablar de política, al menos este acontecimiento unió a los poblanos. Saludos mi querido Rueda”.

 

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