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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Fallos estructurales de los tres aspirantes

 

 

El tiempo se ha convertido en el factor clave de la sucesión en Casa Puebla, pues los cambios en la coyuntura electoral tomaron por sorpresa al Gran Elector que vio destruido su escenario de ensueño: llegar a la navidad con la certeza de que Javier López Zavala había sido ungido –formal o informalmente- como el candidato priísta a la gubernatura. Luego de un plácido Quinto Informe de Gobierno, el partido iniciaría sus trabajos para la nominación de candidatos a diputados y alcaldes con el objetivo de que en marzo el proyecto transexenal tuviera a un ejército dispuesto a enfrentar a Rafael Moreno Valle. El nuevo escenario de la sucesión recorta tiempo y aumenta la incertidumbre: el PRI inmerso en el empate técnico ahora tendrá que aguardar otro mes al levantamiento de una nueva encuesta por Demotecnia que aclare la situación entre Zavala y Doger, pero que probablemente incluirá a Blanca Alcalá, generando nuevas tensiones y demandas al gobernador Marín.

 

La nueva encuesta de María de las Heras –para la que todavía no hay acuerdo en el cónclave para definir metodología y fechas de levantamiento- probablemente sea entregada por ahí de la segunda semana de diciembre. Y cualquiera que sea el puntero, deberá iniciar un proceso de negociación entre los actores políticos supervisado por el Comité Ejecutivo Nacional de Beatriz Paredes. Pero en caso de que llegado los primeros días de enero los actores persistan en su polarización, es muy probable que antes del Quinto Informe del gobernador Marín se anuncie la apertura de una consulta a las bases que consumiría al PRI por lo menos a principios de marzo. En cuestión de días, además, debería resolverse las 217 candidaturas a alcaldes, las 26 diputaciones locales y la lista plurinominal. Sobre reloj, además, debería darse la operación cicatriz entre los grupos regionales para evitar una desbanda que engorde la caballería de Rafael Moreno Valle.

 

El tiempo para llegar a acuerdos se agota, mientras la polarización entre Javier López Zavala y Enrique Doger crece. Y por si fuera poco, el priísmo todavía observa expectante a una Blanca Alcalá que deshoja la margarita sobre su participación en el proceso interno. Los tres, además, pierden tiempo para enfrentar defectos estructurales de su posible candidatura que directamente incidirán sobre su posicionamiento. Más para mal que para bien, dichos defectos estructurales debieran ser medidos en la próxima encuesta de María de las Heras.

 

Veamos los problemas estructurales de Blanca Alcalá. Aunque la alcaldesa goza hoy de un gran posicionamiento, su posible salida del Ayuntamiento sería traumática y hasta hoy nadie ha medido cuántos puntos de intención al voto le costaría. ¿Por qué traumática? Hay varias razones: la principal es el costo mediático de abandonar la alcaldía sin siquiera rendir su II informe de gobierno, luego de que su principal proyecto de obra pública –el Viaducto Elevado- se derrumbó sin empezar a construirse. Y además, sobre ella gravita la promesa ante notario público de gobernar los tres años de su periodo. En caso de ser designada abanderada a la gubernatura, Rafael Moreno Valle podrá explotar el tema como razón de voto: Alcalá incumple sus promesas a los ciudadanos.

 

Y por si fuera poco, habría que agregar que a la alcaldesa el Congreso del Estado no le ha aprobado ni siquiera su primera cuenta pública, y al momento de designarla, el PAN utilizaría el análisis de la cuenta correspondiente al 2009 como un arma electoral. Escenario complicadísimo.

 

Veamos ahora los defectos estructurales de una posible candidatura de Enrique Doger. Liberado de sus fantasmas luego de que sus tres cuentas públicas ya fueron aprobadas –apenas resta la bicoca de 45 días-, el ex alcalde encuentra un rechazo manifiesto del grupo en el poder. No se trata sólo de un pleito directo con el gobernador, sino los agravios generados en cinco años de enfrentamiento con lo que algún día se denominó la burbuja marinista, hoy hecha pedazos. La clase político del marinismo odia a Doger, pero también la minoría rapaz que generó en cinco años. Y el enfrentamiento bajó a las estructuras regionales educadas también para rechazarlo. Algunos reportes señalan que incluso en su fin de semana de victoria el ex alcalde no pudo armar concentraciones en Huaquechula y Tepeaca, y salió huyendo rápidamente con pretexto de reuniones “urgentes” en la capital.

 

En el hipotético caso de que el Doger fuera ungido candidato, vía dedazo o victoria en la consulta abierta, ¿cuánto tiempo tardaría en acomodarse entre el priísmo duro que hoy adora a Marín y su hijo Zavala? Aunque la minoría rapaz es acomodaticia e inmediatamente se pondrían a sus órdenes gracias al fenómeno mitológico de la cargada, en muchos municipios seguiría siendo rechazado, pues lo crea o no, sin duda muchos seguirían pidieron a Javier López Zavala como candidato.

 

Y llegamos al punto central: ¿cómo digeriría Zavala su derrota después de sentirse candidato por muchos meses? Hasta ahora las hipótesis en las columnas refieren la posible traición de Doger y su apoyo a Moreno Valle. Pero los mismos análisis han pasado por alto que Zavala también es gran amigo del senador panista. ¿A poco el secretario de Desarrollo Social no haría su pataleo y llevaría parte de su capital político con tal de hacer perder a su aborrecido Doger? ¿Cuál sería su reacción al sentirse traicionado por el gobernador? No quiero imaginarla.

 

Así que el orden de los factores no altera el producto. Si Zavala es candidato, Doger reventará. Pero es igual a la inversa: si Doger es el abanderado, el delfín amenazará con irse a apoyar a su amigo Moreno Valle.

 

Lo dicho: el tiempo es poco y casi imposible encontrar la cuadratura al círculo. Mañana seguimos con los defectos estructurales de la candidatura zavalista.

 

 

 

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