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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Las resistencias más importantes al delfinazgo zavalista provenían del grupo marinista, producto de la condición humana: durante años Valentín Meneses, Mario Montero y Javier García Ramírez lo vieron como al gato del grupo

 

Marín venció las resistencias del marinismo

 

Una a una caen las resistencias alrededor del Proyecto Z. No podría ser de otra manera si el propio Mario Marín es el coordinador de campaña de Javier López Zavala. Asumida la decisión in pectore, asumida también la posición de estratega para preparar un alumbramiento inminente, un parto que no será doloroso según prevé el año y señor de Puebla. La osadía de destapar a su favorito el mismo día en que realizó su cuarto informe de gobierno surtió los efectos deseados: acelerar la cargada entre los convencidos y los vividores del sistema, y derrumbar las resistencias de los enemigos y apostatas del zavalismo. El 16 de enero del 2009 y el macrofestejo cumpleañero del Salón Country Club serán recordados en la historia local como el predestape, cenit y ocaso de Mario Marín Torres.

 

El gobernador Marín siempre midió las resistencias en contra de su favorito y generó la estrategia necesaria para evitar la fractura inevitable, primero en su propio grupo y después en el resto del tricolor. El parto de Javier López Zavala necesitaba tiempo para convencer, cooptar o amendrentar, según el caso.

 

Realizar la operación cicatriz para enero de 2010 era suicida: ni Marín, a unos meses de su salida, tendría suficiente poder. Zavala, todavía no entronizado, carecía de los mecanismos para premiar la lealtad o los elementos para castigarla. El gobernador tomó la decisión inaudita: tomar el tiempo necesario, un año, de su propio sexenio. Reducir su mandado efectivo para ganar seis años más de poder e influencia paternal sobre el sucedido.

 

Las resistencias más importantes al delfinazgo zavalista provenían del grupo marinista, producto de la condición humana: durante años Valentín Meneses, Mario Montero y Javier García Ramírez lo vieron como al gato del grupo. Abrepuertas, corre ve y dile, mandadero. Mientras presumían sus relaciones desde estudiantes, Zavala fue creciendo en puestos y confianza. Su despegue se produjo cuando fue nombrado coordinador de campaña en el 2004 y luego secretario de Gobernación. Pero nadie lo tomaba en serio como el verdadero proyecto de futuro, radicado en Mario Montero. Pero la vida da vueltas y la política sorpresas:

 

Montero perdió la senaduría y López Zavala ganó el Congreso en el vital proceso local del 2007. La decisión se tomó por el hijo y no por el hermano, mucho menos por el compadre.

 

Ahí interviene la condición humana: los que tanto tiempo lo vieron por debajo, era imposible que ahora aceptaran verlo por arriba. Por eso los marinistas eran los primeros en denostarlo y rechazar la posibilidad. Uno de los objetivos de la pachanga cumpleañera del 16 de enero era detectar a todas las resistencias para proceder en consecuencia. Las principales ausencias fueron las de Mario Montero, Valentín Meneses, Guillermo Deloya Cobián y Javier Sánchez Galicia por ser compañeros de gabinete. Después del arribo del gobernador llegaron de las orejas Javier García Ramírez y Gerardo Pérez Salazar, al igual que Blanca Alcalá. Enrique Doger, Melquiades Morales y su hermano Chucho tampoco se aparecieron por ahí.

 

Desde entonces el gobernador inició una paciente labor para realizar la operación cicatriz al interior del marinismo, ofreciendo el oro y el moro en una eficaz estrategia de unidad. A Javier García Ramírez con su larga estela de corrupción le ofrecieron un dulce alucinante e ingenuo a la vez: darle la candidatura a la alcaldía para hacer pareja con el delfín en el 2010. Al compadre del alma, Valentín Meneses, le ofrecieron exactamente lo mismo a cambio de abandonar el proyecto de Montero. El compadre, en la comida ofrecida por Rodrigo López Sainz y relatada por Mario Alberto Mejía y Arturo Luna: terminó por derrumbarse y ofrecer el apoyo, aunque más tarde trató de desdecirse y quedó mal de los dos lados. Gerardo Pérez Salazar, con todos y sus odios, tuvo que llevar como invitado de honor al secretario de Desarrollo Social a la comida del día de la madre burócrata, en la que Zavala repartió regalos comprados por la Secretaría de Finanzas.

 

La última ficha en caer ocurrió la semana pasada cuando Javier Sánchez Galicia abandonó el monterismo para limar sus roces con Zavala teniendo como testigos de honor a Julián Ventosa Aguilera y Pepe Hannan.

 

Se trata de uno de los hombres cercanos al círculo del gobernador, experto en opinión pública y campañas electorales, que de plano rechazaban cualquier posibilidad de acercamiento con Zavala. En los últimos meses sus diferencias fueron creciendo, y se cuanta que varias veces el delfín pidió su cabeza bajo el argumento que de azuzaba a los medios para pegarle. El gobernador nunca la concedió por la plena confianza a su director de Comunicación Social.

 

Pues bien: cuatro meses después del polémico predestape, tan sólo quedan dos resistencias al interior del marinismo y todos los demás plegados a la decisión del gobernador. Mario Montero, aunque psicológicamente cree que sigue teniendo posibilidades en el terreno de los hechos se ha quedado sin aliados financieros y políticos. Es cuestión de tiempo para resignarse y después sumarse. En caso de no hacerlo, su mal estado de ánimo sería un peligro desde la secretaría de Gobernación. Y en el caso de Guillermo Deloya debería entender que un joven prometedor no debería cerrarse caminos políticos por una cuestión de ego. O de poblanidad.

 

Así, Mario Marín ya logró algo que Melquiades Morales nunca tuvo en su sucesión: agrupar a todo su grupo político para acatar la decisión por su favorito. Con la unidad del marinimo, vendrá la derrota de las resistencias fuera del grupo en el poder. Pero que nadie se pierda: el operador de la operación cicatriz fue el propio gobernador, y no otro. Él es el estratega y nadie más.

 

 

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