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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El gobernador más rico de la historia

 

 

Seguro que Manuel Bartlett se muere de la envidia al saber que su ex pupilo ejercerá el próximo año 49 mil millones de pesos, el mayor presupuesto en la historia de Puebla. Se trata de un gasto programado, pero que  gracias a recursos federales extraordinarios fácilmente cruzará la frontera de los 50 mil millones. Lo que en sí es una buena noticia, en realidad podría ser pésima por dos razones. Una, el régimen vivirá una bonanza inédita en el último año del sexenio, lo que equivale a decir que los funcionarios tendrán un magnífico año de hidalgo. Por ejemplo, si Javier García Ramírez robó de lo lindo en tiempos de crisis, el último año terminará de forrarse. Y punto dos, el presupuesto extraordinario que ya incluye los 2 mil 500 millones de deuda, sin duda será la palanca fundamental del PRI para retener la gubernatura. El aceite que engrasará la maquinaria tricolor para derrotar a Rafael Moreno Valle.

 

Digo que Bartlett moriría de envidia por que las diferencias presupuestales que en tan sólo 12 años se dispararon: en su último año, el ex gobernador apenas ejerció 18 mil millones de pesos suficientes para terminar el Periférico Ecológico, el Centro de Convenciones y el ambicioso programa de Angelópolis. Melquiades Morales, por su parte, ejerció 29 mil millones de pesos en su último año, hoyo financiero incluido. Con esos recursos, el oriundo de Serdán terminó tres autopistas: Teziutlán, la Tlaxco-Tejocotal y a Cuatla, además del Auditorio Siglo XXI.

 

Sin duda, al gobernador Marín le tocó disfrutar los años de la bonanza petrolera. En sus seis años de mandato el crecimiento neto alcanzará el 70 por ciento. Su primer presupuesto llegó a los 30 mil millones y cerrará su administración en poco más de 50 mil. Lo decimos en pocas palabras: Mario Marín es el mandatario más rico en la historia de Puebla, para envidia de los ex que hubieran querido gozar las mieles de la ausencia de un presidente priísta que provocó dos mandatarios panistas complacientes con las demandas de los gobernadores voraces del tricolor.

 

Quizá son los tiempos del nuevo federalismo perverso. Los estados tienen mayores recursos pero menos responsabilidades de transparencia. Y tampoco tiene contrapesos. Alguno por ahí los llamó señores feudales, pero se equivocan, pues la Audiencia era el check and balance. Simple y llanamente son señores feudales.

 

Por cierto: ¿en qué ocupará el marinismo el mayor presupuesto de la historia? ¿Solamente para terminar el Centro Expositor?

 

 

*** El costo de la ignorancia. Dicen que la educación es cara, pero la ignorancia es mucho más cara. El periodista Rodolfo Ruiz, reconvertido en brujo, pretende mañosamente colocar a CAMBIO en la incómoda situación de omitir información relevante en las encuestas de Más Data y el Gabinete de Comunicación Estratégica con el objetivo de alimentar la teoría del empate técnico. Como prueba exhibe dos láminas referentes a la mención espontánea en dichos estudios, donde Javier López Zavala se coloca la cabeza. Por inferencia, supone que como ambos datos eran favorables al delfín marinista se tomó la decisión de ocultarlos, siempre en la idea de vender un empate técnico inexistente (que por cierto, ahora reconoce también Francisco Abundis, director de Parametría) entre Enrique Doger y Zavala.

 

Procedamos a explicar conceptos de metodología básica de encuestas que el aspirante a politólogo debería conocer. O que por lo menos podría consultar con amigos comunes dedicados a la demoscopía (como Rigoberto Benítez). El rubro de mención espontánea, en la jerga de los encuestólogos es una pregunta de control. Es decir, busca medir penetración de un nombre o concepto, pero en ningún caso su objetivo es la contrastación entre dos o más opciones. No es lo mismo preguntar “¿Quién le gustaría que fuera gobernador?” a “¿Entre X y Z, a quién votaría para ser el próximo gobernador?”. Parece demasiado básico, incluso para ignorantes, que la democracia representativa se funda en la selección de opciones (candidatos), y no en concurso de conocimiento o popularidad.

 

Resumiendo: ninguna casa encuestadora seria toma como base de la medición la mención espontánea. Ni siquiera una encuestadora patito como Consultoría Contracorriente. Así que al avezado y perspicaz Arturo Rueda no se le pasó el dato: fue una decisión metodológica omitirlo, siguiendo los estándares mundiales en publicación de encuestas.

 

Voy al caso específico del GCE: la lámina “incriminatoria” que Ruiz publica mañosamente (el estudio, por cierto, ya es público en el sitio de la consultora) tiene una debilidad metodológica mayor, por lo que fue recomendación de la propia firma no publicarlo: casi un 70 por ciento de los encuestados no contestó o no tenía opinión a la pregunta “¿Quién le gustaría que fuera el próximo gobernador de Puebla?”. Es decir, si la muestra fue de 600 cuestionarios telefónicos, 420 no respondieron y si lo hicieron 180. ¿Qué solidez metodológica pueden tener 180 respuestas para ilustrar un panorama global? Ninguna. Por ello, CAMBIO afirmó que la primera encuesta del GCE tenía como objetivo concentrarse en conocimiento y atributos de los aspirantes, no en intención de voto. Este último dato esperamos a la encuesta espejo a María de las Heras para conocerlo.

 

Si al brujo Ruiz la respuesta no le convence, sugiero platique con Federico Berrueto, director operativo del GCE para una explicación detallada, gratis, por cuenta de la casa.

 

Respecto de Más Data, el propio José Zenteno ofrece una explicación en una carta aclaratoria que el propio Rodolfo Ruiz no quiso publicar en e-consulta, violando flagrantemente el derecho de réplica. Tal carta puede leerse al final de la columna y su explicación es lo suficiente convincente para agregar algo más.

 

Los libros no muerden Ruiz: estudia un poco, consulta a encuestadores serios. Y espero tu respuesta.

 

 

 

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