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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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Doger abrió el ostión marinista

 

 

No queda más remedio que reconocerlo: luego de que María de las Heras confirmara el empate técnico entre Enrique Doger y Javier López Zavala, José Zenteno y Más Data se cubrieron de gloria por anticipar una tendencia inimaginable. Y luego de él, Rodolfo Rivera Pacheco y su BEAP confirmando un prestigio ganado por su certeza a lo largo de muchos años. Los números no mienten: a pesar del inmenso aparato que acompaña al delfín y los recursos multimillonarios utilizados en la construcción de su candidatura, Zavala no pudo superar a un Doger repudiado por el marinismo y que hasta hace unas semanas estaba más solo que una higuera en un campo de golf. No sabemos qué ocurrirá en las semanas por venir, pero el ex alcalde ya tuvo un gran logro: abrió el ostión autoritario del marinismo a punta de empujones.

 

Es cierto de que acuerdo con los resultado presentados por Demotecnia, Zavala aventaja entre los priístas duros y los priístas cambiantes. La cuantificación establece que la diferencia es de 120 mil votos a favor del delfín, pues recibiría 355 mil votos contra 244 mil del ex alcalde. La primera conclusión es que de darse una consulta a la base, según los números de ayer, el secretario de Desarrollo Social ganaría sin contundencia.

 

Pero aquí hay una acotación: no es lo mismo ser el mejor candidato entre los priístas a ser el mejor candidato del PRI en la elección constitucional. La premisa parece básica pero aún así merece explicarse pues sin duda los medios de comunicación parciales buscarán tergiversar los resultados. De nada sirve que para el 2010 sea postulado el mejor entre los priístas, pues de lo que se trata es que sea el mejor al electorado abierto. Los matemáticas son simples: 3 millones 800 mil electores poblanos pesan más que los 550 mil priístas. Sin el voto duro de un partido no se gana, pero únicamente con el voto duro tampoco. Lo importante para un candidato es ir por los denominados votantes cambiantes o indecisos.

 

La medición, sin embargo, no deja de ser sospechosa pues la explicación que De las Heras dio para justificar la tardanza en los resultados. Prácticamente confirmó las suspicacias de un doble muestreo para arreglar números. Según la directora de Demotecnia el primer levantamiento de la muestra se suspendió por el conflicto del Sindicato Mexicano de Electricistas. Y después se reanudó del 16 al 18 de octubre. Muy raro.

 

Más data y Beap ganaron la guerra de las encuestas a Consulta Mitofsky. ¿Y ahora qué sigue? Queda claro que los periodistas piensan como periodistas, y los políticos como políticos. La mayoría de los analistas calculábamos que el edificio del PRI explotaría luego de los resultados. Pero resulta que no. Que Doger se fue a analizar números con su equipo, y Zavala a hacer lo mismo con sus aliados. Porque la guerra apenas empieza.

 

La incorporación de Blanca Alcalá al próximo sondeo es segura. Antes repudiada, al gobernador ahora le urge reincorporarla a la lucha sucesoria para bajar el posicionamiento de Doger, beneficiario de su exclusión. En los cálculos del grupo en el poder la alcaldesa saldrá más barata a la hora de negociar.

 

Pero reincorporando a Alcalá, el PRI no se parte en dos, sino en tres. Todo podría terminar en una consulta a la base, pero el método no convence a Beatriz Paredes ni a ninguno de los pesos pesados del tricolor. Desde que la tlaxcalteca asumió la dirigencia nacional solamente en Sonora se abrió un proceso interno. Y el PRI perdió. En todos los demás casos, incluido el complejo Nuevo León, se privilegió la negociación y al grupo perdedor se le entregó como premio de consolación la alcaldía.

 

Si en Puebla se siguiera el mismo método, un nuevo drama se abriría en la historia de la sucesión marinista. ¿Qué hará el gobernador con sus catorce empleados a los que puso a pelear como perros por ese hueso?

 

El tiempo se agotó: la colisión parece inevitable. Mientras tanto, Moreno Valle ríe a tambor batiente.

 

 

 

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